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Psicoanálisis e instituciones

por Alicia Dellepiane

 

Durante el año 2003, miembros de las tres fundaciones: Descartes, Infancias y Puertas Abiertas se reunieron para la realización de un seminario que, bajo el auspicio de Atención Analítica, trabajaron la temática del psicoanálisis en las instituciones.
Algunos de los participantes tuvieron a su cargo la exposición de los textos que se debatieron entre todos. Las exposiciones y los debates fueron esclareciendo cómo, cada uno, puede dar cuenta de la riqueza que la aplicación del psicoanálisis proporciona a las prácticas clínicas y educativas que se realizan bajo su enseñanza.
El resultado final de este trabajo fue expuesto el día 11 de mayo de 2004, en la sede de la Fundación Descartes, por representantes de las tres fundaciones.

Mónica Sevilla comentó que en el V Congreso Psicoanalítico, en Budapest, 1918, Freud decía:
“...Supongamos ahora que una organización cualquiera nos permita aumentar del tal modo nuestro número que seamos ya bastantes para tratar grandes masas de enfermos. Por otro lado también es de prever que alguna vez habrá de despertar la conciencia de la sociedad y advertirá ésta que los pobres tienen tanto derecho al auxilio del psicoterapeuta como al del cirujano, y que las neurosis amenazan tan gravemente la salud del pueblo como la tuberculosis, no pudiendo ser tampoco abandonada su terapia a la iniciativa individual”.
Prosigue; advirtiendo sobre los riesgos sociales que la desatención podría provocar, y señala, además, que pasará mucho tiempo hasta que el Estado se dé cuenta de la urgencia y de que esta obligación es suya. Por su lado, agrega Sevilla, Lacan nos indicó que el psicoanálisis debe estar a la altura de la angustia de su época.
Estas dos referencias, que fueron utilizadas en los textos que tomó como eje, la primera por Jean Louis Lang y la segunda por Eric Laurent, nos conducen a plantearnos la inclusión del psicoanálisis en las instituciones, la función del analista hoy, y cómo se sitúa el psicoanálisis en nuestro tiempo.
A través de la lectura de Psicoanálisis e instituciones para niños, de Jean Louis Lang; de Psicoanálisis y salud mental e “Institución del fantasma y fantasmas de la institución”, de Eric Laurent, pueden pensarse algunas cuestiones que hacen directamente a nuestro trabajo institucional.
Lang da cuenta de su posición teórica diciendo:
“Nuestras concepciones están, ante todo, basadas en una psicopatología dinámica y estructural orientada por el psicoanálisis, sin descuidar los factores biogenéticos, cognitivistas y socio culturales. Esta es la orientación de nuestra “Sociedad Francesa de Psiquiatría de la Infancia y Adolescencia y de Profesiones Asociadas”, no es la única pero es la mayoritaria y es la que resiste mejor que las otras, a las tentaciones de las teorías del aprestamiento y conductistas; social, política y financieramente más rentable en el corto plazo”.
Advierte una tensión dialéctica entre la interpretación en el dispositivo y la ambigüedad del psicoanálisis introducido en una institución, que exige una disponibilidad constante a las demandas ambivalentes y confusas por parte del equipo. Para Lang es motivo de especial atención la formación de equipos pluridisciplinarios, ya que no hay formación específica de éstos y ni de la formación de los psicoanalistas en sí, porque considera insuficiente a ambas.
Es por esto que plantea un modelo que atienda a dos cuestiones de principios: La construcción de un marco a la vez institucional y analítico y el reconocimiento de los procesos de transferencia y contratransferencia sin los que todo análisis es imposible.
El psicoanálisis, que primero fue para adultos, luego se abre a los desordenes de la infancia y progresivamente va infiltrándose en los dominios escolares y educativos. A medida que hay una extensión de los casos donde el psicoanálisis es indicado, paralelamente se multiplican y diferencian los tipos de instituciones concernidas.
Entiende al psicoanálisis como un “ no – sistema ”, como escucha para construir una situación confiable y donde se producen cambios. Lang indica que el tema “psicoanálisis e instituciones”, nos convoca hacia una problemática de los bordes.
Se hace evidente que no se equivoca cuando plantea una situación de bordes, donde se encuentran: las políticas de salud mental, la eficacia del psicoanálisis, la referencia a otras terapias actuales, la construcción de un modelo eficiente para la inclusión del psicoanálisis en la institución, la formación y la función del analista, y los efectos del discurso psicoanalítico en lo institucional, y que nos vemos motivados a pensar en ello. Pero no es lo mismo asumir una posición ecléctica y “orientada” por el psicoanálisis, que sostener el discurso de Freud y de Lacan y ser consecuente con esto.
Eric Laurent, psicoanalista lacaniano, en las diferentes ponencias que integran su texto Psicoanálisis y salud mental, se refiere a estos temas. Para él, el psicoanálisis es una práctica eficaz que puede sostenerse en el siglo XXI. También advierte que el problema de los estados modernos es reducir el gasto en salud mental, porque la productividad es escasa en este área; para ello buscan distintas formas de regulación, por ejemplo, decidiendo comprometerse a mantener lo que es científicamente demostrable, pero, en lo que concierne al bienestar, hay poco científicamente demostrable. También la medicación que es la forma menos onerosa de tratamiento; sin embargo, dice, la gente pide terapias y éstas, particularmente el psicoanálisis, son eficaces, por lo que entonces terminan regulando el número de sesiones.
En cuanto a las premisas en las que se sostienen las instituciones, nos recuerda que, para Freud, es la ley la que rompe el sometimiento al ideal. El psicoanálisis desconfía respecto del todo universal que pretende adueñarse de antemano del campo de aplicación de la regla.
En “Institución del fantasma, fantasmas de la institución”, Laurent dice:
“El peligro de todas las comunidades es que funcionan a fuerza de ideales y que se trata precisamente de poner a punto madres ideales en tanto que “podrían todo por todos”. Lacan opone la falsa universalidad de la regla a lo que hace ley para cada uno. Por eso indica que el psicoanalista debe plantear como objetivo en una institución instaurar la particularidad contra el ideal”.
Laurent sabe que cuando se juntan tres la dinámica de grupo está en marcha, y se desatan ciertas pasiones imaginarias, dice:
“Cualquier identificación permite el desencadenamiento de pasiones narcisistas y el analista ha de ser capaz de silenciarlas”.
Sostiene la hipótesis de que el psicoanálisis se refiere no sólo a las relaciones de la identificación y de las reglas sociales, sino también al hecho de que, entre las líneas de la regla, se satisface la pulsión. Según su definición, el secreto de la regla es que, en cada etapa de su aplicación, esconde una elección de goce.
Plantea, entonces, que lo que se perdió en nombre de las normas de la civilización es el plus de gozar. La función del analista no es exaltar el deber de gozar; se trata, mas bien, de insistir para que haya formas “vivibles” del deseo y que esto no puede ponerse en reglamento.
Refiere a un tiempo cuando el analista se ubicaba en un lugar de excepción en el mundo; por un lado estaban los que trabajaban y por otro los que interpretaban. Hoy, el analista, no es más el que se retira del mundo del trabajo de las instituciones. Tampoco es el que agrega un saber técnico más, sino el que se agrega a las especialidades de los otros para despejar el espacio propio de la interpretación pero, propiciando, además, que cada discurso se sostenga sobre sus propias bases.
En cuanto a la formación nos recuerda que Lacan dice:
“no hay formaciones del analista, hay formaciones del inconsciente; por lo que el analista debe formarse ante todo para comprender la retórica del inconsciente, debe acostumbrarse a las formaciones de su propio inconsciente, debe analizarse y darse cuenta que forma parte del inconsciente”.
A modo de conclusión se recuerda esta afirmación de Laurent:
El sujeto moderno continúa amando al psicoanálisis, sepamos estar a su altura y “Prodigarnos sin reparos”, según la bonita cita de Jacques Lacan.

Sergio Ayas cita a Eric Laurent, quien señala un doble recorrido semántico del término institución, entre regla y comunidad de vida.
Partiendo de la “acción de instituir”(del latín instituere) en el siglo XII, aparece medio siglo mas tarde (en 1256) el sentido de “lo que es instituido”. A fines del siglo XVII y en el XVIII el término designa lo establecido por los hombres y no por la naturaleza; “cosas instituidas” designa el conjunto de las estructuras fundamentales de la organización social (1790). En el siglo XX, se emplea el término institución respecto de cada sector de la actividad social, por ejemplo “institución literaria”, y en su empleo absoluto designa “estructuras que mantienen un estatuto social”.
Del desarrollo de dichas estructuras encontramos términos derivados como el adjetivo institucional (1933), el adverbio institucionalmente (1950), el verbo transitivo institucionalizar (1955) con las instituciones especializadas, en el corazón de la reorganización de la civilización por la ciencia.
El sentido de comunidad de vida lo encontramos, también desde un principio, en la palabra instituto que designa “la regla dada a una institución en el momento de su formación (instituto de una abadía o de un orden religioso en 1552). Luego instituto designa ciertos cuerpos constituidos de sabios (en 1749) Instituto Nacional de Ciencias y Artes o Instituto Nacional de Francia (en sentido absoluto, El Instituto en 1795).
La idea de cuerpo constituido se concreta en el nombre de establecimientos de investigación (Instituto Nacional Agrónomo en 1876, Instituto Universitario de Tecnología IUT en1966)
Entonces, lo que se mantiene en pie (in-statuere) del término institución es el sistema de reglas que rodea la comunidad de vida.
Para George Lapassade y René Lourau la definición de la sociología como “la ciencia de las instituciones” maduró a partir del siglo pasado gracias a Comte y Spencer, y fue sistematizada, a comienzos del siglo XX, por la primera escuela francesa de sociología: la escuela de Durkheim. Él es quien escribe (deuxieme preface aux Regles de la méthode sociologique, Paris PUF,1963)
“... podemos llamar institución a todas las creencias y todos los modos de conducta instituidos por la colectividad; pudiendo ser entonces la sociología definida como la ciencia de las instituciones, de sus orígenes y sus funcionamientos.”
Luego las doctrinas sociológicas estarían hechas, para estos autores, de los intentos de confirmar, revisar o abolir esta definición hasta excluir el término institución de dicha ciencia.
Dos discípulos de Durkheim, llamados Fauconnet y Mauss, escriben en el artículo “Institution” de la Grande Encyclopédie
“Son sociales todas las formas de actuar y de pensar que el individuo halla preestablecidas y cuya transmisión se efectúa por lo general a través de la educación” añadiendo “sería conveniente que una palabra especial designase estos hechos especiales, y parece que la palabra instituciones sería la más apropiada”.
En esta definición hacen hincapié en lo siguiente:
a) La institución se manifiesta por comportamientos y modos de pensamientos.
b) Estos son impersonales, colectivos (no responden a ninguna psicología individual).
c) Estos constituyen una herencia del pasado, un gobierno de los muertos sobre los vivos.
d) Esta herencia de modelos culturales es consecuencia de la educación.
Al concepto de institución clásico, con un contenido de tipo “positivo” que le daban Mauss y Fauconnet, George Lapassade y René Lourau, le oponen lo que denominan un contenido dinámico, negativo y contradictorio, es decir dialéctico.
No niegan la importancia de lo instituido (sistema de valores, modelos culturales, aparatos ideológicos ya existentes). No subestiman la necesidad de formas institucionalizadas más o menos estables (que estudia la sociología de las organizaciones) pero subrayan los quiebres que efectúan las fuerzas instituyentes que vuelven a otorgar un sentido activo a la institución, que era el de Rousseau, es decir, el acto de instituir.
Redefinen a la institución como “la forma que adopta la reproducción y la producción de relaciones sociales en un modo de producción dado”.
Señalan tres momentos identificables desde un enfoque teórico:
1) Momento de la universalidad (lo instituido)
2) Momento de la particularidad (lo instituyente)
3) Momento de la singularidad (la institucionalización)
Con estos tres momentos, el concepto de institución se manifiesta como un instrumento de análisis de las contradicciones sociales. En un conjunto social, caracterizado por su unidad de organización, con vistas a una eficacia, existen diferencias entre sus miembros o entre las categorías que lo componen, así como contradicciones:
• la diferencia de sexos cuando sirve de base a una oposición de status (menor paga o poder) acarrea una contradicción entre la igualdad formal y la desigualdad real.
• la diferencia de filiación política o de adscripción ideológica, veladas tras la unidad de proyecto y de acción, pueden llevar hasta la contradicción cuando implican un rechazo de los objetivos de la organización .
Ahora bien, lo corriente es que esto ocurra y que haya conflicto. Los autores entienden la unidad en el conflicto de manera dialéctica y de acuerdo a esos tres momentos.
La definición propuesta por Lapassade – Lourau tiende a superar lo que llaman el sociologismo de aquella acepción, es decir, la negación de lo político, lo ideológico y lo económico dentro de la institución, expresado en el segundo momento, particular, de la primera negación.
Resumiendo: para la acepción clásica, la institución, asimilada a la sola instancia de lo instituido, se convierte en sinónimo de orden establecido; mientras que el grupo informal encarna la negación, la anarquía, la antiinstitución. Estos autores reintroducen en el concepto de institución, el dinamismo que le confiere la instancia complementaria y opuesta de lo instituyente (el acto de instituir).
Además, proponen una nueva relación con el saber acerca de lo institucional en consonancia con la posición del psicoanálisis, es decir, una conciencia del no saber que determina nuestra acción. Escriben:
“... el sujeto de la historia no parece ser ya el Estado (según la concepción de la clase dominante), o la lucha de clases (según la concepción marxista) sino el inconsciente: es decir la instancia antiinstitucional del grupo es fantasmal; este fantasma lo constituye el desconocimiento de las singularidades institucionales que permiten la existencia del grupo, atraviesan su composición y su funcionamiento, y determinan su corta duración”
Eric Laurent en “Dos aspectos de la torsión entre síntoma e institución”, hace referencia a las psicoterapia institucional (que es la forma de intervención en las instituciones de estos teóricos del análisis institucional) diciendo que:
“Hacer psicoterapia institucional sería utilizar el psicoanálisis como un discurso más, que tendría como objeto el goce y el amor para prevenir los desórdenes, y que vendría a taponar la falla del Otro…”
Una institución desde Psicología de las masas y análisis del yo no es solamente un conjunto de reglas, sino también una comunidad de vida “una suma de individuos que han puesto un único y mismo objeto en el lugar de su ideal del yo y, en consecuencia, se han identificado, en su yo, los unos a los otros” dice Freud
Jacques Alain Miller en la apertura del congreso de la AMP, en Buenos Aires, en julio del 2000, decía
“... el lugar del Ideal en un grupo es un lugar de enunciación[…] dos modos de enunciación distintas son concebibles[…] (1) desde el lugar del Ideal…enunciar interpretaciones[…] discurso masificante que reposa en la sugestión (2) interpretar el grupo…disociarlo… remitir a cada uno de sus miembros a la soledad de su relación al Ideal…discurso desmasificante que analiza la sugestión del grupo”.
El psicoanalista, entonces, se presentaría como un sujeto que no se propone él mismo como Ideal, sino como un sujeto que tiene relación a un Ideal (ya que no hay cero del Ideal, sino no habría comunidad)
La diferencia está en remitir a cada uno a su soledad de sujeto, a la relación que cada uno mantiene con el significante amo del Ideal bajo el cual se ubica. En esa soledad, el sujeto puede ir más allá de su sujeción a significantes amos; se trata para el psicoanálisis de despertar al sujeto a una nueva responsabilidad, dice Laurent, la suya respecto “del objeto plus de gozar que se sostiene del vacío que se desprende de los significantes amos y lo colman a la vez”

Con la intervención de la Graciela Safuri, que comentó el texto La declinación del programa institucional, de François Dubet, el programa institucional puede ser definido como “el proceso social que transforma los valores y los principios en acto y subjetivación, por la vía de un trabajo profesional específico y organizado”.
A la pregunta ¿a quién le sirve el trabajo sobre los otros?, se la sustituye por la pregunta ¿cómo hacen los trabajadores su tarea?. Hay un cambio de foco, de macro a micro, actualmente, para evaluar la realización de la tarea sobre los otros.
Este programa considera que:
1) El trabajo sobre los otros es una mediación entre los valores universales y los individuos particulares.
2) Afirma que el trabajo de socialización es un trabajo de vocación porque está directamente fundada en valores (una fuerte inclinación a cierta clase de trabajo o profesión - del latín vocationem, “llamamiento, llamar en auxilio”). Es decir, no es un trabajo como los otros, requiere vocación de servicio. El estatuto del tipo ideal del programa institucional es polisémico y puede dar lugar a malos entendidos, por ejemplo, cambiar vocación por eficacia.
3) La Iglesia traslada su organización e ideología a la Escuela porque tiene un proyecto de empresa universal sobre las almas.
4) La Escuela se apoya sobre la vocación de los maestros, un orden religioso laico protegido de los desordenes del mundo.
5) De la Iglesia a la Escuela no se hace más que reforzar este programa institucional
6) La declinación del programa institucional es vivida como una mutación larga y no sólo como una crisis. La pérdida de unidad del mundo social no hace que el mundo social desaparezca sino que se transforme. La declinación desborda la perspectiva sociológica, y hay una demanda de pasar de este tipo de institución a otra que la reemplace, tanto para los trabajadores como para los objetos de su trabajo.
¿Qué queda de la identidad y de la capacidad de acción cuando se sale del programa institucional? Surge el temor que los sujetos queden en una autoreferencia ética, y de recursos desigualmente distribuidos como consecuencia. Nada asegura que estos individuos queden anclados en roles y culturas guiados por principios colectivos.
El programa institucional hace emerger nuevas figuras de dominación y control ubicando la naturaleza del trabajo sobre los otros como fundado sobre valores, principios, dogmas, mitos – laicos o religiosos – que son siempre sagrados (P. Ariès).
También la palabra “institución” designa fenómenos y hechos sociales tan diferentes y vagos que se le adjudican distintos significados. Tomando conceptos de Hugges se puede mencionar que, al lado de instituciones oficiales están las ilegítimas, por ejemplo, la mafia. La confusión entre institución y organización es fuente de malentendidos ya que no toda “organización” implica una “institución”. Cada organización engendrará una forma particular de socialización. Dubet acuerda con la tesis según la cual el crecimiento y la complejidad de las “organizaciones” participan del debilitamiento de las instituciones. No sólo se trata de inscribir una cultura en un individuo, también designa una manera particular de cumplir “ese” trabajo sobre los otros.
Valores /principios – vocación / profesión – socialización: individuo y sujeto.
Por lo cual nos preguntamos ¿Se puede vivir sin la “institución”?, ¿podría haber una organización que no sea “mafiosa”, si hay una declinación de la institución?, ¿se puede pensar la ley más allá de la melancolía por la declinación del programa institucional?
Dubet sintetiza el objetivo de este libro diciendo que se trata de un estudio de sociología, que se esfuerza en describir y explicar un conjunto de conductas y experiencias. Espera que resista una doble tentación: esa del retorno imposible a “una edad de oro” que jamás existió y esa de la disolución del trabajo profesional sobre los otros, dentro de un simple entrecruzamiento de servicios.
El programa institucional reposa sobre esta paradoja fundamental: en el mismo movimiento quiere socializar al individuo y pretende constituir un sujeto. No puede llevar a cabo su tarea porque se funda en valores que se perciben como universales.
El psicoanálisis demuestra que, quien se relaciona institucionalmente a otros, no puede dejar de lado su subjetividad.
La palabra “programa” relacionada a “institución” habla de una manera muy particular de socialización. Una manera específica del trabajo sobre los otros y los bienes ajenos. Por lo tanto, existe una fuerte integración de “los principios” con los cuales se realiza el trabajo.
La institucionalización no es un modo de funcionamiento congelado. A la pregunta de si se puede prescindir de las instituciones el autor propone que, siendo el deseo de reconocimiento lo que se oculta en el corazón mismo del trabajo sobre otros, no parece posible. Los instructores con los alumnos, por ejemplo, son privilegiados por la fuerza y continuidad de su trabajo y perciben los efectos de éste. Generalmente el reconocimiento de unos se hace a expensas del reconocimiento de otros. El trabajo sobre otro no está alienado porque el trabajador sea un extranjero a su trabajo sino, al contrario, porque está muy comprometido por convicción y por necesidad. Está alienado porque este compromiso es a la vez el corazón de la experiencia, que es lo menos reconocido y lo menos transmisible.
El “aura sagrada” que envolvía el trabajo sobre otros cayó. Los alumnos, los enfermos, sus familias exigen para sí mismos un servicio de calidad, no contentándose sólo con lecciones morales. En Francia la declinación de las instituciones es vivida por muchos como la crisis de un estado que normativiza.
Se comienza a pensar el trabajo como contrato social. La primera de esa tradición es la de la economía política inglesa, expuesta por el pensamiento de Adam Smith. El trabajo es un valor central no solamente porque se considera el manantial de toda riqueza, sino también porque es la única propiedad de todo individuo, aún para los más despojados. Todo aquel que no es heredero de un status, de una fortuna o de una tierra, que no posee una filiación suficientemente fuerte para existir socialmente, posee al menos una fuerza de trabajo que le pertenece como propia (Hume). Tocqueville apunta que se pasa de una “aristocracia natural” a la “igualdad liberal”.
El programa institucional proviene de una sinfonía de la vida social, en la cual cada uno acepta perderse como individuo en función del comunitarismo. Cada uno es un átomo de un orden superior. Es deseable que la mencionada música no sea una sonata sorda a los otros y que sólo resulte una cacofonía y yuxtaposición de narcisismos. En la música de cámara, cada integrante realiza el milagro de dar su expresividad construyendo un orden colectivo.

Sintetizamos así las intervenciones presentadas esa noche. Durante el seminario hubo un recorrido bibliográfico más amplio que pasamos a enumerar a continuación.
Con referencias a instituciones:

- LOURAU, René: El análisis institucional, Buenos Aires, Amorrortu/editores, 2001, 4ª reimpresión. Especialmente los capítulos: “El concepto de institución en sociología” dentro de la primera parte “Las teorías institucionales”, “La intervención psicoanalítica” dentro del la segunda parte “Las intervenciones institucionales”. Para los que están en el campo de la educación capítulo 6 “La intervención pedagógica” y “Conclusiones”.
- AUTORES VARIOS: La institución y las instituciones, Buenos Aires, editorial Paidós, 1989. Especialmente, por ser bastante citados, trabajos de René Kaës “Pensar la institución, en el campo del psicoanálisis” y “Sufrimiento y psicopatología en las instituciones” que también pertenece al campo del psicoanálisis.
- BLEGER, José: “El grupo como institución y el grupo en las instituciones” [1971] en Temas de Psicología, Buenos Aires, Nueva Visión, 1981.
- LAPASADE, Georges – LOURAU, René: “ El análisis institucional”, capítulo 10 en Las claves de la sociología, Barcelona, Editorial Laia, 1971.
- ETZIONI Amitai y ARMORNK, P. R. Laurence “Organizaciones Modernas” en La sociedad activa, una teoría de los procesos solitarios y políticos, Condón M. E. Sharp, año1991.
- También comentamos de Albert O. HIRSCHMAN: Las pasiones y los intereses. Argumentos políticos a favor del capitalismo previos a su triunfo. Barcelona Editorial Península, 1999.
- ARIÈS Phillippe, Morir en occidente [1975]. Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, (Colección Filosofía e Historia), 2000.
- KAËS René: “Realidad psíquica y sufrimiento en las instituciones” en La institución y las instituciones, Buenos Aires, Editorial Paidós, 1989.
- Le magazine freudien L’Ane, Enquêtes et Entretiens, « François Tosquelles par lui-même » Paris.

Con referencias al Psicoanálisis:

- LANG Jean Louis: Psychanalyse et institutions pour enfants, Paris, Presses Universitaires de France, 2002.
- DUBET, Francois: Le declin de l´institución, Paris, Editions du Seuil, 2002.
- LAURENT Eric: “El psicoanalista, el ámbito de las instituciones de salud mental y sus reglas” en Revista Vertex Nº 26, diciembre 1996 – enero – febrero 1997. Hay también una versión en el libro Psicoanálisis y salud mental, editorial Buenos Aires, Tres Haches, 2000.
- LAURENT Eric: “Institución del fantasma, fantasmas de la institución” (1992) versión en español en Hay un fin de análisis para los niños, Buenos Aires, Colección Diva, 1999.
- LACAN, Jacques: “La psiquiatría inglesa y la guerra”. En [Traducción: Vicente Palomera] Uno por uno, nº 40 (otoño 1994).
- FREUD Sigmund: “Tótem y tabú” (1913) en tomo XIII de Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1980.
- FREUD Sigmund: “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921) en tomo XVIII de Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1984.
- FREUD Sigmund: “El malestar en la cultura” (1930) en tomo XXI de Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986.
- PRIMER ENCUENTRO AMERICANO DEL CAMPO FREUDIANO: Los usos del psicoanálisis, Buenos Aires, Editorial Paidós, 2003.

 

 
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