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Amor y síntoma

Apertura a las X Jornadas de la EOL-Sección Rosario

por Adriana Testa

 

Con un contrastante tono poético, Freud dice en la Conferencia XVIII (año 1916-17) sobre las representaciones e impulsos inconscientes:

“huéspedes forzosos oriundos de un mundo extraño, cosas inmortales que se

han mezclado en el ajetreo de los mortales…”

Volver a Freud: debo decir que fue un recurso que usé el año pasado en este mismo lugar, en la apertura, y que vuelvo a usar este año, con el mismo fin, al abrir estas décimas Jornadas de la Sección, que festejo de este modo, sobre dos temas caros al psicoanálisis: el amor y el síntoma.

También debo decir que me gusta reconocer en este recurso un efecto de transmisión: la vía es masottiana. Oscar Masotta leyó a Jacques Lacan, comenzó su lectura de Lacan por los Escritos, con los libros de Freud al lado. Fue un lector, advertido por otras lecturas, que usaba las preguntas y los impasses planteados por Lacan para pasar ágilmente a los textos freudianos en una ida y vuelta permanente, más dispuesto a la lectura de las diferencias que a una reducción de las mismas.

Me centraré, esta vez, en las Conferencias de introducción al psicoanálisis siguiendo los comentarios e indicaciones de Jacques-Alain Miller en su Curso Los usos del lapso (1999-2000). Sin duda hay allí un punto de encuentro en el modo de lectura entre Masotta y Miller (en principio, proceden de un campo de formación común y en tal sentido comparten, en sus modos de lecturas, algunos sistemas de referencias).

Volvamos al fragmento, a la pieza (Stück) citada: "huéspedes oriundos de un mundo extraño". Recordemos que Freud llama pieza al sueño como un Stück, un trozo, del fantasear y extraigamos del fragmento citado algunas indicaciones en relación al tema que nos ocupa. A esa altura Freud está empeñado en fundamentar la existencia del inconsciente "captado fuera de la sesión analítica". Su meta es demostrar lo real del inconsciente y así lo plantea:

"… tacharemos de inconcebible que se pretenda objetarnos que lo inconsciente no es aquí nada de real en el sentido de la ciencia, sino un expediente, une façon de parler. ¡Algo no real de lo cual surgen efectos tan realmente palpables como una acción obsesiva!

Freud observa, constata, rituales, acciones automáticas. A esta altura está en pleno campo de la neurosis obsesiva, en lo que Miller llamó "La contribución del obsesivo al descubrimiento del inconsciente". Es notable observar que en los ejemplos a los que Freud recurre aquí, aparecen con frecuencia síntomas obsesivos en pacientes mujeres. Mientras que hoy, en el devenir de la práctica del psicoanálisis, decir histeria es decir mujer y decir obsesión es decir varón. Hoy, también, lejos de la Viena de los tiempos inaugurales, estamos nuevamente expuestos a revisar estas distinciones dentro de una misma estructura, así como también las diferencias entre las tres grandes estructuras de la psicopatología psiquiátrica que el psicoanálisis hace propia en su práctica.

Esas acciones obsesivas expuestas simplemente como interrupciones de la vida cotidiana son para Freud prueba de una intencionalidad acéfala, sin un sujeto que la oriente, es decir, sin un sujeto del conocimiento. Irrumpen con la fuerza motriz (Kraft) de la acción; fuerza energética es una de las palabras que define aquí el inconsciente. La fuerza de un mandato que tiene que ser obedecido y que en vano las damas de los dos casos relatados, en la Conferencia XVII , buscan el por qué, su causa.

"Es un inconsciente que ya está ahí -comenta Miller- inscripto, que opera, que es causa, sin duda causa semántica pero también causa eficaz, material, que se deja conocer por sus efectos … y esos efectos son intrusivos, vienen de otro lugar." . Estos son precisamente "los huéspedes oriundos de un mundo extraño". Si algo me seduce de esta frase es lo que anticipa (unos pocos años antes) de la noción de Das Unheimlich (1919), Lo siniestro o Lo ominoso (según las traducciones). La "extimidad" en Lacan como interpretación de eso que Freud define como lo familiarmente extraño o extrañamente familiar. Algo exterior (Stück), un fragmento no una parte, sino un fragmento al estilo de fragmento o pieza musical que se aloja en el núcleo íntimo.

Los "huéspedes forzosos" son esos síntomas que Freud analiza detalle por detalle en estas Conferencias… Huéspedes de "una comarca particular de la vida anímica". La Conferencia XVIII termina postulando, precisamente, el tercer descentramiento caro para la humanidad que viene de la mano del psicoanálisis: es Freud quien pretende demostrar con lo real del inconsciente que "el yo ni siquiera es el amo en su propia casa". Aserto que Richard Rorty tomará centralmente en su artículo "Freud y la reflexión moral” (1984).

Lo real del inconsciente. ¿De qué real estamos hablando? En relación a los mandatos superyoicos, a la realización de estas acciones obsesivas con las que Freud prueba la existencia del inconsciente, y que en términos de Lacan podemos escribir como significantes amos, Miller no tarda en afirmar que se trata de un "falso real". Lo real miente, "tratándose del inconsciente, Freud da a luz un nuevo real, el real fantasmático"

Ese algo de real que conocemos por sus efectos es supuesto. Es un real que inferimos a partir de sus efectos. Esa inferencia es desciframiento y esto quiere decir -en este punto- que la operación analítica consiste en dar un sentido a eso que se presenta como desprovisto de sentido.

En uno de los ejemplos ya célebres de la Conferencia XVII, Freud relata una historia de amor que Stendhal hubiera tratado como amor-pasión. Freud la llamó "el secreto de una vida". Miller la interpreta como una historia de amor loco.

Hay que decirlo, es un ejemplo anacrónico. Sin embargo, introducir estas escenas victorianas en el escenario contemporáneo tiene la virtud de captar mejor el tono y el alcance actual de las argumentaciones freudianas.

Es la historia de una mujer que repetía varias veces al día, entre muchas otras, una singular acción: corría de una habitación a otra vecina y allí se quedaba en un lugar determinado, cerca de la mesa ubicada en el centro, llamaba a su mucama, le daba una orden irrelevante o la reenviaba sin darle ninguna, y luego volvía al punto de partida.

Hacía más de diez años se había casado con un hombre mucho mayor que ella, que en la noche de bodas resultó impotente. Esa noche él corrió incontables veces desde su habitación a la de ella para repetir el intento, y siempre sin éxito. A la mañana siguiente dijo "es como para que uno tenga que avergonzarse frente a la mucama, cuando haga la cama"; y cogió un frasco de tinta roja, que por casualidad se encontraba en la habitación, y volcó su contenido sobre la sábana, pero no justamente en el sitio que habría tenido derecho a exhibir una mancha así.

La argumentación freudiana sigue la figuración onírica: la puesta en escena de aquella otra primera escena. Una cama y una mesa juntas. Ella entra y sale haciendo las veces de él. Y da la clave de la sustitución: cama y sábana por mesa y mantel. Allí mismo, un pié de página da pruebas por el lado de los usos del lenguaje: pasa por el inglés, "bed and board" y corre hasta el latín, "separatio a mensa et toro", una frase que designa la separación de los cónyuges. El llamado a la mucama. La mancha en el lugar justo. La presencia de la mucama, a quien muestra la mancha, encarna el superyó para ambos (para él en la noche de bodas y para ella en la repetición de la escena). Esto se extiende a toda la vida de la paciente, por eso Freud lo llamó "el secreto de su vida". En la actualidad de esa acción se cifra cada vez la realización de un deseo: "no, no es cierto, él no tuvo de qué avergonzarse frente a la mucama, no era impotente". La desmentida satisface el deseo de no querer saber nada del infortunio de entonces. Esta mujer vivió separada de su marido -cuenta Freud- y luchó contra la intención de anular el casamiento por la vía judicial. Se sintió obligada a seguir siéndole fiel y se retiró del mundo bajo las más diversas formas para no ser tentada. Ese es el secreto más profundo de su enfermedad: poner a su marido al abrigo de la maledicencia, justifica su separación de él. Miller, irónico, actualiza la interpretación freudiana: "tal es el sacrificio de la paciente, que está enferma para salvar ante los ojos de todas las mucamas del mundo la reputación de virilidad de su esposo."

Fiel a sus costumbres de lector, Miller traza aquí un orden razonado del conjunto de las Conferencias: por un lado están las referidas a la dimensión semántica, por otro, hay otra, la 27ª conferencia, que pertenece a un orden diferente, la satisfacción libidinal.

Lo que se mantiene entre su abordaje del inconsciente y su abordaje de la transferencia, es la doctrina del síntoma. El síntoma es Ersatz, es decir, un sustituto. Freud dice Ersatz Befriedigung, satisfacción sustituta, reuniendo así en relación a la sustitución sentido y satisfacción. A esas dos sustituciones se corresponden dos operaciones: la represión cuando se trata del sentido; la regresión cuando se trata de la libido. La transferencia es el tercer término que anuda estos dos modos de la sustitución. La libido transfiere, transfiere su energía a las representaciones que forman parte del sistema inconsciente bajo la forma de investiduras que están sometidas a la condensación y al desplazamiento.

Perdón a los colegas para quienes estoy diciendo un ABC muy elemental pero es el paso obligado para pasar a decir qué:

Primero: Que Freud siempre asocia el orden libidinal a la Bedeutung, por eso postula una significación de satisfacción. Esto llevará a Lacan a conceptualizar la libido como deseo y hacer del deseo un significado de la cadena significante inconsciente. (Cabe anotar una observación reciente de Miller (2008): que la traducción de la libido en deseo no es completa, en tanto queda un resto de goce). Lo real del inconsciente, siguiendo a Freud, consiste, aquí, en esas representaciones investidas por una libidotransferida. Dicho de otro modo "consiste en el fantasma, que es por excelencia el significante investido, el significante reprimido considerado como investido"

Segundo: Que Freud piensa la transferencia (un acontecimiento de estructura) a partir del síntoma y a partir de su incidencia sobre los síntomas. Es decir que la transferencia les sustrae su significación originaria, su Bedeutung originaria y se reorganiza en torno a un nuevo sentido que consiste en su relación con la transferencia. En relación al caso freudiano, Miller sintetiza muy bien esta cuestión: "Por un lado el inconsciente como sistema de representaciones reprimidas investidas, que produce efectos perfectamente sensibles en la realidad por la disrupción que introducen, en función de la cual la damita, la loca enamorada de su marido -aquí tenemos el amor loco- se fabrica una enfermedad sensacional para que él no tenga vergüenza frente a las mucamas; y luego por otro lado, hay una transferencia que testimonia de una incidencia libidinal que produce la reorganización semántica de los síntomas.". Introduzco el subrayado porque esa reorganización es lo que he llamado "el amor dicho de otra manera" (en un texto anticipatorio de estas jornadas) a partir del momento en que Freud captó ese atisbo de creencia sobre un posible sentido del síntoma ligado a una vivencia anterior.

Tercero: El sujeto supuesto saber de Lacan es una manera de decir lo inconsciente, más de una vez lo utiliza como su equivalente. Pero -observa Miller- esa formulación dice que lo primero es el acontecimiento semántico: los síntomas toman sentido en transferencia. Ese efecto de sentido es el que ocupa el lugar del referente aún latente. A ese lugar advendrá la significación de la satisfacción, todavía latente, que Lacan tomo del objeto a. Entonces, el acontecimiento semántico es la cualidad primaria de la transferencia respecto de la aparición de la referencia libidinal del objeto a, que viene luego. El SsS es el inconsciente en tanto le damos ese estatuto en la sesión analítica. Ese es un inconsciente, no es el inconsciente de la dama de la mancha, de la enamorada, es el inconsciente definido como sujeto y no como saber que ya está allí.

El inconsciente definido como sujeto es el inconsciente transferencial, es tyché el definido como saber ya inscripto obedece a leyes, es automaton.

Cuarto: Del lado del inconsciente como saber ya inscripto, podemos ubicar la definición de síntoma como goce a la altura del seminario RSI (1975): "Como la manera según la cual cada uno goza del inconsciente en tanto que el inconsciente lo determina"

Muchos años antes, en 1962-63, en el Seminario sobre La angustia, Lacan se refirió al síntoma como goce "en su naturaleza es goce, no lo olviden, goce revestido, sin duda, untergebliebene Befriedigung [satisfacción que permanece debajo, no realizada], no los necesita a ustedes como el acting out, se basta a sí mismo." Unas líneas más arriba leemos: "Tratándose del síntoma está claro que la interpretación es posible, pero con una determinada condición que la transferencia esté establecida (…) en su naturaleza el síntoma no es llamada al Otro, no es lo que muestra al Otro."

En este punto me parece de interés destacar lo incurable del síntoma como el rasgo más propio del valor del síntoma para el psicoanálisis. Es decir lo que de un síntoma singular se preserva del Otro. El resto sintomático "cae" por fuera de la experiencia de un análisis. Sobre él se trata por deducción. En Psicoanálisis, una política del síntoma, Germán García dice: "Basta revisar la etimología de la palabra síntoma para descubrir que allí cada uno se encuentra con sus porquerías, incluso con su cadáver. Es por eso que nuestro sinthome dice la verdad del inconsciente (inventado por Freud para decir que el deseo es el deseo del Otro y que el amor es la pasión que no quiere saber nada de este Otro para poder hacer Uno).

"Política del síntoma, entonces, será la interpretación (…) del retorno de la diferencia que "cae" de la identidad supuesta de cualquier enunciado".

Concluyo, entonces, que responder al sujeto que produce la suposición de saber desde una política del síntoma quiere decir necesariamente encontrar, cada vez, a un analista en el lugar del deseo de la máxima diferencia en su función de interpretar y a un analizante en la renovada decisión íntima de proseguir cada vez los desfiladeros de esa suposición hasta donde sea posible llegar.-

AT, agosto 2008

 

S. Freud. 18ªconferencia. "La fijación al trauma, lo inconsciente" en O.C., Vol.XVI: Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III). Amorrortu editores. Buenos Aires, 2005, pág, 254.

 

J-A Miller. Los usos del lapso. Paidós. Buenos Aires, 2004, pág. 56.

S.Freud. Ob. cit. pág. 254.

J-a. Miller. Ob. cit., pág. 59.

S. Freud. Ob. cit., pág. 261.

J-A. Miller. Ob. cit. pág 196.

J-A Miller. Ob. cit., pág 62

J-A. Miller. Ob. cit., pág. 58.

J-A. Miller. Ob. cit., sigo aquí los argumentos de las pp 60-61.

J-A. Miller. Ob. cit., pág. 61.

J-A. Miller. Ob. cit., pág. 67.

J-A. Miller. Ob. cit., sigo aquí los argumentos de las pp. 68-70.

J . Lacan RSI. Seminario 22, inédito , pág. 61.

J. Lacan. El Seminario. Libro 10: La angustia. Paidós. Buenos Aires, 2006, pág. 139.

G. García. Psicoanálisis, una política del síntoma. Alcrudo editor. Zaragoza, 1980, pág. 14

 

 

 
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