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El deseo, más allá de la identificación

por David Irigoyen

Algunas indicaciones que brinda Germán García en el capítulo 1 de su libro “En torno a las identificaciones” nos sirven como guía para introducirnos a la relación entre el deseo y la identificación. Como orientación general podemos tomar su siguiente afirmación: “La teoría de las identificaciones plantea una manera de dirigir la cura, una teoría sobre el fin del análisis, a la vez que es una teoría sobre la constitución del sujeto, con sus identificaciones primordiales” (pág 15)

Voy a situar tres puntos principales.

1) Si la identificación es el primer lazo afectivo de un sujeto con el otro, según Freud, entonces la categoría lacaniana de Otro es impensable sin el concepto de identificación. En este sentido, la identificación implica íntimamente a la estructura, a la constitución del sujeto. Germán García se refiere a esto al tomar la afirmación de Lacan en el Seminario 9 en el que nos dice que en primer lugar “la identificación es el problema de la relación del sujeto al significante”. Es decir que si el problema constitutivo del ser humano es encontrarse afectado por el significante, por el lenguaje, esto no es sin la identificación. Entonces tenemos en primer lugar esta relación central de la identificación con el lenguaje.

2) La identificación se encuentra en relación con el fantasma a partir del complejo de Edipo. Si el fantasma es el modo en que un sujeto se fija a un objeto en tanto modo singular de satisfacción de una pulsión, los significantes que lo constituyen provienen del complejo de Edipo, y este se encuentra condicionado por las identificaciones infantiles. G. García ubica que “tanto la constitución del sujeto por un lado, y la del objeto por otro, dependen de las identificaciones”, y luego esclarece que “Las identificaciones aparecen como oponiéndose a las pulsiones y a la vez proponiendo un objeto a las pulsiones” (pág 18). La lógica falo-castración, es decir, la estructura del narcisismo, se encuentra atravasada por las identificaciones. La sexuación se encuentra determinada en este punto, ya que cito nuevamente a García: “Que haya hombres y mujeres depende de las identificaciones” (pág 18). Es por lo cual luego afirma que “Freud dice que lo más variable de la pulsión es el objeto, porque éste depende de las identificaciones. Según varían las identificaciones del sujeto pueden variar sus objetos de amor”. Entonces en este segundo punto tenemos a las identificaciones en relación al fantasma, al Edipo, al narcisismo y a la sexuación.

3) En tercer lugar retomamos una indicación de García en la que dice que “la palabra identificación tiene un doble sentido. Un sentido es identificar, o sea, reconocer algo que desapareció y aparece nuevamente. El otro es identificarse. Y el psicoanálisis quiere demostrar que es casi imposible identificar sin identificarse. Está aquí el problema y el límite de la teoría de la comprensión, ¿cómo identificar la estructura de ese mundo sin identificarme a la estructura de ese mundo?” En este tercer registro podemos pensar a la comunión o al rasgo que permite una identificación particular entre un sujeto y otro. “¿Cómo identificar el drama de la otra sin identificarme a ella?”, podríamos formular en la pregunta histérica. En este tercer punto la identificación y el síntoma son conceptos partenaires.

Tenemos así, entonces, desglosadas las tres identificaciones que diferencia Freud en el capítulo 7 de “Psicología de las Masas y análisis del yo”: la identificación primaria en relación con el Otro en tanto primordial, la identificación por resignación de un vínculo de objeto en relación al fantasma y al narcisismo, y la identificación histérica en relación al síntoma. Estas tres identificaciones implican un condicionamiento al deseo, estructuran al deseo.

El deseo, articulado pero no articulable, encuentra sus vías de expresión desfigurado a partir de las formaciones del inconsciente. En tanto designa aquello de la necesidad que no ha podido ser atrapado por la demanda, implica una especificidad y singularidad ineliminables, condición de todo sujeto. Esta especificidad y singularidad no implican que el deseo sea una experiencia del ser en el mundo que se viva de modo más o menos sentimental, sino que, más bien, se expresa de modo desfalleciente: el lugar del sujeto, entre los significantes, es el lugar mismo del deseo. Las identificaciones del complejo de Edipo implican el soporte fantasmático a partir del cual un sujeto en relación al Otro encontrará las vías de realización, insatisfacción o imposibilidad de este deseo. Estas vías se encuentran determinadas por los tres tipos de identificación, y la pregunta que se plantea es sobre el más allá de estas determinaciones.

Para avanzar en este “más allá” voy a tomar una sola arista del problema en relación al falo. Las vías de realización del deseo se encuentran condicionadas por el par presencia-ausencia, por lo simbólico. Porque la pregunta por el deseo, que es deseo del Otro, implica la pregunta por el objeto del deseo del Otro, cuya respuesta es el falo. Es así cómo los avatares de un sujeto neurótico se encontrarán con el límite del ser o del tener, ser el falo o tener el falo. Porque si lo único que demanda un neurótico es pervivir en el ser, es renunciando a esa identificación como podrá eventualmente tenerlo.

Por último quisiera terminar con una definición que da Germán García sobre el deseo del analista: “el deseo del analista es que haya psicoanálisis”. Es a partir de esta definición sencilla pero certera que se puede pensar, tal como lo plantea Miller, “la desidentificación del sujeto al inconsciente" como camino de un análisis, ya que no se trata de que haya psicoanalistas sino psicoanálisis.


David Irigoyen, Febrero-Marzo de 2020.



Nota: este trabajo fue presentado el 14 de Marzo de 2020 en el XXXIII Coloquio Descartes.

Bibliografía:

Freud, S. “Psicología de las masas y análisis del yo”; Amorrortu Editores, 1921.

García, G. “En torno a las identificaciones”, Otium Ediciones, 2009.

Miller, J.A. “La fuga del sentido”, Paidós, 2012.

 

 

 
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