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Lacan, Oriente y La tierra baldía

Reseña de la conferencia de Eric Laurent*

por Liliana Goya

Con el marco del patio del Museo Isaac Fernández Blanco, en un hermoso mediodía al aire libre, asistimos a la presentación que hiciera Eric Laurent del número 34 de Referencias, dedicado a Oriente.

Al comienzo de su exposición, Eric Laurent comentó que fue temprano el interés de Jacques Lacan en las cuestiones de la experiencia religiosa. Y señaló que no era de extrañar que lo místico tuviera importancia para él pues tenía en su familia un religioso. Incluso, agregó que, siempre que necesitaba información fidedigna al respecto Jacques Lacan se remitía al saber de su hermano. En consecuencia, aunque se refiera específicamente en el Seminario 20 a la experiencia mística, su interés por el asunto databa de mucho antes.

Sin embargo, Lacan encontró también en la sabiduría china de ocho siglos una fuente importante para reflexionar acerca del tema. Aprendió chino (no dejó de intentarlo con el hebreo) y leyó los textos clásicos bajo la guía de Francois Cheng, aprovechando el tiempo que la guerra y sus consecuencias le dejaban libre en sus actividades. “Se podría decir –acentuó Eric Laurent-, que concebía a Oriente y Occidente como dos polos de la experiencia religiosa”. El feminismo de los años 70 sirvió a su vez de marco a una reflexión creciente en torno al tema.

En el Seminario 10, Jacques Lacan tematiza el momento fundamental de la angustia en el sujeto humano, y se cuestiona acerca de ese objeto fundamental, el objeto mirada, tomando como ejemplo las estatuas de Buda en los templos de Nara y Kamakura, en Japón. Así como el budismo le sirve para hablar del objeto mirada, las experiencias talmúdicas le servirán para tematizar el objeto voz. “Los textos religiosos nos hablarían así de una experiencia donde el objeto pulsional se hace presente”, continuó Laurent. Lo pulsional y lo religioso se conjugan en Jacques Lacan del mismo modo que Kant con Sade.

En “Función y campo de la palabra y del lenguaje” encontramos la referencia a The waste land, de T. S. Eliot, que era como la Biblia de los lectores de esa época. “Jacques Lacan hablaba a quienes estaban concernidos por la crisis moral que atravesaba Occidente”. Para nosotros hoy puede ser una sorpresa esta referencia, pero ella surge, según Eric Laurent, de “un olvido de Eliot”. A la esperanza en el existencialismo sartreano de posguerra, le sucederá la esperanza foucaultiana: cómo vivir de manera digna. Eric Laurent señalaba como algo significativo que cada vez más se ve en los historiadores “la tendencia a considerar ambas guerras no como dos, sino como una sola, con un intervalo de 20 años, donde Europa fue arrasada, donde la manifestación de la pulsión de muerte se vio a un nivel que aún no hemos hallado… pero no está descartado que lo veamos en algún momento” señalaba sugestivamente. De este modo, The waste land era la propuesta de alejarse de la tentación nihilista de la nada. Sabemos que Jacques Lacan fue un lector atento de Sartre, a quien consideraba “buen filósofo pero mal pastor”, dado que podía conducir a los jóvenes de la época a lo peor del existencialismo: considerar que la angustia de vivir no se puede superar. Eliot fue entonces un intento de sacar a los jóvenes intelectuales de esta posición, y Jacques Lacan se suma a este gesto oponiéndolo a las dos corrientes que surgieron después de la guerra: el existencialismo y el surrealismo. Lacan opone la escritura automática a la interpretación analítica, en la que el sujeto tiene un acceso al Otro como tal. Se preguntaba ¿qué puede curar el psicoanálisis?, no sólo en el uno por uno, sino en el malestar de la civilización.

“Tat vam asi” puede ser una respuesta. La práctica búdica puede hacer que el sujeto se encuentre a sí mismo y no al otro en el deseo. La ilusión del velo de Maya, ilusión narcisista: un amor objetal estará siempre amenazado por la sombra del narcisismo. Lacan criticaba a las teorías analíticas que menospreciaban la función del narcisismo en el sujeto.

La estatua búdica con su multiplicación de imágenes en Oriente es manifestación de lo Uno y lo múltiple, sin oposición. Se trata de interrogar entre el uno y el cero lo que no se puede ver. Lacan responde en esta época al texto de Merleau Ponty Lo visible y lo invisible. Lo que no se puede ver es lo que no tiene representación: el cuerpo. El objeto analítico está siempre perdido, no tiene ninguna representación. De esto se trata en la experiencia religiosa, lo unheimlich, lo angustiante que no puede representarse. Pero no es el cuerpo, precisará Jacques Lacan, sino el goce del cuerpo lo que no puede representarse.

Hay diferencias entonces en la forma en que el cuerpo es representado. En la India, el cuerpo es un cuerpo tocado por el goce. En cambio, no hay desnudos en las representaciones chinas del cuerpo. Lacan constata que el desnudo masculino precede al femenino en Occidente: éste produce un impacto considerable en la civilización griega la primera vez que aparece. En Oriente hay una reunión entre el cuerpo femenino y el masculino. En Occidente se separan. En Oriente hay reunión de opuestos, complementariedad. Es lo particular de la experiencia sexual en Oriente: la reunión. En Occidente se ha tenido que esperar a Alejandro y Afrodita para la visión de una ambigüedad. “Pero en Oriente el deseo del órgano masculino se presenta de modo menos patético que en Occidente”, afirmaba Eric Laurent. Lacan toma los templos de Nara y sus imágenes y The waste land para decir que el goce femenino tiene que ver con la ausencia. El goce pasa por la experiencia de privación de un órgano. La posición femenina sería más verdadera porque carece del velo de Maya de poseer el órgano: ninguna ilusión de tener el órgano.

Lacan concluye “Función y campo…” con “lo que dijo el trueno”, uniendo en una sola parábola a Oriente y Occidente, ya que, según decía Laurent, “lo que Yahvé habló, lo dijo en medio del trueno”: hay que pasar por el trueno, por la angustia fundamental. Eliot lo dice en relación a la experiencia búdica.

La experiencia analítica permite al sujeto que se somete a ella confrontarse a esta contingencia que es su historia: somos todos hijos de la lengua.

Para un occidental, un “occidentado”, su relación es “demasiado pegajosa con el falo”, definió Laurent. Para continuar afirmando que las monjas del templo de Nara, en la referencia de Lacan (Sem.10) “se masturban cuando prodigan el cuidado de la limpieza a la estatua de Buda”. Y que entonces habría una versión “hard” y otra versión “light” del falocentrismo y del desacuerdo entre los sexos si comparamos Oriente y Occidente.

“El deseo ¿es una ilusión?, ¿es una mentira?”, propuso a modo de reflexión. El sujeto que emprende un análisis debe estar dispuesto a desprenderse de muchas ilusiones, es una experiencia de pérdida, de renuncia…¿cómo calificarla? “Si el objeto con el cual se satisface la pulsión es intercambiable… ¿cómo casarse si uno sabe eso?”, preguntó. ¿Sólo escuchamos acaso el ruido de la lengua? Cuando Lacan dice que la experiencia de la ilusión sólo se constata en el psicoanálisis, quiere decir que debemos saber qué se hace con eso, con lo que queda de un sujeto una vez que ha atravesado las identificaciones, el velo de lo ilusorio.

“El solía decir que el oriental siempre puede engañar, por lo cual no podemos suponer que hay un solo modo de presentar la angustia. La estatua búdica, la mirada hacia su dios, eso puede tomar a su cargo el peso de la castración. Oriente, en este sentido, ha sabido construir una religión que pudo elaborar la angustia de vivir”, continuaba Eric Laurent.

Una vez concluido el análisis, para recuperar el goce, el sujeto debe haber pasado los circuitos por los que lo condujo el análisis. Pero se topa uno al final con el absoluto sin garantía, con eso hay que saber arreglárselas.

Luego de la conferencia, Eric Laurent respondió preguntas del auditorio. Se dio así por concluida la jornada, con muchos interrogantes y renovado el interés por continuar la investigación, con la belleza del lugar y el canto de los pájaros permanentemente en nuestro recuerdo.

 

* Realizada en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco el 29/11/06.

 

 

 
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