Germán García - Archivo Virtual / Centro Descartes, Buenos Aires

Una conversación sobre el coraje

# (20 de julio 2000). Una conversación sobre el coraje. Jacques-Alain Miller y Eric Laurent, con la participación de Germán García, Ricardo Nepomiachi, Luis Varela. Centro Descartes, Buenos Aires. Fragmentos publicados en (2018) Estrategias -Psicoanálisis y salud mental- N° 6 (pp.74-77), La Plata. Transcripción inédita realizada por revista Estrategias, no revisada por sus autores.

FRAGMENTOS DE LA CONVERSACIÓN

GERMÁN GARCÍA

Bueno, hace más o menos una semana comenzó un torbellino internacional, que para algunos duró tres días, para otros cinco, para nosotros no sabemos todavía cuánto, pero lo cierto es que estamos aquí con amigos de distintos lugares, no solamente de Francia, sino de Italia, de España y de diversos países de Latinoamérica, evidentemente el lugar nos quedó un poco chico, pero pienso que la próxima vez que nos mudemos, va a ser mejor, que nos mudemos directamente a París y nos juntemos todos allá. (Risas). Va a comenzar Ricardo Nepomiachi, que es quien propuso este  tema, Luis Varela va a hacer unas puntuaciones sobre Laques, el diálogo de Platón, que estaba disponible aquí en la biblioteca por copias, para los que quieran verlo si no lo han visto aún, yo voy a puntuar dos o tres cosas en torno al, tema que nos ocupa en Borges, luego Eric Laurent y por último Jacques-Alain Miller. Así que comenzamos. 

RICARDO NEPOMIACHI

(…) “Es necesario comenzar por el comienzo y el comienzo de todo es el coraje… el coraje es la afirmación es una virtud inaugural, es necesario intervenir en las cosas pues sin intervención las cosas van en el sentido de la fuerza de las cosas. Se trata entonces de la idea de un comienzo, de un recomienzo, que va contra el orden de las cosas, a pesar y contra todo lo que nos liga a ese orden, se hace a pesar, y este a pesar exige entonces no abandonar, no abandonarse, sino intervenir contra sí mismo. El coraje de este modo interviene y se opone a un problema, a una contradicción interna, desde esta perspectiva me parece que se puede entender que la crisis surge como necesaria, constituye un momento culminante, pero alcanzarlo no es un fenómeno pasivo, ni mecánico, ni acumulativo. Transformar el problema en una crisis supone la toma de una posición, frente a lo intolerable el sujeto hace su juicio y traza un límite que señala entonces a partir de este momento un antes y un después. De este modo la crisis es el resultado de un acto que manifiesta lucidez y coraje, al haber transformado el problema en crisis se abre necesariamente la posibilidad de encontrar una salida. Ese acto impone un nuevo comienzo, una mutación, una conversión.

(…) El “Tú eres esto”, presente al final del estadio de espejo que Lacan retoma en el Seminario 2 en su comentario del sueño de la Inyección de Irma, donde Lacan dice acordar con lo que Erickson va a formular acerca de por qué Freud no despierta en ese sueño, porque tiene agallas, razón por la cual puede atravesar un momento de angustia capital (…) El coraje de Freud en ese momento se sostiene en lo que Erickson calificó una enorme pasión de saber, es decir que hay aquí una articulación entre el rasgo del coraje animado por un  deseo de saber, que es lo que le permitió vencer en la ocasión el horror.” 

LUIS VARELA

(…) En este diálogo Platón está tratando de cons- truir una terminología, pero que es indudablemente una terminología muy vacilante, y quien yo creo que va obviamente a poner orden en toda esta cuestión va a ser después, mucho después, Aristóteles. Bien, pero qué es lo interesante de este componente, que la valentía es conocimiento [componente introducido en el diálogo por Nicias], Nicias dice es conocimiento de lo que es temible y de lo inofensivo, tanto en la guerra como en otras circunstancias. Él llega a esta definición de valentía a partir de lo que siempre se dice, es medida socrática, “he escuchado a Sócrates decir que uno es bueno en tal cosa si además es sabio” o sea, si es conocedor en eso. Y aquí aparece una cosa que me parece que es interesante y creo que es el meollo de todo esto, de la valentía en este diálogo, y es que para Nicias, en principio, se trata de un conocimiento no técnico sino de un conocimiento normativo. Va a poner el siguiente ejemplo: los médicos conocen lo que es sano y lo  que es enfermo, pero lo que no conocen los médicos, dice, es si estar sano o enfermo es bueno o malo para el paciente. Cuando Nicias dice eso evidentemente, pasa a un conocimiento que ya no es técnico, sino que es normativo, porque Nicias nos estaría diciendo que la valentía es ese conocimiento, que nos dice qué es lo que deberíamos temer, o qué es lo mejor o lo peor en lo que es temible o no. Esto creo que es el problema que se plantea, creo que hay una contradicción en Nicias y en el mismo Platón, porque en definitiva este conocimiento que es normativo finalmente es un conocimiento técnico para Nicias [famoso general ateniense que muere en una expedición griega a Sicilia que fue una catástrofe] el valiente es un experto y el valiente no puede ser un experto, ese es el problema, no hay un conocimiento técnico de la valentía que a la vez sea normativo de la valentía, eso lo va a entender muy bien Aristóteles.

GERMÁN GARCÍA

(…) “Para Borges el coraje no es una cualidad permanente de un sujeto, sino que existe como un acto. ¿Qué separa a cada uno de su coraje?, el amor a la vida es un comienzo de respuesta, el narcisismo del moi, pero no es tan seguro, existe el coraje de los que se identifican a un mismo ideal, de manera que su dignidad está… por el propio narcisismo.

El coraje de un grupo sostenido por su insignia supone un circuito libidinal cuya ruptura precipita en el pánico, más que de un deseo se trata de un amor. (…)

Unos hombres escriben versos, otros sueñan, los primeros son la sombra del sueño de los segundos. En tanto los ideales de virilidad suponen conceptos sobre la forma de comportarse de un hombre, Borges tiene el mismo problema que Platón, ¿por qué el hombre de letras, el filósofo, debe entrar en la vida pública? Hay un texto de Borges sobre la obra “A buen fin no hay mal comienzo” donde se vuelve a presentar el mismo tema. Entonces miro para el lado de Platón, ¿por qué el hombre de letras, el filósofo, debe entrar en la vida pública? Si puede probar que su palabra

76 es una forma de valor, tampoco podrá decir que su conducta es viril. En Laques hay una pequeña trampilla, para que Sócrates esté autorizado a hablar uno de los generales da testimonio de que Sócrates fue valiente en una batalla, es decir que ya fue militar, por eso puede hablar. En Laques el joven Sócrates ya probó que es capaz de encarnar los valores militares en el campo de batalla, luego tiene la chance de probar el valor de su palabra. Los duelos entre escritores, al final lo recordaban varios de ellos en diferentes países, resuelven en un ritual esta contradicción. 

(…) ¿Dónde está el psicoanalista en todo esto? La respuesta se encuentra en el deseo decidido, el que puede afrontar la incertidumbre que produce la inconsistencia del Otro, como dice Borges en La milonga “No se aflija,/ en la memoria/ de los tiempos venideros/ también nosotros seremos/ los tauras y los primeros”. Perdón, “taura” es del argot porteño, antiguo ya, que quiere decir valiente.”

ERIC LAURENT

(…) “Para nosotros el coraje tal cual lo convoca Lacan, es que frente a este lugar de la absoluta soledad de la palabra, que también, digamos, es el lugar en el cual el S1 viene a cubrir, a tachar- lo, en este agujero que se produce en el lengua  como tal, hay una pregunta que nos espera, en la que estoy convocado, ¿qué soy yo? En este pun- to sólo quedará no un saber establecido, sino la proximidad de mi ignorancia, en este punto sólo se sabrá si voy a tener el coraje de dirigirme a lo que no sé y entonces, la única manera de saber quién soy yo, es un saber que pueda formularse en el futuro anterior. En este punto hay un solo coraje, el de hablar en primera persona, angustia existencial en un cierto sentido, angustia de la existencia que sólo puede definirse en esta llama- da al Otro. El problema es que en este lugar también, en el sueño de Freud, lo que nos convoca es la disolución de la comunidad de todos los que saben, la comunidad de todos los que saben efectivamente es andreia, también en Sócrates como en Freud los que saben son todos hombres… qué hacemos aquí, (Risas), pero si inmediatamente se abre vemos que ya no, en el sueño de Freud hay la disolución de esa comunidad de los hombres y es en esta disolución que empieza el verdadero coraje, el coraje es dirigirse a este punto que hace función de todo y que no es la comunidad de to- dos los hombres que saben, más bien, lo que hace función de todo es el objeto a, no-representable, lo que es localizado en la garganta de Irma por supuesto pero que es del orden del todo pero que toma el relieve del saber que hay en esta comunidad de hombres.” 

JACQUES-ALAIN MILLER

(…) “El coraje ha tenido un lugar para Freud, y no hay que olvidar que en el momento que él pensaba que se cristalizaba su esfuerzo en tanto que causa, Freud ya hablaba de la causa del psicoanálisis, hablaba de la causa con sus discípulos, con lo que él pensaba de sus fieles soldados, todos hombres, no había entendido algo en el psicoanálisis Freud, pensaba salvar el psicoanálisis con los hombres, pensaba salvar el psicoanálisis del lado hombre, pero hablaba de la causa, ¿a quién hablaba de la causa?, a Karl Abraham, el más distinguido. Y hay una expresión que vuelve regularmente al final de las cartas de Freud y de Abra- ham, la expresión: “coraggio Casimiro” y ustedes saben de dónde viene esa expresión, Abraham en una excursión había encontrado dos guías para una ascensión a una montaña y llevaron un trozo de carne cruda para prepararse el almuerzo,  -digo lo que hay en la nota de la página 175 de la edición castellana de la correspondencia Freud y Abraham-, cuando llegaron al refugio la carne se había alterado, no obstante lo cual la cocina- ron, y un guía alentó al otro para  que la comiera, con las siguientes palabras coraggio Casimiro, es in- creíble pensar que esta frase es la que retuvieron Freud y Abraham y la citan continuamente para darse el uno al otro coraje de seguir en el psicoanálisis. (Risas). Claramente la carne del psicoanálisis se había alterado. Es lo que hay que aguan- tar, y estamos en la posición de “come tu Dassein” estamos obliga- dos a comernos las consecuencias del acto de Freud. El objeto peque- ño a está en el nivel de aguantar las  consecuencias, y por supuesto hay algo ridículo en esto de que un hombre que alienta al otro a comerse su Dasein, pero aquí estamos, y justo en el punto donde vamos a terminar este horrible almuerzo”. 

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