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Presentación del libro
de Germán García*

El psicoanálisis y los debates culturales

por Alejandro Ruidrejo

Se nos ha invitado a participar en la presentación de un libro, pero he aquí que este libro tiene ya su presentación, su autor se nos adelantó. Adelantándose a sí mismo, comienza hablando de la distancia que lo separa, luego de casi tres décadas, de aquél otro libro al que nombrara: La entrada del psicoanálisis en la Argentina (1978).

Basta voltear la primera página para encontrar el balance y la promesa que alimentan su trabajo, dice:

“Ahora, siglo mediante, se trata de invertir aquella platónica certidumbre escolástica, de abandonar el sueño de una historia del psicoanálisis y tratar de entender algo del revés de la trama, de algunas tramas, que tienen nombres y fechas (por supuesto).”

El libro renuncia a la historia, tratando de entender las tramas del psicoanálisis, pero aún a nuestros ojos de lectores legos, asaltan algunos interrogantes que incitan la lectura: ¿Qué trama el psicoanálisis? ¿Es que hay algo así como un revés de la trama psicoanalítica? ¿En todo caso qué se oculta y se manifiesta en ese revés?

Las páginas nos llevan con un ritmo acelerado, con pasos largos que semejan saltos, hasta algunos puntos donde la escritura parece detenerse cabando en la erudición, y cuando creemos que se trata nuevamente de una destreza historiográfica, el humor y un gesto lúcido e inclasificable nos devuelve al prolífico espacio del ensayismo.

La lectura nos trae libros, autores, prólogos, editoriales, traducciones y escuelas, que son reunidas como en un cuadro de Antonio Seguí, donde las personas, los paisajes y las cosas toman el mismo relieve y conviven, o sea, se empujan, se rechazan, se asocian, se restan, montándo y amontonándose hasta definir los límites del campo psicoanalítico.

Como en una instantánea de la heterogeneidad y de lo “inactual”, el libro avanza en múltiples sentidos.

Y emparentándose con una tradición que llega hasta Edgard Allan Poe, Baudelaire y Benjamin, Germán García escribe sobre una ciudad, pero no sobrevolándola, sino hendiendo las palabras en sus calles, porque la ciudad es un campo de batalla y cada calle una barricada posible. Buenos Aires, ciudad metafísica, ciudad del psicoanálisis.

La ciudad y sus preferencias culturales se mezclan tejiendo su memoria con hilos de letras, que las batallas intelectuales le han entregado, a veces bajo la forma de la primera línea de una vanguardia pujante, pero otras como la última fila de una retaguardia díscola, reacia a la retirada que los tiempos le vienen tocando.

Buenos Aires ciudad moderna. Pero las ciudades no pisan el umbral de la modernidad, hasta que no las habita una multitud.

Germán García nos habla del "El hombre de las multitudes", a partir del cruzamiento entre el cuento de E.A. Poe con los higienistas argentinos José María Ramos Mejía y su libro de 1899 Las multitudes argentinas y Ezequiel Martínez Estrada y su Radiografía de la Pampa.

El hombre de las multitudes se encontraba en Londres, en el escenario fascinante de las ciudades europeas decimonónicas, pero en la comparación Buenos Aires aún resultaba superficial, no tenía la hormigueante agitación de las cloacas parisinas, sino la plana extensión de una ciudad aldea. El psicoanálisis y la multitud llegarán juntos a la ciudad, dándole el peligro y el encanto que le faltaban. Porque el deseo de poblar la argentina acarreaba consigo el peligro de exponerla al mundo del crimen; los inmigrantes traían la diversidad indómita a los imperativos del orden y el progreso. Ante la amenaza, la pujante criminología argentina, inspirada en el positivismo, se encargaría del control social de la población: la eugenesia, el trazado de las calles y su iluminación, eran los correctivos aplicados sobre esa patología de las sociedades modernas llamada multitud.

Frente a la simpleza de la concepción utilitarista del sujeto que alimentó a la criminología nuestro autor opone la complejidad de la relación entre sujeto, crimen y sociedad, que pueden leerse en Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología,Motivos del crimen paranoico o La agresividad en psicoanálisis, entre otros textos de Lacan.

La contraposición es contundente, y en el roce de las diferencias el componente crítico del psicoanálisis saca su brillo. El libro se monta sobre las tensiones de ese juego.

Ciudad y multitud parecen definir el espacio en que el psicoanálisis se nutre de la cultura. Cultura que no es el enciclopedismo de las vanidades y la pedantería, sino la multiplicidad de los sentidos a partir de los cuáles pensamos lo que hacemos y hacemos nuestras vidas. La cultura como esa curiosa forma de intentar el trasvasamiento de los límites de nuestro presente, en que deseamos cambiar lo que somos y lo que pensamos. Sin ella sólo nos quedaría la ceguera más negra de lo simplemente dado a los ojos. El psicoanálisis necesita de la cultura, pero no como un contexto que lo enmarca, sino como el hombre moderno a la multitud.

Recordemos el cuento de Poe, donde su protagonista, luego de haber seguido entre la multitud, y a través del paisaje urbano, el rostro criminal de un hombre viejo que lo había fascinado, nos dice:

“Tenía ahora una buena oportunidad para examinarlo. Era de escasa estatura, flaco y aparentemente muy débil. Vestía ropas tan sucias como harapientas; pero, cuando la luz de un farol alumbraba de lleno, pude advertir que su camisa, aunque sucia, era de excelente tela, y, si mis ojos no se engañaban, a través de un desgarrón del abrigo de segunda mano que lo envolvía apretadamente alcancé a ver el resplandor de un diamante y un puñal.”

Nos preguntábamos antes, ¿qué esconde el revés de la trama del psicoanálisis? En el libro de Germán García uno descubre que a esa pregunta no le cabe una única respuesta, sin embargo hemos creído posible encontrar en el hombre de la multitud una metáfora iluminadora. El psicoanálisis se nos aparece entonces como ese hombre, y nosotros los lectores-perseguidores que hemos quedado atrapados, por asombro y fascinación, en la extraordinaria historia escrita en su pecho. El trajín tiene su encanto, por momentos pareciera perdérsenos de vista entre las pugnas en que la cultura se debate; pero cuando la luz, con que el farol del cientificismo intentó dominar el espacio del saber, lo apunta de lleno, bajo la diversidad de sus impresentables vestiduras, en una actitud mezcla de aires victoriosos y amenzantes, se muestra, dejando relucir su diamante y su puñal.

 

* Instituto Oscar Masotta CID Salta. 28 de abril de 2006

 

 
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