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Noviembre de 2021
 
Esta vez desde René les traemos el texto "Mijail Bajtin: diálogo y dialogismo" de Paul de Man, donde se reflexiona sobre el lugar que ocupa Mijail Bajtín en la teoría literaria. Allí Paul de Man afirma:

“La teoría literaria, y en especial la teoría de la narrativa, un territorio de esfuerzos estériles constantemente amenazados por el tedio de sus técnicas y por la magnitud de sus debates, ofrecen un suelo inhóspito para los héroes y para el culto del héroe que con desesperación anhela.”


Y continúa: “Entonces, se saluda con alegría la aparición de un posible candidato para tal status, sobre todo si se trata de un personaje póstumo. Estas “recepciones” tardías, por su rareza, provocan una gran excitación en el campo de la teoría literaria. Un ejemplo de esta práctica lo constituye, desde luego Mijail Bajtin, quien fuera proclamado, por sus altamente calificados y avezados introductores “le plus important penseur soviétique dans le domaine des sciences humaines et le plus grand théoricien de la literatura au vintième siecle” (el pensador soviético más importante en el campo de las ciencias humanas y el más grande en el siglo veinte (Todorov) y “uno de los principales pensadores del siglo veinte” (Michael Holquist).”

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"Mijail Bajtin: diálogo y dialogismo" por Paul de Man

Las cuestiones que hacen al tópico general de este debate (1), la relación entre ficción y realidad en la novela, se repiten invariablemente para organizar las teorías contemporáneas sobre la narración así como la relación entre el lenguaje narrativo, discursivo y poético. Es mucho lo que está en juego, estilística, filosófica e históricamente, en estas discusiones cuya importancia, en el campo de la teoría y en la esfera práctica de la ética y la política, es sólo superada por su dificultad. Mayor es el riesgo, más riguroso es el juego. Tales situaciones conducentes a la obsesión y a la fatiga despiertan la admiración legítima por aquellos que de alguna manera lograron sobrellevar la ordalía de estas dificultades y nos legaron parte de la pericia y las estrategias obtenidas en el curso de esa experiencia. La teoría literaria, y en especial la teoría de la narrativa, un territorio de esfuerzos estériles constantemente amenazados por el tedio de sus técnicas y por la magnitud de sus debates, ofrecen un suelo inhóspito para los héroes y para el culto del héroe que con desesperación anhela. Entonces se saluda con alegría la aparición de un posible candidato para tal status, sobre todo si se trata de un personaje póstumo. Estas “recepciones” tardías, por su rareza, provocan una gran excitación en el campo de la teoría literaria. Un ejemplo de esta práctica lo constituye, desde luego Mijail Bajtin, quien fuera proclamado, por sus altamente calificados y avezados introductores “le plus important penseur soviétique dans le domaine des sciences humaines et le plus grand théoricien de la literatura au vintième siecle” (el pensador soviético más importante en el campo de las ciencias humanas y el más grande en el siglo veinte (Todorov) y “uno de los principales pensadores del siglo veinte” (Michael Holquist). En ambos casos, esta admiración, plenamente justificada, gira en torno a la contribución de Bajtin a la teoría de la novela, no sólo en la obra relativamente conocida sobre Rabelais y Dostoievsky sino también en los estudios más teóricos como el ensayo “Discurso en la Novela” que data de 1934-35 al que Todorov y Holquist distinguen como la principal exposición teórica. Y, dentro de la teoría de la novela y con precedencia de otros términos bajtianos como cronotopo, refracción, heteroglossía o lo carnavalesco, es el concepto de dialogismo que concentra la atención como surge de los títulos de dos libros Le Principe Dialogique (1981) (El principio dialógico) y The Dialogic Imagination (1981). (La imaginación dialógica) (2).

 No es mi intención aquí refutar o disipar este entusiasmo. No hay mérito alguno en el gesto vano y fácilmente barato y recurrente que protege a la mediocridad cuando expone la ceguera implícita en todo homenaje y en la admiración. La lectura crítica y atenta a la obra de Bajtin apenas comienza, y puesto que ignoro el ruso, se trata de una empresa en la que no puedo tomar parte de manera responsable. Mi pregunta, por lo tanto no se dirige a la significación de Bajtín o de Voloshninov-Bajtín o de Medvedev-Bajtín como un teórico o un pensador, sino a la dilucidación mucho más estricta de por el que el dialogismo es recibido de modo tan entusiasta por los teóricos de tan diversa opinión y dialogismo es recibido de modo tan entusiasta por los teóricos de tan diversa opinión y porque estos lo presentan como un recurso válido para superar las incertidumbres que nos importunaron tanto tiempo. O, en los términos de este debate, de que manera el dialogismo, como fuera desarrollado por Bajtín y su grupo, se enfrenta y de hecho parece resolver el problema del status del referente en las obras de ficción.

El dialoguismo puede significar, y ha significado, muchas cosas a muchos críticos a veces sin referencia a Bajtín. Percibimos su presencia subrepticia en las ponencias de este debate, cuando Hilary Putnam nos invita a considerar la crítica como “una conversación de muchas voces en vez de un conflicto con ganadores y perdedores”. Puede significar, ante todo, un lenguaje ambiguo, la oblicuidad necesaria de todo discurso perseguido que no puede decir abiertamente, pues corre peligro de muerte, lo que quiere decir: existe una amplia evidencia, de lo que se sabe de la vida de Bajtin, que este sentido es pertinente en su caso. Los lectores de pensadores oprimidos, según las palabras de un teórico importante en el discurso de la persecución, “deben ser llevados paso a paso de la consideración común… a la verdad que es lisa y llanamente teórica, guiados por ciertos indicios indiscretos en la presentación de la enseñanza común – oscuridad del plan, contradicciones, seudónimos, repeticiones inexactas de aseveraciones previas, etc”. Esta cita es de Persecution and de Art of Writing (La persecución y el arte de la escritura) de Leo Strauss (3) y se ajusta al caso Bajtin. Strauss podría haber añadido otra característica notoria: la circulación. A cargo de discípulos iniciados, de clases y seminarios relativamente clandestinos o, más sintomático aún, la presunta existencia (a menudo confirmada) de manuscritos inéditos que sólo posee un investigador resuelto o privilegiado y que confirmará decisivamente a modo de interpretación en detrimento de modos rivales – por lo menos hasta que uno de los rivales descubra a su vez el contra manuscrito, real o imaginario, que fundamentará su demanda. Aquello que en el contexto de nuestro debate nos interesa principalmente es que esta situación engendra una continuidad unida por la tarea común de descifrar el mensaje reprimido que se esconde en el enunciado público. Como únicos detentadores de un conocimiento esotérico, esta comunidad es pequeña, auto-selectiva y se considera a sí misma una cofradía de elegidos. Sin embargo, a medida que el proceso de entendimiento se vincula constitutivamente con la elaboración y la vida de una sociedad, realidad y ficción convergen por la mediación de la tarea comunitaria compartida. La posibilidad de una mediación entre el signo y el referente dentro de la producción del mismo texto, desde el momento en que no quiere decir lo que en realidad dice, es una ficción, pero se trata de una ficción que, en manos de la legítima comunidad de lectores, se convertirá en realidad.

Para Leo Strauss, el modelo de la persecución se aplica preferentemente a los textos literarios más que a los filosóficos; el énfasis de Bajtin en la novela aporta una dimensión potencialmente liberadora y revolucionaria. “I’m Sklaven fangt die Prosa an”; es en el esclavo, dice Hegel, que comienza la prosa y lo dice en la sección de la Estética donde considera a las fábulas las precursoras de la novela. Como el filósofo de Strauss, el novelista de Bajtín es por definición un perseguido y lleva consigo la imagen de su liberación. Esta imagen, a diferencia de la evocada por Lukacs, no es la de la nostalgia de un mundo tal vez unificado por la épica. El novelista no pretende ocupar el sitial de su maestro, el poeta épico, sino liberarlo de la tiranía restrictiva de su visión estrecha y monológica. La novela de Bajtín pertenece a lo que Northrop Frye llama los modos miméticos inferiores; es ideológicamente prosaica, anti-romanesca, anti-épica y anti-mítica; su polifonía o heteroglossia postula estructuras de clase distintas y antagónicas así como la célebre supresión de las barreras sociales. El dialoguismo de una comunidad revolucionaria reconcilia realidad y ficción de una manera que no es esencialmente distinta del modelo persecutorio, excepción hecha de la introducción de una dimensión temporal: la libertad que se exalta no es utópica y sin embargo no se actualiza en la inmediatez de la invención textual. Se proyecta en un futuro metatextual como la prolepsis de atracción sobre un tipo de crítica literaria que se origina en una rebelión contra las exigencias de los sistemas trascendentales y monológicosd (como, por ejemplo, las instituciones religiosas). Un autor y un concepto – dialogismo – capaces de adecuarse al modelo textual de Leo Strauss (persecución) y al de algunos discípulos de Gilles Deleuze (celebración), son poseedores de una envergadura considerable.

En los escritos de Bajtín, la noción de dialoguismo es desarrollada sistemáticamente no sólo en El discurso de la novela o en el libro sobre Rabelais, en el intercambio dialéctico con el poder persecutorio de los discursos monistas, sino también en una discusión prolongada y compleja del formalismo. Como es bien sabido, estos temas son tratados en libros escritos bajo seudónimos, El marxismo y la filosofía del lenguaje (Voloshinov) y El método formal en el saber literario (Medvedev). Sumariamente, podemos considerar al dialoguismo como un método formal que permitiría conquistar o superar al formalismo. Aquí el dialoguismo es todavía un término descriptivo y metalingüístico que habla más del lenguaje que del mundo. Bajtín es consistente cuando afirma que la relación dialógica es intralingüística entre aquello que él llama, como en una partitura musical, dos “voces” heterogéneas. Se trata, en sus palabras, de la imagen de un lenguaje – no de la imagen de un lenguaje – no de la imagen de un lenguaje que del mundo. Bajtin es consistente cuando afirma que la relación dialógica es intralingüística entre aquello que él llama, como en una partirura musical, dos “voces” heterolenguaje – y no de una sociedad o de una relación inter-personal. Por lo tanto, y esto se hace evidente en los ejemplos tomados de Dickens y Turgenev, es posible analizar descriptivamente las estructuras dialógicas en textos reales, de un amanera sin duda insólita para los practicantes de un estilo norteamericano de lectura textual. Por otro lado, el dialoguismo también funciona, a lo largo de toda la obra y especialmente en el libro sobre Dostoievsky, como un principio de otredad (4) radical o , según la propia terminología de Bajtin, como un principio de exotopía: lejos de ambicionar el telso de una síntesis o una resolución como podría ser el caso de los sitemas dialécticos, la función del dialoguismo consiste en pensar a través de la exterioridad o heterogeneidad radical de una voz en relación a cualquiera otra, incluida la del mismo novelista. En este sentido, éste o esta, no se encuentra en ninguna posición privilegiada respecto a sus personajes. La estructura auto-reflexiva, autotélica o, si se quiere narcisista de la forma, como una descripción determinante encerrada dentro de límites específicos, es reemplazada por una afirmación de la otredad del otro, que es anterior a la posibilidad de un reconocimiento de su otredad.

En vez de referirse a las estructuras de clase, como en los modelos societarios del Discurso de la novela, la exotopía alude a las relaciones entre unidades culturales e ideológicas. Se aplicaría a los conflictos entre naciones o religiones y no a las luchas de clase. Desde esta perspectiva, el dialogismo deja de ser un principio formal y descritpivo y tampoco atañe particularmente al lenguaje: la heteroglossia (la múltiple variedad entre los discursos) es un caso especial de exotopía (otredad como tal) y el estudio formal de los textos literarios cobra importancia porque conduce de las relaciones intralingüísticas a las intra-culturales. En este punto, la oposición binaria entre ficción y realidad ya no es relevante; en cualquier sistema diferencial, es la afirmaic´`on del espacio entre las entidades que importa. Por lo tanto, las estructuras diferenciales más engañosas son las binarias, en la medida en que permiten e inducen a la síntesis. Novelistas como Dostoievsky o Balzac no son voces con una identidad o identificación autoral (no es así; Mme. Bovary, c’est moi) sino voces con una alteridad radical, y no porque sean ficciones y el autor no sea ficticio, sino porque su otredad es su realidad. El principio de realidad coincide con el principio de otredad. A veces Bajtin da la impresión de que es posible pasar del dialoguismo como estructura metalingüística (por ejemplo, formal) al dialoguismo como reconocimiento de la extopía. El itinerario más allá de la forma por medio del análisis formal atrae p articularmente al experto en el análisis formal de las estructuras semióticas o de la estilística estructural pero que, impaciente frente a la incapacidad de romper el cascarón formal, pretende, por fin, plantear problemas que no son simplemente lingüísticos. Es Todorov, por supuesto, a quien me refiero.

Es también la exotopía que, finalmente, avala la pretencisón más ambiciosa de considerar a Bajtín no sólo un técnico del discurso literario sino un pensador o un metafísico cuyo nombre figure junto a los de Husserl, Heidegger o, como sugiere la competencia de Todorov, Levinas. Es posible encontrar como un medio hacia una proximidad recuperada e inclusive bucear una existencia sumergida en Heidegger. Recordemos lo sversos de Hölderin, “Seit ein Gespräch wir sind /Und hören können voneinander” (5) como un antecedente común. Si el pasaje de la otredad hacia el reconocimiento del otro, el pasaje, en otras palabras, del dialoguismo al diálogo, tiene un lugar en Bajtin como algo más que un deseo, es un tema que deberá ser dilucidado por la interpretación de Bajtín como algo más que un deseo, es un tema que deberá ser dilucidado pro la interpretación de Bajtin con el debido espíritu crítico. Esto hace prematura cualquier consideración más específica sobre si este reconocimiento ocurrirá a modo de transcendentalismo religioso que permitirá leer “Dios” donde Bajtín dice “sociedad”, como revelación heideggeriana de verdad ontológica de la otredad del lenguaje o a modo de ideologismo seglar pero mesiánico que guardaría un parecido superficial, y quizás engañoso, con la posición atribuida a Walter Benjamin. Sería impensable un compromiso precipitado por alguna de las distintas opciones: podemos advertir sin embargo que, en cada caso, el dialoguismo aparece como una etapa provisoria en el camino hacia una pretensión más absoluta, una pretensión no necesariamente monológica pero que de todas maneras apunta más allá de los confines limitados de la teoría literaria. También queda por ver si tal extensión del alcance de Benjamin es sólida y legítima. Pero que se trata de una posibilidad lo demuestra el tono, aún más que la sustancia, de lo que se escribe acerca de él en Europa Occidental y en los Estados Unidos.

Sería posible alinear una imponente lista de teóricos contemporáneos de muy diversa opinión, portadores todos de una demanda legítima sobre el dialoguismo de Bajtín congenial, o incluso esencial, con sus obras: la lista incluiría filósofos analíticos, semióticos formalistas aburridos con su ciencia, narratólogos, técnicos de la recepción estética, fenomenólogos religiosos, ontólogos heideggerianos críticos, defensores de la revolución permanente, discípulos de Leo Strauss – y finalmente podría seguir el juego y ampliar aún más esta lista de asociados inverosímiles. Si entonces sentimos curiosidad por saber qué tienen en común, al menos negativamente, quizás deberíamos preguntarnos a quien, si alguien, le sería difícil, o siquiera imposible, inscribir la versión del dialoguismo de Bajtin entre sus instrumentos o destrezas metodológicas. Como, por ejemplo, un teórico o crítico literario preocupado con los desplazamientos tropológicos de la lógica, con la retórica del conocimiento así como de la persuasión. Bajtín dice cosas muy astutas sobre los tropos pero si se está dispuesto a diferir por un momento la otredad potencialmente dialógica, no explica el dialoguismo y permanece de una manera general, muy cerca de las teorías de la narrativa que el dialoguismo nos permite elaborar. Con frecuencia Bajtín afirma la separación del tropo del dialoguismo, por ejemplo en el pasaje sobre la distinción entre el discurso en la poesía y en la prosa, expresado en términos de refracción en Discurso o en el subsecuente y aún más dogmáticamente explícito pasaje del mismo texto, sobre la distinción entre la polisemia topológica de la poesía y el dialoguismo de la prosa. Aquí Bajtín asevera sin ambigüedades que “no importa cómo se entienda en un símbolo poético (un tropo) la interrelación de significados, esta interrelación nunca es dialógica; es imposible de imaginar bajo cualquier circunastancia o condición a un tropo (una metáfora por ejemplo) desdoblándose en los dos intercambios de un diálogo, es decir, dos significados divididos entre dos voces distintas.” Estos pasajes son de lo más exquisito del canon de las obras de Bajtín, pero esto implica que también son de lo más contradictorio y, por esa razón, monológicamente aberrantes. Más que cualquier otro, develan el “impensé” metafísico del pensamiento de Bajtín, los fundamentos dogmáticos que hacen a la ideología dialógica tan atractiva y variada. No es el momento ni el lugar para un análisis detallado de los pasajes aludidos. Sin embargo, para que no se me sospeche de evasivo, señalaré el rumbo que tal lectura tomaría – mientras añado, como cosa natural, que en el momento en que me apropio de estos pasajes como el fundamento de mi propia admiración por el carácter develadoramente aberrante de los escritos de Bajtín, me incluyo en la extraña lista de admiradores de Bajtín de la que en un principio pretendí excluirme; esto, sin embargo, de ninguna manera pone fin al embate negativo del argumento propuesto. Debemos señalar (1) que, para Bajtín, el tropo es una estructura intencional dirigida hacia un objeto y, como tal, un puro episteme y no un hecho del lenguaje; de hecho esto excluye a los tropos del discurso literario, tanto el poético como el prosaico, y los sitúa, quizás sorprendentemente, en el campo de la epistemología; (2) que la oposición entre tropo como objeto dirigido y dialoguismo como discruso socialmente orientado establece una oposición binaria entre objeto y sociedad que en sí misma es tropológica en el peor de los sentidos, es decir como cosificación; (3) y más develador para nosotros, que a medida que se desarrolla el análisis de la refracción dialógica, Bajtín debe introducir nuevamente los fundamentos categóricos de un fenomenalismo pre-crítico donde no hay lugar para la exotopía, para la otredad, en cualquier forma o grado. Cuando se dice, por ejemplo, que “las voces heteroglóssicas… crean el precedente necesario para la propia voz del autor”, reconocemos al modelo intencionalidad-no intencionalidad (hlético-noético) derivado de las teorías de la percepción de Husserl y que aquí, no muy rigurosamente, asimila la estructura del lenguaje a la estructura de una percepción indudable: desde ese momento, la figura de la refracción y del rayo de luz se hace imperativa como el único tropo posible, y nos encontramos dentro de un sistema reflectivo de “mise en abíme” que de ninguna manera es dialógico. Por lo tanto, no debe sorprendernos que, en el mismo pasaje, Bajtín, en forma irrevocable, module del dialoguismo hacia una concepción del diálogo como pregunta y respuesta donde “el orador se abre paso a través del disímil horizonte conceptual del oyente.” Nuevamente, en este gesto de imperialismo dialéctico, encontramos las huellas dialógicas inevitables de cualquier sistema hermenéutico no son compatibles y por lo tanto su relación no es dialógica sino contradictoria. Dilucidar si el discurso de Bajtín es dialógico o simplemente contradictorio constituye una conclusión predeterminada.

Para concluir, recurriré a un texto que, creo, puede calificarse como dialógico, que también trata de un diálogo, de un diálogo sobre la novela: el posfacio preliminar de Russeau a La Nouvelle Héloise, a veces titulado “Diálogo sobre la novela”, combina dos modos de diálogo. Primero un modo hermenéutico donde autor y lector se embarcan en una secuencia de preguntas y respuestas, una serie de quienes y cómos cuyo propósito es deterinar la realidad o la ficción de los contenidos de la novela: ¿quién es Julie? ¿existió? Etc. El éxito de esta gesta hermenéutica es absolutamente incierto: la hermenéutica de la referencia es indecisa. Pero, en caso de que se cuestione la legitimidad de nuestro discurso, la decisión de incertidumbre es en sí misma racional y legítima: si bien otro debate sobre la realidad y la ficción en la novela no vaya más lejos que el que nos ocupa, tal continuidad es enteramente legítima y, de hecho, inevitable. La expresión formal de esta certidumbre se manifiesta en la simetría de los modelos de pregunta y respuesta que permitirían, dentro de la órbita de tal demanda, sustituir al autor por el lector sin perder consistencia: la ilegilibilidad del referente es tan provocativa, y por las mismas razones, para el uno como para el otro, y su complicidad en la gesta hermenéutica manifiesta.

Por otra parte, el texto también escenifica algo muy diferente: un duelo de ingenios donde el autor y el lector, en una secuencia de ataques y defensas, procuran eclipsarse mutuamente como dos espadachines, mediante paradas, fintas y artimañas, o como la seducción que se lleva a cabo en el intercambio de cartas que conforman la primera parte de la novela de Rousseau. En este intercambio, la pregunta no es más una pregunta sobre quién o qué: sería ingenuo preguntarse quién es el vencedor pues en este modelo Rousseau, como autor, controla los movimientos de cada uno de los antagonistas. Y sería igualmente ingenuo preguntarse por qué se pelea: se pelea por saber si hay o no hay una pregunta, lo cual significa que nos encontramos doblemente alejados de cualquier posibilidad de obtener una respuesta respecto de qué, en este duelo, es lo que está en juego. Todo el interés se concentra en cómo se pelea (o se seduce), en el cómo, la poética de la escritura y de la lectura y no la hermenéutica. El autor quiere saber aquello que todos los autores siempre quisieron saber: ¿ha leído Ud. mi libro? ¿lo ha leído hasta el final? ¿cree que la gente lo comprará? ¿se venderá en París? Lo cual significa preguntase si el autor hizo todo lo que debía hacer – demandas que pertenecen al campo de la poética empírica (cómo escribir un libro que sea famoso) y no a la hermenéutica (cual es la verdad del texto). Esto lo coloca en obvia desventaja en la batalla por venir donde el lector urbano puede jugar infatigablemente con la vulnerabilidad de su posición y hacerlo pasar por tonto: el lector sagaz siempre se anticipa a un autor que depende de él desde el momento que inicia un diálogo que nunca es del todo gratuito, que siempre es un juego de poder. Sin embargo, al final del texto de Rousseau, el personaje nombrado R y que es el autor, rehúsa la sustitución que le ofrecen:

N… le aconsejo, sin embargo, cambiar los papeles. Simule que soy yo quién lo urge a publicar esta colección de cartas y que es Ud. quien se resiste. Ud. mismo plantea las objeciones y yo las refutaré. Esto parecerá más humilde y causará mejor impresión.

R… ¿No perjudicará esto aquello que Ud. elogia en mi carácter?

N…. No, le estaba tendiendo una trampa. Deje las cosas como están (6)

Una manera de leer este pasaje capcioso es a modo de una negativa, en los términos de la poética, que no permita la sustitución simétrica implícita en una hermenéutica. Rousseau no tiene la más mínima intención de ceder a su lector el beneficio de la fama o de las 70.000 copias de su novela que, cuando escribía el llamado posfacio, ya sabía vendidas en París y en las provincias. “Rira bien qui rira dernier” (El que ríe último ríe mejor). Sin embargo, este éxito de su poética de manera alguna es compatible con las reglas de su hermenéutica. La relación entre poética y hermenéutica, como la relación entre R el autor y N el lector, es dialógica en la medida en que no pueden sustituirse el uno por el otro, a pesar del discurso no-dialógico de pregunta y respuesta que justifica plenamente la sustitución. Admiramos a Bajtín (es decir, el deseo de estar en su lugar y haber escrito lo que escribió), como todos sus lectores contemporáneos, su confianza de que partiendo, como lo hace, de una poética del discurso novelístico sea posible acceder al poder de una hermenéutica. El problema aparente de la relación entre la realidad y la ficción en la novela esconde el problema más fundamental d ela compatibilidad entre el discurso descriptivo de la poética y el discurso normativo de la hermenéutica. Tal compatibilidad sólo puede alcanzarse a expensas del dialoguismo. Imitar o aplicar a Bajtín, leerlo comprometiéndolo en un diálogo, traiciona aquello que más vale en su obra.

Paul de Man

Traducción Jorge Jáuregui

© Universidad de MInesottta

© versión castellano Descartes. 


BIBLIOGRAFÍA

(1) Este ensayo apareció originalmente en Poetics Today (4.1, 1983) titulado “Reference and Fictionality” y en The Resistance to Theory (University of Minesotta Press, 1986, cap 6)

(2) Tzvetan Todorov. Mikhail Bakthin: The Dialogical Pinciple (University of Minesotta Press, 1984, trad. Wlad Godrich) Michael Holquist ed. The Dialogic Imagination: Four Essays by Mikhail Bakhtin (trad. Caryl Emerson y MIchael Holquist, University of Texas Press, 1981)

(3) Leo Strauss. Persecutoin and the Art of Writing (Wesport Gresenwood Press, 1973).

(4) Struart Schneidermann, ed. Returning to Freud: Clinical Psychanalysisis in the School of Lacan (Yale University Press, 1980), en "Lacan's Early Contributions to Psychoanalysis", p. 3. Shneidermann propone la sugerencia de Lacan de traducir Otro por Otredad (Otherness) (nota del traductor). 

(5) "Desde que somos un diálogo, podemos oírnos (escucharnos) mutuamente (los unos a los otros)"

(6) La Nueva Heloisa, Jean-Jacques Rousseau


Fuente: Poetics Today (4.1, 1983) titulado “Reference and Fictionality” y en The Resistance to Theory (University of Minesotta Press, 1986, cap 6). Publicado en Revista Descartes Nro 4, julio 1988.

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