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Adorno: El psicoanálisis revisado

Juan Pablo Lucchelli

Editions de l’Olivier acaban de publicar El psicoanálisis revisado, una conferencia pronunciada por Adorno en 1946 en la Sociedad psicoanalítica de San Francisco. ¿De qué se trata? Es uno de los trabajos más lacanianos de Adorno, aunque no es el único. No olvidemos que Adorno y Horkheimer habían, ya en 1944, puesto en relación la “Crítica de la razón práctica” de Kant con la filosofía de Sade, casi 20 años antes de la publicación fallida del texto de Lacan en la revista Critique, titulado “Kant con Sade” (1) (1963). Por lo cual tiene interés para nosotros. Adorno critica el psicoanálisis que tiene una “tendencia a concederle un papel más decisivo a aquellas motivaciones de tipo social o cultural (...) a expensas de los ocultos mecanismos del inconsciente.”(2) El enemigo está nombrado: se trata del culturalismo americano y es Karen Horney quien será puesta en la corriente “neo-freudiana” (podemos leer “post-freudiana”) americana, la cual no hace más que diluir el pensamiento freudiano en una “simple psicología del yo” (3). Pero ¿por qué Karen Horney? Como lo señala justamente Jacques Le Rider, quien hace el comentario del texto al final del libro, la conferencia de Adorno apunta más a Erich Fromm que a Horney. En efecto, Fromm formó parte de la Escuela de Frankfurt desde la primera época y, como los otros, emigró a América durante la guerra deviniendo el primer exponente del revisionismo neo-freudiano.

El texto de Adorno es muy agudo y se concentra sobre una crítica rigurosa y lúcida de los post-freudianos “americanos” que, “renovados con el acostumbrado lenguaje de los marxistas”, no hacen más que querer conciliar el psicoanálisis con el American way of life. Vayamos al meollo del tema. ¿Qué les critica Adorno a Horney-Fromm? Tendríamos la impresión de leer a Lacan: “(los post-freudianos) en lugar de la libido, quieren “introducir fuerzas emocionales, impulsos, necesidades o pasiones”” (4) En efecto, se trata de valores yoicos que no tienen nada que ver con la libido, si ella se comprende como la pulsión, la cual tiene un “objeto” diferente de los objetos narcisistas. Para Adorno, existe en los post-freudianos, la hipótesis de que la totalidad (imaginaria, para llamarla por su nombre) primaría sobre lo fragmentario (la pulsión): es exactamente lo opuesto de lo que ha sido dicho por Freud, a causa de la preeminencia de lo simbólico que es “discreto” (discontinuo, fragmentario). Al respecto, recordemos solamente, que del largo sueño de una de las pacientes de Freud, éste retiene como único elemento la palabra “canal” (5). Y Adorno añade: “La insistencia en la totalidad como antítesis del impulso único y fragmentario implica una fe armonística en la unidad de la persona, que en la sociedad existente es imposible y, quizá, para nada deseable.” (6) Una vez más, se abandona el sujeto freudiano (el inconsciente) en favor de un yo que debe estar en armonía con el medio (el ideal)- esto es lo que no seria deseable, según el autor.

Adorno critica el abandono, por parte de los post-freudianos, de la noción de “amenaza de castración”, afirmando que “la escuela neo-freudiana, al expulsar del psicoanálisis estos fenómenos, castra al mismo psicoanálisis.” (7) Es por esto que : “Precisamente la psicología del yo, a la cual se aferran los revisionistas, deberían sacar consecuencias de ello. (...) En la época de los campos de concentración, la castración es más característica de la realidad social que la competencia.” (8)- aquí se entiende la referencia a la competencia narcisista que se mide en torno del ideal. Por nuestra parte, estamos seguros que no habría aquí un uso imaginario e ingenuo de la noción de castración en Freud, sino más bien una manera de reintroducir la noción de goce (en el sentido lacaniano), y de la pulsión de muerte, en el centro del debate psicoanalítico, en una época donde las tesis freudianas no cesaban de confirmarse luego del descubrimiento de los campos de concentración nazis.

 

Lo que es aun más interesante, es constatar que podemos leer los propósitos de Karen Horney, en su libro Voies Nouvelles en Psychanalyse, citado por Adorno, en consonancia también con las “terapias cognitivo-comportamentales”: “Una sana y segura confianza en sí mismo descansa sobre una extensa base de cualidades humanas, tales como decisión, coraje, independencia, talento, valor erótico y capacidad de dominar situaciones.” (9) Vemos bien que el American Way of life prevalece sobre las diferentes tendencias terapéuticas. De manera general, Adorno critica el hecho que se deje de lado la noción de “pulsión de muerte”, lo que es característico de los post-freudianos y, sobretodo, de Erich Fromm.

 

El aliado incómodo

Erich Fromm fue una de las principales figuras del Instituto de Frankfurt (se trata del Institut für sozialforschung, creado en 1924 por Felix Weil). Ya en 1932 había publicado, en el primer volumen de la Zeitschrift für Sozialforschung, un artículo titulado “Método y objetivo de una psicología social analítica” donde dejaba explícitamente de lado los desarrollos de la metapsicología freudiana, sobretodo aquellos expuestos en “Más allá del principio del placer” y, en particular, la noción de pulsión de muerte. Sabemos que W. Reich, emigró también a los Estados Unidos, emprendiendo un camino similar. Fromm, una vez en los Estados Unidos, y luego de haberse alejado de Adorno y Horkheimer, devino con Karen Horney el más importante de los “neo-freudianos” a la americana: su libro “El miedo a la libertad”, sabemos, ha dado mucho que hablar.

Le Rider tiene razón en decir que Adorno era una “aliado incómodo” del psicoanálisis: él fue sobretodo crítico del mismo, no tenemos más que leer algunos párrafos de Minima Moralia para darnos cuenta (10). Pero en los Estados Unidos, se encuentra “en la situación paradójica de tener que defender a Freud” (11): debe, en efecto, recordar que se trata mas bien de “la peste” y no de los principios “edulcorados” y digeribles para la sociedad americana, según la versión Fromm-Horney.

¿Qué es lo que deberíamos retener de esta conferencia de Adorno? La lectura de la transformación americana del psicoanálisis devenido “ego psychology” y el deseo de un “retorno a Freud”- realizado por Lacan en Francia, llevado a cabo también más allá de Francia, si queremos conservar lo esencial del pensamiento de Freud. Quedaría también estudiar mejor (¿o quizá construir ?) las relaciones que habría entre Lacan y la Escuela de Frankfurt (Adorno, en particular). Ya hemos evocado el acercamiento hecho por Adorno y Horkheimer entre Kant y Sade, pero recordemos también lo esencial de la “teoría crítica” fundada por ellos: sobretodo refutan la idea misma del todo, del yo y de la identidad. Es Adorno quien ha podido escribir “el todo es lo no-verdadero” (si se considera el “todo” a partir de los cuantificadores, es siempre la excepción quien contiene una verdad). Es también Adorno quien tomará partido por Kierkegaard contra Hegel (recordemos que Lacan realiza una operación similar). Cuando pensamos a Adorno como en un “aliado incómodo”, ya que había sido crítico con respecto al psicoanálisis, debemos ante todo preguntarnos de qué psicoanálisis se trataba: ¿De aquel impuesto por el IIIº Reich a través del Instituto de psicoterapia de Berlín dirigido por Matthias Göring? ¿De aquel perteneciente a la “psicología del yo” a la americana dónde no es asombroso que muchos de sus partidarios tomaran luego la vía de las terapias comportamentales?

 

Habría sobretodo un punto que distingue completamente el psicoanálisis de las aproximaciones freudo-marxistas, “progresistas” y culturalistas, una diferencia fundamental: para ellos, es la cultura quien, a través de la represión (repression), produce la represión (refoulement) - tesis que podemos acaso encontrar en Freud. Para Lacan, es al revés. (13)

 

Nota: se mantienen las páginas de la versión francesa citada por el autor de El psicoanálisis revisado, y se agregan las páginas de la versión en castellano publicada por Siglo XXI editores, 1986, en Teoría crítica del sujeto. Ensayos sobre psicoanálisis y materialismo histórico. VVAA.

 

1 – Leer al respecto García G., “Y, cada tanto Sade ”, en Sade, la verdad / la verité, Buenos Aires, Atuel, 1995.

2 – La psychanalyse révisée, op. cit., p. 13. (Versión en castellano: página 16)

3- La psychanalyse révisée, op. cit., p. 15. (Versión en castellano: página 17)

4 - La psychanalyse révisée, op. cit., p. 18. (Versión en castellano: página 18)

5 - Freud, S., L’interprétation des rêves, Paris, Gallimard, 1967, p. 440-441.

6 - La psychanalyse révisée, op. cit., p. 22. (Versión en castellano: página 20)

7 - La psychanalyse révisée, op. cit., p. 23. (Versión en castellano: página 21)

8- La psychanalyse révisée, op. cit., p. 33-34. (Versión en castellano: página 27)

9 - Horney, K., Voies nouvelles en psychanalyse, Paris, L’Arche, 1951, p. 95 (citado por Adorno). (Versión en castellano: página 28)

10 - Adorno, T. W., Minima Moralia, Paris, Petite bibliothèque Payot, 2003.

11 – Citado por Le Rider, op. cit., p. 79.

12 - Minima Moralia, op. cit, p. 64.

13 - Lacan, “Télévision”, in Autres Ecrits, Paris, Seuil, 2001, p. 530. (En Psicoanálisis: Radiofonía & Televisión, Editorial Anagrama, 1993, pág. 113.)

 

 
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