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septiembre 2023

 “La palabra libertad está condenada a justificar coartadas reaccionarias”, afirma Germán García en Silvina Bullrich: Las opiniones de una clase (1970), texto que publicamos en esta oportunidad. Aparecido en Los Libros Nº 11 el artículo es un análisis crítico sobre las mistificaciones ideológicas (de clase) de la novelista Silvina Bullrich entre las que se encuentran sus posiciones en relación al psicoanálisis.

La libertad para la ideología de Bullrich según García es una coartada para “ocultar cualquier tipo de sobredeterminación y poder introducir a su socia, la responsabilidad. Quien es libre es responsable. Por lo tanto: cada uno se buscó el lugar que ocupa”. El desprecio y negación a Freud por parte de Bullrich obedece a la negación de las sobredeterminaciones, así “cada uno en su almita es libre de ser reprimido, torturado, embrutecido”.  García propone leer así a Bullrich: como un solo sintagma cristalizado y sobredeterminado por un discurso de clase.

La colección completa de Los Libros puede encontrarse digitalizada en su totalidad en los sitios ahira.com.ar y americalee.cedinci.org.

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Silvina Bullrich :  Las opiniones de una clase (1970)

- Silvina Bullrich. Tres Novelas. Sudamericana, 300 págs. Carta abierta a los hijos. Emecé, 112 págs. George Sand. Emecé 176 págs, La aventura interior. Merlín, 198 págs. El calor human.  Merlín, 95 págs. La creciente. Sudamericana, 324 págs. Mañana digo basta. Sudamericana, 247 págs.

"Fui fiel a mis padres, a mi  casa, a mis muebles, a Lucho, a la tapicería que era de mi abuelo, a la esmeralda de mi abuela, a la galería de la estancia, a estos muebles elegidos por mí, a toda una vida que aún no me pertenecía totalmente, de la cual yo era apenas una pieza que completaba oscuramente el engranaje". El posesivo (mi) organiza la constelación ideológica de una clase que, poco a poco, ha ido perdiendo la capacidad de pensar para terminar en el mundo de la opinión: "Acepto sugerencias para la segunda edición". Y es necesario recordar la definición que da Bachelard de la opinión: "La opinión piensa mal; no piensa; traduce necesidades en conocimientos. Al designar a los objetos por su utilidad, ella se prohíbe el conocerlos".


Los libros de Silvina Bullrich constituyen los distintos momentos de esta traducción ("Las personas dignas adoptan posiciones dignas cuando las desorienta el dolor"), son las figuras retóricas utilizadas para metaforizar la necesidad de una clase social que se resiste a ser desalojada de la escena: "A decir verdad -escribe- Freud y sus descendientes nos han hecho mal a todos; quien más quien menos hurga en su
interior para saber si alimenta un complejo de Edípo, de Electra....". Esta manera generalizada de opinar le impide a S. B. saber que Freud no creyó nunca en un complejo mátrico al de Edipo que se llamase de Electra. ¿Y qué opone a Freud? : "La piel tiene sus propias leyes de atracción que no siempre se ajustan a los ejemplos mitológicos".

Otro desconocimiento: el ejemplo mitológico (Edipo) ilustra la estructura del Edipo, pero no la funda. Lo contrario es suponer que Sófocles descubrió el psicoanálisis o, lo
que es lo mismo, que todo se sabía ya en los Orígenes y que sólo retrocediendo se puede descubrir algo. Pero aún veamos la oposición Freud/Leyes-de-la-piel, lo que traducido es la mítica oposición entre la carne y el saber. Y esta oposición nos lleva a una etapa prefreudiana donde saber era el equivalente a reprimir el inconsciente que, justamente,
Freud supo saber.

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S. B., por su parte, opina que  "Flaubert y Proust marcan dos épocas trascendentales para la historia de la literatura: de ellos desciende Freud". Esta descendencia es milagrosa o bien es imposible. Proust publica su primer libro, Los placeres y los Días, en 1896. Freud (el descendiente) publica un año antes -en 1895- Obsesiones y fobias; Estudios sobre la Histeria y El análisis del sueño de la Inyección de Irma. Y en cuanto a Flaubert, si bien es cronológicamente anterior, resulta bastante imposible ver, como lo hace S. B., "casi todo lo que el psicoanálisis ha creído descubrir más tarde...".

¿Por qué esta negación infundada de Freud? ... "la experiencia enseña que no hay precio bastante alto para pagar la libertad, el renovado libre albedrío, la certeza de ser capaz de afrontar solo el mundo. . .".- La palabra libertad está condenada a justificar coartadas reaccionarias, de ahí la molestia frente a Freud: "Los hijos de las víctimas de los linchamientos o de los campos crematorios  gritan: icomplejo!, como de niños gritábamos ipiedra libre! , y ya la sociedad no tiene derecho a tocarlos". La coartada de la libertad quiere ocultar cualquier tipo de sobredeterminación para poder introducir a su socia, la responsabilidad. Quien es libre es responsable. Por lo tanto: cada uno se buscó -el lugar que ocupa. Y lo que sigue: la sociedad reprime, embrutece, tortura; y cada uno en su almita es libre de ser reprimido, torturado, embrutecido. La lectura de Freud y Marx (que definía a la conciencia como Una nebulosa) evita este humor negro al que el superyó es tan adicto.

Las opiniones, después de tratar  de envolver a Freud, se encuentran con jóvenes imaginarios y S. B. escribe "... les ha tocado crecer en el momento en que sus padres estaban  jugando sus vidas para llegar a la Luna, para conquistar el espacio, en que detuvieron la mortalidad infantil descubriendo los antibióticos, en que llegarán a viejos con un corazón ajeno, un riñón ajeno, una retina ajena, un pulmón ajeno..." . Después de superar el efecto de este despedazamiento del cuerpo marcado por la palabra "ajeno", es necesario ver esta fantasía mixta de expansión y reparación. ¿Qué se quiere reparar con esos pulmones, riñones, corazones, etc.? ¿Oué significa el delirio expansionista de la conquista" de la Luna? Para S. B. se trata de un esfuerzo homólogo al que, en nuestro país, hicieron los de su generación cuando "conseguimos que todos los editores fundaran un premio para autores inéditos; nos extenuamos leyendo manuscritos en su mayoría mediocres. .." (En su mayoría mediocres ... la maldad de  los buenos no tiene límites). Los yanquis en la Luna por nosotros -los jóvenes-. una generación extenuada por nosotros -los jóvenes. ¿No veis los resultados?

En verdad es más fácil entender  que la generación de S. B. se extenuó en esos manuscritos mediocres por el placer -quizá narcisista- de poder juzgar y gratificarse con los efectos de esas bondades y que, por su parte, los yanquis fueron a la Luna comprometidos en una política competitiva por el dominio del espacio e impulsados por los mecanismos inertes de una estructura técnico-agresiva que ya no pueden detener.

El evangelio según Silvina Bullrich.

Veamos de qué manera este pensamiento  analógico estructura los tópicos "filosóficos" que serán el armazón de opiniones supuestamente racionales con las que se justifican las metáforas de sus síntomas: 

1) Mi clase es el Ser: "En realidad podríamos decir que el objeto es la masa y todo lo demás animado o inanimado que puebla el universo. El sujeto es el individuo. Sujeto soy yo".

2) La gloria vuelve sagrada mi ignorancia:  "Hay quienes comprenden muy bien el mundo y todo cuanto en él ocurre; yo no comprendo absolutamente nada, y por eso esta repetida y monótona historia del desencuentro sentimental me parece el precio más caro que puede pagarse por la gloria, y sin embargo parece ser el único precio que la gloria acepta y exige de las mujeres".

3) La cultura es mi capital: "La vocación  es lo único que podemos asir fuertemente entre las manos. No hay catástrofes ni caídas de Bolsa que nos la arrebaten. Es nuestra como nuestro espíritu. El que cree en su misión y la cumple es el verdadero millonario. .." .

4) El dinero es un premio moral: Aristóteles Onassis "este gran armador argentino-griego tiene el mérito poco común de haber hecho ese imperio de riquezas con su propio esfuerzo".

5) La escritura me convierte en Dios: "¿Pero qué quedará de él (Onassis) de aquí a cien años? En cambio, si hubiera sido Edgard Poe, Baudelaire, lord Byron, Ceivantes, habría vencido la trágica condición humana, la de esfumarse con la muerte".

6) La ideología del sistema es Razón Universal: "Vaya uno a explicarle a un obrero que sin patrones no puede haber fábricas jornales, ni sueldos, ni tampoco la posibilidad de llegar a ser patrón. El idioma de la razón no concuerda con el idioma de la liberación y de la venganza"

7) La familia es como el Estado: "Para un hippie, tenga o no el pelo largo, viva en su casa o en la calle, no hay nada tan aborrecible como la autoridad. Para empezar, quiere abolir la del padre; luego se ocupará de los gobernantes".

8) El Estado es como la familia: "No olvidemos que para un hijo el padre es el gobernante; después la imagen se da vuelta y el gobernante es el padre"  

9) Mi clase es el Mundo: "El mundo  ha cambiado, la mujer en vez de ser una flor de invernáculo rodeada de encajes y servidumbre ... " (La servidumbre femenina no es "mujer" ni pertenece al "mundo": de lo contrario hubiese estado rodeada de encajes y otra servidumbre ... así hasta el infinito).

1O) MI clase es el Bien: " ... nuestra  clase (llamada luego "oligarquía") trabajadora, estudiosa, culta, no tan privilegiada como se cree (ni tan "culta", quizá) pero que gozaba no obstante de muchos privilegios, de los cuales los más importantes eran la perseverancia en el estudio, la vocación, la carrera y la inteligencia constructiva".

11) La genitalidad es una propiedad  privada: ". . . creo que de la vida íntima de la pareja sólo le. corresponde hablar a ella, o callar y -como todas las generaciones que se suceden sobre el planeta- llevarse a la tumba el secreto de la epopeya de sus sentidos, de sus secretas exaltaciones". Lo que no vale para las hippies "amargas, desafiantes, abrazadas a un joven asexuado como si quisieran reemplazar con esas exteriorizaciones públicas sus dificultosos acercamientos privados". (¿Por qué es un secreto hasta la tumba para unos y aquí con sólo verlos se sabe que esas "epopeyas" son "dificultosas"? Ocurre, sencillamente, la proyección: con sólo verlos sé que mis secretas exaltaciones son para ellos dificultosos acercamientos. De la misma manera que, en otra parte, se usa la negación: S. B. charla con supuestos hippies de King Road y Haight Street y en ningún momento se nombra la guerra de Vietnam, la droga, la música, los conflictos raciales. Esos hippies sólo murmuran algunas estupideces sobre la injusticia paterna permitiendo, de esta manera, que S. B. opine con agudeza "mortifican a sus padres y asolan un barrio entero con su indeseable presencia". "Un hombre de cierta. edad, calvo y feo, pasó a nuestro lado abrazado a un muchacho rubio, de pelo largo y ojos hundidos". Todo hace suponer que ese rubio de pelo largo y ojos hundidos ha pervertido al calvo feo). EI realismo según personajes, la descripción de los ambientes, la descripción de las pasiones". ¿y ahora qué? Hoy el novelista admite en nombre del realismo, la represión para modelar la maldad recientemente descubierta (¿y Sade?): "el novelista actual sabe que el niño es egoísta, quiere a quien lo alimenta como todos los débiles y dirige su honda mortífera contra los nidos de los pájaros. No cambiaría al crecer si las reglas de la sociedad no lo obligaran a ello".

¿Qué quiere decir esto? Que "Hoy el novelista admite la incongruencia de las reacciones humanas, los malos instintos, la crueldad, el odio, la envidia ( ... ) sabe que es más difícil encontrar a un Albert Schweitzer, que a una mucama ladrona, a un criminal. .. ".

Pero, en tanto poseedor, el novelista opina y niega lo que no le gusta: "No parece que Sartre haya tenido un gran acierto al querer ensalzar la ignominia de un contemporáneo, al ofrecer a la desconfianza del burgués, que cree vagamente vicioso o delincuente a los escritores en general, la imagen nítida del más delincuente y vicioso de los escritores universales". Se trata de Genet, calificado por Bullrich como osado, irrespetuoso, iconoclasta, homosexual, ladrón, extravagante, exhibicionista, desigual, vicioso.

Excluidos los ataques a la propiedad  privada: fuera las mucamas ladronas y el ladrón Genet: dejando de lado el problema de las perversiones: fuera los iconoclastas, viciosos, etc ¿dónde puede el escritor cumplir lo que sigue? "El novelista hunde cada vez un poco más hondo su escalpelo en los más recónditos, más inexpresables pensamientos, en los sentimientos más inadmisibles, en las reacciones más deplorables". Pero, cuidado: "Se trata de estructurar un plan, de dibujar personajes reconocibles sin necesidad de ponerlos con su nombre y apellido o grado militar. Se trata de hacer literatura" (Atlántida, agosto de 1970). Pensar que la literatura se hace así es una coartada política: "Veintisiete fusilados es terrible en un país como el nuestro, pero no parecen tanto si leemos las noticias que nos llegan de España en que al parecer (¿será verdad?) Perón declara que no sólo lamenta no haber matado a medio millón de argentinos sino que ahora mataría a un millón".

Como está claro las declaraciones  "verbales" de Perón son equivalentes a los muertos "reales": la poiítica es literatura (las declaraciones de Perón adquieren la fuerza de realidad que sólo los novelistas, según Bullrich, pueden lograr) y la literatura es política: "Admito que la venganza sea el placer de los dioses; pero supongo que el perdón es el placer de Dios". Y "el novelista es como un Dios". S. B. es Dios, y perdona: "es lamentable que entre nosotros el perdón sea una palabra ignorada".

¿Y el escalpelo? Se trata de una  parada frente a una época que la burguesía sabe o cree despiadada pero que en tanto, al menos en nuestro país, no la sufre frontalmente no se sabe muy bien qué es lo que está en juego. Quedaría muy mal no tener un escalpelo que hundir en alguna cosa oculta para cuya extracción, según el mito, el escritor está capacitado.

Pasemos a los productos de estas  opiniones ¿qué pasa con el lenguaje? Nada.

El lenguaje es para S. B., como  para tantos de sus colegas, una mediación muerta que obedece a la omnipotencia de quien lo maneje. O sea, el escritor "para quien cada palabra es como un trozo de arcilla o de mármol en manos de un escultor". La analogía es reveladora: un pensamiento arcaico, incapaz de pensar abstractamente exterioriza en ella una ideología igualmente arcaica. Cada palabra es "arcilla". toda la novela es una Estatua. Y esa estatua no es la imagen fantástica del escritor en tanto Dios: porque el novelista "es como un Dios que lee los pensamientos -le dice a S. B. el mediocre Mauriac- y penetra hasta el fondo de sus almas", frente a esto S. B. cuenta: "Sentí la exactitud de la definición y quedé unos instantes silenciosa".

Si la palabra es "arcilla", su materialidad es insignificante hasta que es trabajada por el novelista-Dios que otorga la significación, a la vez que usa de este sentido para construir su estatua. Y puesta la arcilla en sus manos ya cambia porque el novelista las engarza "como joyas valiosas'' (vuelta al tener . .. joyas) y de esta manera "Leopoldo Marechal no ha muerto -escribe, justamente porque L. M. murió-, es inmortal".

La Estatua novela, a su vez, "representa"  el Drama de la Humanidad que ha encontrado, de esta manera, entre el vacío de sus palabras a este Cristo que las preña de sentído y de vida porque los personajes -escribe Bullrich- "van naciendo en forma imprevista como los hijos de la carne". Los hijos-personajes sirven, también, para construir la Estatua en la que Dios-novelista ve su rostro y el de ellos, creados a imagen y semejanza. La novela sería entonces el espacio mítico a la vez que terapéutico, creado¬∑ para una cultura mecánica donde los mitos sociales han sido degradados al rango de neurosis personales en las que --los elegidos para opinar- reencuentran la relación entre la verdad de sus síntomas y la ideología de la clase social que los posee.

Complicidades

Para lograr este pasaje, justamente,  se confunde a la cultura con la educación. Es necesario fundar una actividad crítica que desmonte el "aparatito" de estas mistificaciones. Hace algunos años se decía en la "izquierda" que la "derecha" escribía bien. ¿Por qué? Si el lenguaje es arcilla, si es un instrumento, la ecuación es rápida y torpe: la derecha estudiaba más, tenía más "cultura". por lo tanto escribía mejor. ¿Con qué paradigma? La sintaxis y  el vocabulario de los diccionarios de los sinónimos y antónimos (escribir bien era escribir según un patrón escolar que la derecha y la "izquierda" suponían eficaz por naturaleza).

Sólo los "temas" diferenciaban a un arte revolucionario de otro que no lo era. El lenguaje era un tesoro social que la clase poseedora tenía junto con lo demás, tesoro que el "progresista" sumiso trataba de pescar en el aire o en los libros. Trataba de hablarle a ellos en el lenguaje de ellos. Pero la clase poseedora se siente dueña de todo el lenguaje y -del francés al lunfardo- siempre usó lo que le parecía más eficaz. Una complicidad expresada en una ideología lingüística unía en este campo a todos en la reverencia tributada a los diccionarios y a los modelos importados.

La confusión entre cultura y pedagogía piensa que ser culto es la más verosímil y grata aspiración de "todo el mundo": más allá del bien y del mal, ajena a la lucha de clases Y a todas las luchas, el espíritu de la letra impone sus reglas. Silvina Bullrich,, par su parte, supone que este Espíritu habla en ella incitándola a construir la estatua de su eternidad Y la de su clase: si el hombre quiere ser Dios, la cultura tiene que ser su biografía. Leopoldo Marechal tenía -según S. B.- "éxitos cotidianos y gloria para la eternidad". Dar mensajes, ser el escribiente de Dios o del Diablo es gozar de la eternidad, de estos personajes aunque el vacío de la Institución Cultural muestre absolutamente lo contrario.(1)

Germán Leopoldo García 

(1) Aquí sólo he querido referirme, descriptivamente a ciertas constantes de una ideología, Fuera de ésto, sería necesario un análisis de los textos que muestre sus articulaciones internas, así como la relación de uno con otro. Pero a la vez la cristalizaci6n estilística de los libros de Silvina Bullrich nos plantea una pregunta ¿no sería necesario pensar "su obra" como un solo sintagma cristalizado dependiente de un discurso sobredeterminante, esto es, la ideología de su clase? ¿No es su problemática un lugar-común en el que, con insistencia repetitiva su ideología habla?

Fuente: (septiembre 1970). Silvina Bullrich: las opiniones de una clase (sobre Carta abierta a los hijos, George Sand, La aventura interior, El calor humano, La creciente, Mañana digo basta de Silvina Bullrich). En Los Libros N°11 (pp. 9-10), Buenos Aires. Recuperado de https://www.ahira.com.ar/ejemplares/11-8/

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