Germán García - Archivo Virtual / Centro Descartes, Buenos Aires

Lacan y Castilla del Pino

# (22 de octubre 1981). Lacan y Castilla del Pino. En El País, Madrid. Recuperado de link.

Si bien considero inútiles ciertas discusiones, desearía en este caso, que se hiciera pública la posición de la Escuela de Psicoanálisis, representada en la oportunidad por mi nombre. A la deficiente cobertura informativa mostrada por la Prensa española en ocasión de la muerte de Jacques Lacan (al parecer, nadie tenía datos de archivo, las referencias bibliográficas eran equivocadas y los especialistas consultados no sabían de qué estaban hablando) se suma el abuso de autoridad de un psiquiatra que desconoce el tema. Me refiero a Carlos Castilla del Pino, en la nota publicada en EL PAIS bajo el título Jacques Lacan (sección La cultura, página 30, 16-9-1981). Quien haya leído a Castilla del Pino -es mi caso- sabe que nunca siguió a Sigmund Freud. Basta abrir sus Estudios sobre la depresión, Marxismo y psicoanálisis, Hermenéutica y lenguaje, etcétera. ¿A qué viene eso de oponer Freud a Lacan para terminar postulándose como el superador de ambos? Cuando digo abuso de autoridad me refiero a lo que esta expresión designa en lógica: alguien sabe del tema A y por eso parece autorizado a decir algo sobre el tema B.
Castilla del Pino es un psiquiatra, pero nada sabe de psicoanálisis, al que no practica, al que teme, según su propia declaración. ¿Por qué el prestigio ganado en la psiquiatría es usado en este caso para denigrar al psicoanálisis? Citaré sus razones: a) Lacan ya no está de moda en Francia y tampoco en Italia; b) Si algo queda es por los argentinos que lo promueven en México, España, etcétera; c) Esto se debe a la actual conversión « del producto cultural en manufacturado»; d) Los «agentes de Tarrasa o Sabadell» envidiarían a los habilidosos (argentinos en este caso) vendedores de Jacques Lacan; e) Todo esto es, en el fondo, un problema de dinero.
Este es el núcleo de razones sociales; luego siguen las teóricas: a) Jacques Lacan era oscuro, de manera que producía mediadores que lo explicaban. En su discurso todo era nada, como suele ocurrir en el galimatías de Hegel; b) Castilla del Pino afirma que Jacques Lacan dice que lo inteligible es psicótico (lo que Jacques Lacan, por supuesto, no dice); c) En verdad, todo lo que hizo Jacques Lacan fue trasponer el signo de Sausoure (de paso se equivoca y dice que Lacan dice que la barra que separa a significante de significado es el deseo, cuando en realidad dice que es la represión).
Complejidad
El lector que tenga intención de saber algo sobre Jacques Lacan debe olvidar las tonterías de Castilla del Pino y leer Escritos (Editorial Siglo XXI), Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (Editorial Barral), Los escritos técnicos de Freud (Editorial Paidos). Si lle francés encontrará que la obra de Jacques Lacan -más de veinte seminarios a lo largo de treinta años- duplica en extensión y multiplica en complejidad la de Sigmund Freud. ¿Qué le puede importar esto a Castilla del Pino, cuando desea defender una tesis del joven Jacques Lacan, publicada en 1932 -cuando no sabia nada de psicoanálisis y tenía 31 años de edad-, donde nuestro autor era un psiquiatra (dicho sea de paso, el único texto de Jacques Lacan que Castilla del Pino cita en su Manual de Psiquiatría). Por otro lado, Castilla del Pino quiere defender a Karl Jaspers y la psiquiatría fenomenológica, que por algo se dedicó en sus libros a resumir a P. Ricoeur (otro fenomenólogo cristiano que sostiene la vertiente hermenéutica, para mayor saber del discurso del amo). «Su vinculación con la clínica psiquiátrica, es decir, su contacto real, no literario, con el psicótico en las primeras etapas de su desarrollo profesional le marcarán profundamente como para distanciarle de la generalidad de los psicoanalistas», dice Castilla del Pino sobre Jacques Lacan. Es falso, puesto que el vuelco de Jacques Lacan es su encuentro con la obra de Freud y que su enseñanza comienza en 1952 con Función y campo de la palabra y del lenguaje en el psicoanálisis, que lo separa de los psicoanalistas por su retorno a Freud en un momento en que la Internacional Psicoanalítíca oscila entre M. Klein y la psicología del yo de los norteamericanos.
¿Sabe Castilla del Pino algo de Freud? Así lo afirma: «La lectura lacaniana de Freud es, para mí, inadmisible, porque hace con Freud una suerte de negación parcial del objeto-Freud, que oculta el profundamente viciado biologismo que padeció». Castilla del Pino, por su parte, le perdona la vida a Freud, su «grandeza y servidumbre», para proponer leer a Freud desde «su enclave histórico».
¿No es lo que hizo Jacques Lacan al relacionar al psicoanálisis con las ciencias conjeturales mo dernas de la mismamanera que Freud lo había relacionado con las de su tiempo?
¿Qué dice Castilla del Pino? Que Jacques Lacan fue importado por argentinos, que está envidioso (referencia a los agentes de Tarrasa o Sabadell) porque no tuvo nada que ver con eso y que espera que Jacques Lacan pase de moda para surgir en su «enclave histórico», donde las oportunas referencias al marxismo sostienen una hermenéutica que de Jaspers a Ricoeur son tributarias de una lectura teológica del signo. ¿Qué es la historia más allá del hecho de que existen personas cuya ética les hace cambiar de discurso cuando se cambia de Gobierno?
El lector puede consultar «El psicoanálisis de Franco» realizado por Castilla del Pino en la revista El Viejo Topo.
Germán Leopoldo García es presidente de la Escuela de Psicoanálisis

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