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El dese de la transexualidad

por Alberto Sladogna

Notas:

Las penumbras de la eficacia simbólica: el deseo más allá del sexo, transexualidad. Alberto Sladogna, analista, 20/08/2008

Lo rechazado en el simbólico

Agradezco el gesto de amistad de Germán García de invitarme, así como al resto de los integrantes de la Fundación Descartes, por darme un albergue para exponer algunos temas que investigo en clínica doctrinaria del análisis. La ficción tiene una estructura que apunta a la verdad del real, es decir, sitúa un elemento que está más allá y más acá de la realidad. Entonces, tomaremos a la experiencia de la transexualidad, en particular, su deseo, su articulación con la función fálica como una ficción que permite interrogar el componente real de otras ficciones de la vida subjetiva (el campo de las “neurosis”, el campo de las “psicosis”) Lacan subrayó respecto del texto de Freud: Tótem y tabú - Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos (1913 [1912-13]), enfatizó que era un texto doctrinario mayor, a condición de precisar sus límites: el texto tiene por objeto elaboraciones que corresponden solo a una porción del campo subjetivo: las neurosis. Ese territorio puede ser tomado, pues lo es, como la sobredeterminación subjetiva en última instancia, la sobredeterminación de la experiencia neurótica respecto de otras formas de subjetividad, es decir, su presencia es “hegemónica” entre quienes solicitan o buscan un análisis. Las formaciones neuróticas son experiencias dominantes en la cultura de Occidente, lugar dónde se invento el análisis, lugar donde se produjo la subversión provocada por Lacan.

Con estos horizontes conviene detenerse, hoy, en un aspecto de una célebre formulación de Lacan: la forclusión

Sólo podemos introducir cosas en el circuito respetando el ritmo propio de la máquina [simbólica]: si no, caen en el vacío, no pueden entrar… Sólo que además, todo lo rehusado en el orden simbólico, en el sentido de la Verwerfung, reaparece en el real [...] Freud carece de ambigüedad en este punto. Se trata del Hombre de los lobos […] que haya rechazado todo acceso de la castración […], tiene un vínculo con haber tenido en la infancia una breve alucinación […] Jugando con su cuchillo, se había cortado el dedo, que sólo se sostenía por un pedacito de piel. El sujeto relata este episodio en un estilo que está calcado sobre lo vivido. Parece que toda localización temporal hubiese desaparecido. Luego se sentó en un banco, junto a su nodriza, quien es precisamente la confidente de sus primeras experiencias, y no se atrevió a decírselo […] ( J. Lacan, seminario oral 1955/1956, Las psicosis, Paidós, Buenos Aires, 1985, pp.23 y subsiguientes)

Llama la atención un hecho, Lacan no dijo: “lo rehusado del [ o “por el”] orden simbólico”, sino que, de acuerdo a las diversas transcripciones de ese seminario y de las citas en los Escritos, en todas y cada una reitera: “lo rehusado [lo rechazado, lo forcluido] en el simbólico”. Subrayo en consecuencia que existen elementos rehusados instalados en el orden simbólico, no están fuera de él, considero que hasta el momento, de manera pertinente, se han dirigido los estudios clínicos, los teóricos, sobre el aspecto del retorno por la vía del real. Es el tiempo de estudiar, interrogar que lo rehusado, lo forcluido está alojado “en el simbólico”, esa extraña figura de alojar lo rechazado; algo de esa figura está mostrado por la actual de las experiencias de la transexualidad. Mostrado en el sentido topológico que Lacan dio para las mostraciones de objetos topológicos: mostrar, luego demostrar. El mostrar es del orden acto performativo, no es el del orden del conocido como “presentación” [temática del “acting-out”].

El terreno de la ficción permite extraer enseñanzas de la transexualidad; esa experiencia no suele acercarse al análisis, y a la vez, impacta en quienes, desde otras ficciones concurren al diván; la transexualidad es un territorio de ficción, de una ficción que apunta a una verdad real alojada en el simbólico que se articulan ¿Cuál será ese elemento en juego? Hoy ¿Qué impacto producen en el terreno de la clínica doctrinaria? Conjeturo que el impacto afecta el estatuto del cuerpo, de un cuerpo que no está en el espejo, o que, al menos no está sólo en el espejo, es decir, distinguimos entre la imagen del cuerpo y el cuerpo ¿Qué clase de cuerpo? Quizás, se trate del cuerpo que Lacan pondrá a jugar, que mostrará en “El fracaso del Un-desliz es el amor. A la manera del seminario oral de Jacques Lacan, 1976/1977”:

No hay progreso porque no puede haberlo, el hombre gira en redondo si lo que yo digo de su estructura es verdadero,(suspira)porque la estructura, estructura del hombre es tórica…El hecho de que seamos tóricos en suma se lleva bastante bien con lo que el otro día llamé tranca [trique], es una elisión de una o. (14/12/1976)

En ese seminario muestra al cuerpo, como objeto topológico e insiste en que tiene estructura tórica: el cuerpo es un toro. Esa afirmación abre más de un interrogante ¿Cómo será la experiencia especular de un cuerpo tórico?, ¿Qué imagen dará del cuerpo un espejo tórico? ¿Cómo se ve alterada, modificada, subvertida la escena especular con tal espejo doblemente agujereado?

Lacan para formular la forclusión se apoya, modificando, un relato de Freud: el episodio alucinatorio sufrido por Serguei Constantinovich Pankejev. Con eso construye la escena dónde algo es rehusado: a.- Freud carece de ambigüedad en ese punto, entonces, ¡¡Cuidado!! Entramos en un territorio ambiguo ; b.- Haber tenido en la infancia una “breve” alucinación; c.- Jugando con un cuchillo “se había cortado el dedo”; d.-luego se aclara “que sólo se sostenía por un pedacito de piel”; d.- El relato “está calcado sobre lo vivido”; e.- parece que la localización” temporal” hubiese desaparecido; f.- luego se sentó en un banco junto a su Nana la “confidente de sus primeras experiencias”; g.- Freud la señala como un sustito materno, Lacan subraya “y no se atrevió a decírselo”. En tan pocas líneas tenemos una multiplicidad de elementos que organizan la escena, obrescena, ni más allá, ni más acá, está en cubierta. Esos elementos forman, conforman la acción performativa en la que se sostiene la forclusión en el simbólico.

Tomemos a favor de nuestra lectura, un elemento del cual Lacan no disponía, es decir, tenemos la posibilidad de leer estos elementos de la clínica doctrinaria desde el a posteriori, así está escena podemos leerla desde el seminario oral de 1962/1963, La angustia. El “hombre de los lobos” estaba protegido, era un benadantti, un bienaventurado, de ahí que sólo a los 18 años o 19 años de edad perdió la camisa fetal, la placenta, eso lo protegía y fue perforada por una infección venérea. Ese agujero [troumatique] desató su peregrinar por diversos consultorios de Europa, pasando de la consulta de Kraepelin hasta llegar al diván de Freud. Lacan en esa serie de sesiones del seminario La angustia hablará de los cuadros de Santa Ágata, de Santa Lucia hasta llegar a los casos de Margaret Little, pese a ello no se dio cuenta que Pankejev le servía “en bandeja” –instrumento que está en las pinturas mencionadas-, en bandeja la cuestión fuerte del objeto a, objeto causante del deseo: el tema de la placenta, “El hombre de los lobos” era un benadantti pues había nacido con la camisa fetal puesta, mientras que el resto de los humanos se desprenden, la pierden, en el momento del nacimiento. Es un objeto que cae, se desprende, se pierde, se cede, se “suicida”, sin que sepa a quién pertenece.

Regresemos a la escena de Pankejev con su “Nana”, escena construida pues él la relató a Freud, Freud la escribió, Lacan la retomó para decirla y escribirla. En esa escena queda una pregunta abierta A qué se debió que, a su mayor confidente, él no le dijera lo que estaba viviendo ¿Cuál habría ser la posible respuesta que él imaginaba recibir si comentaba esa travesura? La “Nana”, al margen de su voluntad estaba en un lugar que Lacan desplegó y estudio: el Otro como siendo el tesoro de los significantes, dejemos de lado si el “tesoro” era el valor o el valor eran sus contenido, sabemos que ese “tesoro” no fue “todo” , él quedaba afectado por el “no-todo”, solo subrayó algo: el lugar de la Nana que alberga algo en sus tesoros significantes, esos elementos no quedarían por fuera del tesoro: “Lo forcluido en el simbólico” eso está, vaya a saber con qué estatuto, eso está en el simbólico, en el simbólico de la Nana, no está fuera ni queda fuera del simbólico. Entonces ¿por qué causas no le dijo algo? ¿De qué estaba advertido el joven Pankejev?

Con estas operaciones de lectura a posteriori, localizamos cierta vecindad entre los casos de Santa Ágata –a le cortan los senos, de Santa Lucia –le enuclean los ojos, y el Hombre de los Lobos –pierde la camisa fetal; hay vecindad con la práctica de la transexualidad: en cada uno de esos casos se trata de una apuesta que se “dispone” a ceder un objeto, es decir, son experiencias que recorren desde la castración (en sus diversos registros), el suicidio del objeto hasta la cesión del objeto. Esas experiencias ponen en juego el carácter cesible del objeto y sus efectos respecto de la constitución subjetiva. Por el momento, la lectura permite colocar esos objetos por su componente abyecto, desagradable, junto con su posición de apantalle [ecranter] transferencial, permite colocarlos en un horizonte que desplaza la opacidad de lo sexual a otro territorio. Ese desplazamiento para el analista y su doctrina inauguran un amplio horizonte de investigación y de transformación de la práctica

La transexualidad

Lacan en el curso de una “presentación de enfermos” le indicaba a un joven que aspiraba al cambio de su sexo, le dice lo siguiente:

Escuche, amigo, usted tiene, a pesar de todo, barba en el mentón y ante eso no puede nada. [Añade J .Allouch: ” ¿Sugestión? Sí, ciertamente, y que intenta conducir al interlocutor a su impotencia (subrayado de, A.S).Cfr. La definición lacaníana de la impotencia: un poder no], ver 213 Ocurrencias con Jacques Lacan, México, Sitesa, 1992

Dejemos de lado el tema de la potencia, de la impotencia, el poder no, dado que aún no está claro cuál es su incidencia clínica doctrinaria en este caso. Sólo subrayo que Lacan levantaba, indicaba, subrayaba al joven un inconveniente: “usted tiene, a pesar de todo, barba en el mentón”. Algunos dicen Lacan, que en ese momento, “le pasó la mano por el mentón”. De esta presentación destaco un rasgo: su excesivo apoyo en un cuerpo “natural”, convengamos, ese inconveniente “natural” dado por la barba proviene de la división sexual formulada en el campo de la normalidad neurótica: hombres/ mujeres, trazos secundarios de unas y de otros. Ese supuesto “impedimento”, en el terreno de la antropología, en el terreno de la pintura, en el terreno cinematográfico y en algunas calles de ligue transexual del Barrio de Once, en Buenos Aires, encontramos “mujeres barbudas” y que no por eso dejan de vivir su experiencia, ni por eso parecen localizar allí algún “poder no”, en la pintura está el caso de una mujer con barba que forma pareja con su hombre y tiene un hijo, la pintura era del 1700 por lo cual los cambios “quirúrgicos” no estaban en juego; Ferreri el cineasta filmó “La donna simia” basado en un caso real de una mujer mexicana del año 1890. Recuperando un comentario de Germán García respecto de que la intervención de Lacan puso en juego un imposible, parece prudente estudiar cuál era ese imposible puesto en juego.

Entiendo que debido a esa dificultad -de sostener un límite en la “naturaleza” de la constitución corporal- debido a eso, quizás, en un tiempo cercano a esa presentación, Lacan regresa al tema clínico doctrinario de la transexualidad:

El cromosoma y su combinación, XX, XY, XX, esto no tiene absolutamente nada que ver con aquello que se llama las relaciones del hombre y de la mujer. Conviene partir con esos dos términos y con los plenos sentidos; es muy extraño los tímidos ensayos que la gente hace para pensar en el interior de los marcos de cierto aparato que es el de la institución psicoanalítica, uno se da cuenta que no todo está reglamentado…allí, ellos se dan cuenta de esto, por ejemplo: no se espera para nada la fase fálica para distinguir a una niña de un niño. Les señalo algo que se llama Sex And Gender está en inglés. Es de alguien llamado Stoler [Robert]. Es muy interesante leerlo desde dos puntos de vista, en principio porque eso se da sobre un tema importante, el de los transexuales, un cierto número de casos muy bien observados con sus correlatos familiares. Ustedes saben quizá que el transexualismo consiste precisamente en un deseo muy enérgico de pasar por todos los medios al otro sexo, aunque fuese haciéndose operar, cuando se está del lado masculino. Este transexualismo con las coordenadas que allí están, les hará aprender muchas cosas, porque son observaciones por completo utilizables (20/01/1971, De un discurso que no sería de la apariencia)

Tenemos en este horizonte abierto por las experiencias subjetivas de la transexualidad un componente que concierne al analista: en tanto el analista transporta, carga, soporta un objeto transexual, es decir, que está más allá, más acá y es sostenido, está emplazado en su cuerpo, jugado de manera no fijada en cada caso y para cada caso, él está en una posición “trans” en más de un sentido. En la cita anterior Lacan incluye una crítica extraña al psicoanalista Stoller: éste americano no disponía, no conocía la “teoría lacaniana de la forclusión”. Bueno, convengamos en algo, en ese momento en los EEUU y dentro del campo analítico americano, Lacan era un ilustre… desconocido. De todas formas, la lectura de los textos de Stoller al respecto inauguran los caminos para investigar esos elementos que están “en el simbólico” como parte de la forclusión. Por último y para terminar este diálogo, les mencionó un hecho textual digno de investigarse y ver si tiene algún efecto sobre la clínica doctrinaria. Se trata de lo siguiente: en la versión del estadio del Espejo de 1949, editada en los Escritos, Lacan no menciona como parte de las pasiones de la ciudad a lo que, en esa época, se nombraba como “perversión”, para él, en ese año las pasiones de la civitas estaban constituidas sólo por las pasiones de las neurosis y de las psicosis:

Los sufrimientos de la neurosis y de la psicosis son para nosotros la escuela de las pasiones del alma, del mismo modo que el fiel de la balanza psicoanalítica, cuando calculamos la inclinación de la amenaza sobre comunidades enteras, nos da el índice de amortización de las pasiones de la civitas.

 

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