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Comentario en torno a un artículo de J. Carroy

por Elena Levy Yeyati

¿Es posible escribir una historia objetiva en y del psicoanálisis, desde fuera del mismo?

Voy a indicar dos puntos que dan un contexto de lectura al trabajo de Carroy sobre el estudio de caso psicoanalítico en torno al cual hoy estamos hablando.

I-La perspectiva de la idea de construcción versus la del realismo dentro del marco de la filosofía de la ciencia.

Sintetizando algunas ideas de Miller expuestas en El Otro que no existe y sus comités de ética(2005) diré que esta tensión se da entre dos posiciones extremas: por un lado están quienes destacan el carácter de semblante del saber y de las prácticas sociales y que son considerados ficcionalistas; y , por el otro, quienes consideran que hay un real que no tiene un carácter relativo y que es más que una forma de hablar de él y que son considerados realistas en un sentido duro. Lacan, al afirmar que la verdad tiene estructura de ficción, introdujo respecto de Freud una visión ficcionalista que se opuso a su perspectiva cientificista. Por esta razón el lacanismo entra en USA como narratología. Pero el ficcionalismo contemporáneo lleva al irrealismo escéptico que equivale al relativismo norteamericano. Aquí es donde cobra sentido realizar una investigación acerca de lo que podría constituir una orientación de la clínica psicoanalítica hacia lo real. Esta investigación debería tomar en cuenta alguna teoría de la referencia que, por lo que se desprenderá de mi exposición, tiene que tener cierta relación con el paciente real pero que debería cuidar de confundirse demasiado con la identidad civil de éste.

II- Las investigaciones historiográficas sobre psicoanálisis

Las investigaciones historiográficas sobre psicoanálisis, de las cuales forma parte el trabajo de Jacqueline Carroy, no son ajenas a lo que mencioné en el punto anterior.

Esto podremos verlo si contrastamos las ideas de la autora con algunos de los trabajos de historiografía de otros a los que ella misma nos remite. Si bien se basa en bibliografías comunes Carroy tomará distancia del movimiento de historiadores que pretende transformar la leyenda del psicoanálisis de dorada en negra. Sin embargo, a la hora de señalar una influencia pionera en su trabajo tanto Carroy, como los negros detractores del psicoanálisis, coinciden en una : la publicación de El descubrimiento del inconciente de Henri Ellenberger en 1960.

Para resumir mi introducción diré que hay distintos planos concernidos por el tema del estudio de caso psicoanalítico que voy a resumir en tres:

1-la retransmisión de un caso: ¿contiene algo real o es pura narratología?

2-los enunciados del psicoanálisis: ¿qué clase de verificación pueden tener?

3-ya que la verosimilitud de Freud y la historia de sus cuestionamientos son inseparables de una lectura política y transferencial, ¿es posible escribir una historia realista- objetiva en y del psicoanálisis desde fuera del psicoanálisis mismo?

A continuación, y siempre hablando en torno al artículo de Carroy, voy a repartir el comentario de estos temas en dos: el primero es acerca del modo- es mi interpretación- en que ella trata el realismo del caso psicológico y, el segundo, es acerca del cuestionamiento del caso psicoanalítico.

El realismo del caso psicológico

Dice Carroy: “Desde hace algunos años, muchos trabajos se han propuesto hacer una historia de los saberes “psi” focalizando la atención en los casos, particularmente, estudiando el rol de los pacientes en la elaboración de esos saberes, así como las relaciones que se han podido anudar entre los “psi” y sus sujetos...Existe un requisito realista en todo caso psicológico, es decir, éste no podría inventarse...Eso da lugar, según el término consagrado y utilizado en el s XIX, a una “observación”,o aun a veces, a una “auto observación”. De allí surge el interés tanto por la representatividad de los sujetos llamados “típicos” (de un carácter, de tipos de síntomas, de una enfermedad, etc) como por la identidad (civil) de estos mismo sujetos. “Los problemas de la representatividad y de la identidad del sujeto se revelaron como cruciales tanto para los psicólogos como para los historiadores del saber “psi”, dice la autora. Basándose en las tesis de Ellenberger, Carroy subraya la importancia que los sujetos inspiradores tuvieron en la historia de la llamada “psiquiatría dinámica”.

Henri Ellenberger fue un psiquiatra e historiador suizo (1905- 1993) comprometido con el Daseinanalyse. Los textos de H. Ellenberger que Carroy toma como referencia principal son el artículo “Psychiatry and its Unknown History”(1961) y el libro El descubrimiento del inconciente. Historia y evolución de la psiquiatría dinámica(1960).

Para darles una idea más amplia de lo que puede significar el realismo del caso en el horizonte de los trabajos a los que me refiero voy a hacer una breve puntuación sobre el primer artículo.

En “Psychiatry and its Unknown History”(1961) Ellenberger dice que hay dos modos típicos entre los que se distribuyen los grandes descubrimientos en psiquiatría y que no pertenecen al campo de la investigación científica:

1-un psiquiatra profundamente afectado de síntomas neuróticos se sobrepone a ellos ganando un insight de importancia para la psiquiatría.

2-un psiquiatra hace de uno de sus pacientes- por lo general una mujer histérica - objeto especial de investigación psicológica. El psiquiatra desarrolla con el paciente una relación larga, compleja y ambigua con resultados fructíferos para la psiquiatría.

Ejemplos del primer tipo son Robert Burton autor de Anatomía de la melancolía en el s XVII; Morel que en el s XIX propone el delirio emotivo (fobia) describiéndose a sí mismo; Freud de quien acababa de publicarse su correspondencia con Fliess y la biografía hecha por Jones; etc. En todos los casos el método consistía en exhaustivas auto observaciones.

Dentro del segundo tipo de descubrimientos juega un papel importante el carácter “mito poiético” del inconciente constantemente ocupado creando historias y mitos y que en la histeria se expresa a través del lenguaje de los órganos (aunque también opera en los sueños, los ensueños y las actuaciones: sonambulismo, posesiones, fugas, hipnosis). Ellenberger sostiene que es la histeria la que con sus misterios y engaños seduce a los investigadores quienes, a su vez, ejercen influencia personal en la cura de sus pacientes, lo que plantea la pregunta acerca de la naturaleza de esta relación. La relación es equívoca, ambigua y el terapeuta se deja conducir por los desvíos mitopoiéticos del inconciente de su paciente así como por sus propias expectativas. Una vez reconocida la equivocación (es palabra del autor) los resultados se traducen en una ganancia para ambos, ya que, con algunas excepciones, Ellenberger comenta que una vez liberadas de su histeria de juventud, estas mujeres revelaron tener aptitudes nada comunes, transformándose en personalidades sobresalientes que merecieron reconocimiento y respeto. Por su lado el clínico como resultado de ese encuentro atravesaba una transformación en el desarrollo de sus ideas, o al menos influenciaba a otros a través del relato de su experiencia, como puede verse en la influencia que tuvo el caso Anna O. para Freud a través de Breuer.

Para Ellenberger la ligazón entre la histérica y su médico es lo que marca la trayectoria de la “psiquiatría dinámica” que va desde Franz Anton Mesmer (1734- 1815), fundador de la doctrina del magnetismo animal, hasta Freud y Jung, pasando por Charcot y Janet.

Ellenberger señala que hay una relación de exclusión entre el positivismo en medicina y las tendencias que revalorizan la relación de la histérica con el médico. O sea que para Ellenberger la visión realista (no es un término de él) del caso convive con una apreciación romántica del psicoanalista, hipnotizado, él mismo, por un solo caso.

Por mi parte yo no comparto la idea de Ellenberger sino la de Germán García cuando escribe respecto de la supuesta continuidad de Mesmer a Freud que “Entre un inconciente y otro está la hiancia que separa al psicoanálisis del más puro misticismo”.

El caso en cuestión, la verosimilitud de Freud, las sospechas de Ellenberger

Ellenberger inspiró trabajos desmistificadores del psicoanálisis como el de F. Sulloway en 1979 (Freud Biologist of mind) o el de Mikkel Borch-Jacobsen en 1995 (Souvenirs d’Anna O.), quienes en 2005 reeditaron sus constructivas ideas en un “libro negro”. Ellos, como aquél, se propusieron liberar a la historia del psicoanálisis, de sus mitos y leyendas. Ellenberger decía que ese era el modo de poder reconocer objetivamente su invención. Los otros sólo se proponían destruirlo.

Todo empezó con la revelación de la identidad civil de AnnaO, es decir Berta Pappenheim. En el apartado “La obra de Freud: III- La teoría de las neurosis”, del cap VII de El descubrimiento del inconciente. Ellenberger dice: “Freud vio el punto de partida del psicoanálisis en la experiencia de Breuer con Anna O. Hasta la fecha, el relato más elemental sobre el psicoanálisis comienza con la historia de aquella joven cuyos numerosos síntomas histéricos desaparecieron uno tras otro, según Breuer conseguía hacer que ella los evocara en las circunstancias específicas que habían conducido a su aparición”... “El velo de la leyenda que rodea esta historia sólo ha sido parcialmente descorrido por la investigación objetiva”.

Jones acababa de publicar la biografía de Freud (1953) revelando el nombre real de la paciente. A partir de allí Ellenberger investiga la historia de esta mujer: sus orígenes, su educación, sus obras, y, fundamentalmente los documentos que daban cuenta del tratamiento que realizó con Breuer entre 1880 y 1882. “Existe una gran distancia entre las descripciones de la filántropo judía y asistente social Berta Pappenheim , y las de la paciente histérica de Breuer, Anna O. Si Jones no hubiera revelado la identidad de las dos figuras, es seguro que nadie la hubiera descubierto. En cuanto a la historia de Anna O, existen dos versiones, una dada por Breuer en 1895 y la otra por Jones en 1953”. Es Jones el que pone en circulación que la finalización del tratamiento de Breuer no coincidía con la curación sino con una interrupción brusca, luego de la manifestación de síntomas de un embarazo histérico: Breuer se escapa, se va de luna de miel con su mujer, la embaraza a ella, Anna O fue internada, etc. Para Jones la paciente había engañado al psicoterapeuta y el supuesto prototipo de la cura catártica no era una cura en absoluto. Comparando la versión de Breuer con la de Jones respecto de Anna O, Ellenberger observa en la de Jones una serie de inexactitudes- funcionales a una intención mistificadora del hombre Freud y su descubrimiento-, basadas en rumores y sin aplicar la regla del historiador “Compruébalo todo”. Para rehabilitar a Breuer, contra el desprestigio al que lo condena Jones, Ellenberger interpreta el caso de Anna O en continuidad con un tipo de casos que se daban con frecuencia en la década de 1820 pero que eran muy raros en 1880: a los viejos magnetizadores Anna O. no les hubiera parecido tan extraordinaria como le pareció a Breuer. Era uno de esos casos en los que la paciente dictaba al médico las pautas terapéuticas que tenían que utilizar, profetizaba el curso de la enfermedad y anunciaba la fecha de su terminación. “Claro está que en 1880, cuando el uso autoritario de la hipnosis había suplantado a la antigua terapia del regateo, una historia como la de Anna O ya no era fácil de comprender”, aclara el autor.

Pienso que estas observaciones se pueden utilizar para cuestionar su propia perspectiva continuista: cuando el Otro al que el síntoma se dirige ya no es el mismo, tampoco lo es su sentido.

Así, en el capítulo que estoy reseñando, Ellenberger concluye que una de las grandes dificultades para evaluar el grado y la naturaleza de la influencia del psicoanálisis se deriva del hecho de que “desde el comienzo, el psicoanálisis creciera en una atmósfera de leyenda, con lo que no será posible realizar una valoración objetiva sin separar antes los hechos verdaderamente históricos de los legendarios”.Luego de lo cual Ellenberger hace una interpretación “Una ojeada rápida a la leyenda freudiana revela dos características principales. La primera es el tema del héroe solitario que lucha contra una horda de enemigos, sufriendo “los golpes y picotazos de la violenta fortuna” pero triunfando al final. Con ello se exagera considerablemente la amplitud del antisemitismo, de la hostilidad del mundo docente y de los supuestos prejuicios victorianos. La segunda característica de la leyenda freudiana es el olvido del contexto científico y cultural en que se desarrolló el psicoanálisis; de aquí la afirmación de la absoluta originalidad de sus conclusiones, honrándose al héroe con los descubrimientos de sus predecesores, colaboradores, discípulos, rivales y contemporáneos”. Descartada la leyenda, podemos ver los hechos bajo una luz distinta. Freud se nos presenta como un profesor de la Europa central de su tiempo. Al poner el descubrimiento freudiano en una continuidad histórica con los magnetizadores e hipnotizadores Ellenberger termina por considerar que la innovación de Freud no consistió en la introducción de nociones como “resistencia” , “transferencia” e inconciente, sino en analizarlas como una herramienta básica del tratamiento. La originalidad freudiana consiste en la creación del método psicoanalítico, más que en los conceptos.

Podemos oponer la posición continuista del psiquiatra suizo- que le permite decir que la psiquiatría dinámica va del magnetismo animal al psicoanálisis- a lo que plantea Germán García (2005) en “Fluctúa pero no se hunde” donde señala que el inconciente de Freud debe separarse sin atenuantes de cualquier versión anterior. “Sería difícil hacer del inconciente romántico (a la Mesmer) un antecedente del que descubre el psicoanálisis” dice García.

La visión idealista de Ellenberger sobre la conformación de una historia del psicoanálisis y su transmisión tal vez radique en el hecho de que el autor no parece gustar de la distinción entre verdad material e histórica. Cuando propongo esta distinción pienso en la auto rectificación de Freud a la presentación de su Autobiografía. Para ello cito nuevamente el texto de García ““En El Porvenir de una ilusión formulé un juicio fundamentalmente negativo sobre la religión; más tarde hallé la fórmula que le hacía mejor justicia: su poder descansa, sí, en su contenido de verdad, pero esa verdad no es material, sino histórica” A la racionalidad de la verdad material (referencial)-continúa García-se la matiza con la verdad histórica convertida en realidad psíquica por las fantasías del deseo.”

H. Ellenberger me hace pensar que en su esfuerzo monumental por realizar una historia objetiva y realista del psicoanálisis, liberándolo de sus mitos y leyenda, pone en peligro fundamentos que forman parte de la disciplina misma.

Elena Levy Yeyati , marzo de 2006

 

Bibliografía

Carroy, J. “L’étude du cas psychologique et psychoanalytique (s XIX- XX) ” En Penser par cas. París. Ed. de l’EHESS (2005)

Ellenberger, H. El descubrimiento del inconciente. Historia y evolución de la psiquiatría dinámica. Ed. Gredos. Madrid (1960)

Ellenberger, H. “Psychiatry and its Unknown History” en Beyond the Unconscious. Essays of Henri Ellenberger . M.Micale, ed.Princeton University Press (1961)

García, G. El psicoanálisis y los debates culturales. Ejemplos argentinos Ed. Paidós (2005)

Miller, J.A. El Otro que no existe y sus comités de ética. Seminario en colaboración con E. Laurent Paidós (2005)

 

*Exposición realizada el 28 de marzo de 2006 en el Centro Descartes en la actividad de Lecturas Críticas: El estudio de caso (S XIX/ XX) en torno a un trabajo de Jacqueline Carroy.

 

 
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