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Loe, un cuerpo adverso

por Giselle Ringuelet

 

Louise Dorothea Kan (Loe), esposa de Jones, mantuvo una relación muy particular con el psicoanálisis; en un primer momento, lo repudió por considerarlo “peligroso”, pero finalizó coqueteando e interesándose teóricamente por él.
Enviada por su esposo, inició un tratamiento con Freud a fines del año 1912, después de prolongados períodos de padecimientos, en donde su cuerpo era el principal depositario: “pielonefritis con cálculos y otras complicaciones”, “dolores severos casi permanentes para los que ha tenido que tomar enormes dosis de morfina”, “ataques cardíacos y gástricos esporádicos”, además de obsesivas ideas de muerte, entre otros síntomas.
Esta mujer, considerada por Freud como “un tesoro” (carta 123), movió los delgados hilos de una comedia de enredos que cuestionó al psicoanálisis.
Tres eran los personajes centrales, ella misma, su esposo Jones y Freud, mientras que el cuarto lugar fue ocupado alternativamente, por, Adolf Meyer, Maeder, Lina, Herbart Jones su segundo marido y por último Anna Freud.
Esta trama se evidencia a través de la correspondencia entre Freud y Jones; desempeñando las cartas un papel importante en el tratamiento de Loe. Freud y Jones escriben sobre Loe y ésta pide a su esposo que le contara cómo Freud registraba sus progresos.
Mujer excepcional, que a juicio de Freud, era “ demasiado para hacer feliz a un trabajador” (carta 192 ), manifestó como condición previa para comenzar el análisis que no se la forzase a creer ideas contrarias a su voluntad (carta 66)
Louise Dorothea Kan, con un cuerpo doliente y adicta a la morfina, creó en Freud dudas y preocupaciones que se anexaron al tratamiento analítico. ¿ A qué cuerpo, se remitía Freud, cuando estaba la morfina en el medio?. Los intentos por deslindar si la afección era biológica o si obedecía a su histeria fueron evidentes y se pusieron en juego en las intervenciones, así como su interés en disminuir las dosis de morfina.
Esta duda de Freud acerca del origen de los síntomas corporales, provocó en Loe una ira que fue descargada en una carta dirigida a su esposo. Pero lo cierto, es que esta pregunta parece haber sido un tema permanente y no resuelto en el tratamiento. A pesar de que Freud ubica, a partir de los síntomas corporales de su paciente, a su neurosis como mixta, es decir por la admisión de enfermedades orgánicas y la histeria suplementaria (carta 175).
Freud, según los diferentes momentos del tratamiento, varía el pronóstico de su paciente. En algunos parece vislumbrar algún cambio (1) y en otros (2) es escéptico que una verdadera modificación se produzca.
Pero, para Freud, el principal obstáculo a franquear en el tratamiento con Loe, es lo que denomina “resistencia contra las relaciones sexuales normales” (cartas 111 y 115). Es decir, considera difícil poder acceder a lo que cree causa de su neurosis, ese núcleo real que tiene efectos sobre el cuerpo de la paciente. En este punto Jones describió con singular maestría a Freud (carta 105),cómo ubicaba él, los ataques que sufría su mujer, cuando en noviembre de 1912, manifestó: “...He visto muchos ataques de ésos, y es terrible vivir con ellos. Con ningún paciente he tenido una impresión más vívida de las aterradoras fuerzas reprimidas en el inconsciente como con mi mujer es como si un horrible abismo de negra e inalterable desesperación e impotencia bostezase de repente enfrente de uno, y se estuviera paralizado e impotente, frente a un terrible Abgrund (abismo)..”(3).
Llamativamente, diez y siete años antes (en julio de 1895), Freud., con el propio sueño de la inyección de Irma, ubicaba un momento fecundo del psicoanálisis a partir de haber develado el enigma del sueño (4). En la frase lo que yo vi en la garganta una mancha blanca y cornetes con escaras, sitúa el ombligo del sueño, el lugar que se conecta con lo no conocido, con lo insondable.
Pero a qué obedecen los ataques que Loe padecía?
Si volvemos al sueño de la inyección de Irma, vemos como Freud cuenta lo que pasa entre él y ella. Él se queja de la histérica por no haber aceptado su saber, ella insiste y se queja al maestro describiendo los dolores corporales de los que padece. Freud duda y llama al saber médico que en este caso se interpone entre él y los síntomas de las mujeres que están condensadas en Irma..
En este sueño, entonces, algo se desanuda en relación a Freud y la femenidad. Pero a Freud le quedará por comprender “cómo pudo haber tenido tanta razón, sin obtener la razón de su querer”(5)
En 1913, período en el que Freud estaba tratando a Loe, publica el motivo de la elección del cofre, en donde anuda la mudez, el esconderse y no hallarse con la muerte, principalmente, en las mujeres. En ésta época el enigma para Freud era, como señaló G. García (6)la mujer y su secreto del deseo, para luego ubicar como obstáculo en la cura, el repudio de la femenidad que no es otra cosa que “una parte del gran enigma de la sexualidad” (7).
Entonces, como acabamos de señalar, la pulsión en Freud, ya en 1913, traza un recorrido y “el verbo en voz activa no se muda a la voz pasiva, sino a una voz media reflexiva” (8). Además en Las Pulsiones y sus destinos (1915), Freud se interesó por el padecimiento de sus pacientes cuando descubre que éstos se someten al castigo de sufrir. Encontrando en esto un exceso: “las sensaciones de dolor, como otras sensaciones de displacer, desbordan sobre la excitación sexual y producen un estado placentero en aras del cual puede consentirse aun el displacer en el dolor”.
Pero va a ser recién en 1920, cuando Frued encuentra un más allá del principio del placer con la pulsión de muerte, que implica un movimiento hacia la muerte que afecta al viviente en cuanto tal y también al cuerpo, ya que para Freud obedecen a la misma lógica.
Sin embargo, recordemos que en la época que Freud analizaba a Loe estaba interesado en establecer diferencias entre las patologías. Entre los diferentes cuadros, Freud distinguía las neurosis actuales, de las neurosis de transferencia, ubicando en las primeras un resto, en donde “sus síntomas no se pueden descomponer analíticamente como los psiconeuróticos”(9), es decir “no consienten su reconducción histórica o simbólica”(9).
Pero, Freud en una de las cartas (175),se remite a la novela familiar de la paciente e interpreta que el problema del riñón se explica en su totalidad, por la relación con la madre. Cabe aclarar que en una carta anterior (carta 111), éste le dice a Jones que no ha vuelto “ningún otro ataque de riñon”, luego del primero que acabó con una larga carta dirigida a su esposo en donde se quejaba que Freud no confiaba en ella que no creía lo que le decía, además de sentirse “obligada, intimidada y provocada por el maestro” (carta 100) .
Además, en relación a la elección de objeto sexual, Freud considera que éste puede estar influida por el sexo del padre que ejerce la prohibición, siendo opuesta a éste (carta 175).En este punto podemos encontrar una semejanza con la histeria de la pequeña K analizada por Lou Andreas Salomé en la medida que ésta, como señala G. García, (10) elegía a los hombres que carecían de los atributos paternos. (Pero en este caso se carece de los dichos de la paciente que nos permita establecer goces e identificaciones ).

Ahora bien, retomando lo que Freud consideraba como anormalidad sexual de Loe, tenemos que ésta se extendía, para el maestro, a su homosexualidad (carta 175) y a su frigidez (carta 111).
En relación a la primera, Freud la ubica (en Introducción al narcisismo), como una perturbación del desarrollo libidinal que implica una elección de objeto narcisista, (es decir, en relación a su propia imagen); remitiéndolo en Loe a una inhibición sexual temprana (carta 175). Mientras que, al hablar de la frigidez, Freud (11) es menos categórico , al considerar que todavía no se había llegado a entender bien la frigidez permanente. Si bien la encuentra como “una de las condiciones genéticas de la neurosis”.
Entonces, ¿qué es lo que impide a Loe, cernir ese real que la comanda ?: ¿ se puede pensar que se debe a que el discurso de la paciente, no se zambulle en las profundidades, cuando aborda diferentes temas ?(como dice Freud en la carta 111), ¿qué no cree en el psicoanálisis (carta 146), o que, como se mencionó, Loe tiene certezas que no está dispuesta a cambiar?.
En marzo de 1914 (carta 180), Freud anoticia a Jones de un exhaustivo examen médico practicado a Loe, del cual si bien se desprendían algunas causas orgánica de sus dolores otras no encontraban explicación desde la medicina. El dilema seguía abierto y llevaba a Freud a encontrar en su paciente algo desconocido que no podía aprehender con los conceptos hasta el momento elaborados.
En el mismo mes, Loe admite que las conclusiones del psicoanálisis son correctas pero concluye que éste no sirve de ayuda dado que es una ciencia, no un tratamiento. Su interés teórico por el psicoanálisis, conllevaba la convicción de que éste no cambiaría nada (carta 183).
La condición previa a iniciar el tratamiento, se pone en juego y las ideas marcan un destino inamovible en donde el cuerpo continuaba siendo el principal depositario de su padecimiento. Goce femenino, que Lacan ya en el Seminario V, había atisbado como algo cerrado sobre sí mismo.
Loe, entonces, al “elegir su neurosis”, y considerar al inconsciente como un destino que elige cada quien, y que no estaba dispuesta a cambiar, mantiene su goce a toda costa (12). Síntomas que conllevan, en Loe, un goce que ubica su cuerpo como adverso.
Este rechazo del cuerpo histérico, como señala Miller (13), es doble: ya que el cuerpo rechaza obedecer al alma, a la finalidad de autoconservación y por otro lado, ese cuerpo rechaza el cuerpo del Otro; lo que implica que la relación sexual se manifiesta como problemática.
Pero además Loe agrega a su padecimiento corporal, el consumo de morfina; que si bien había disminuido considerablemente, en el primer período de tratamiento, se había incrementado cuando retomó el mismo en diciembre de 1913. Pero, al mes siguiente, con la llegada de Davy (el que sería su segundo marido), Loe se vuelve más accesible al análisis y en marzo Freud le presenta a Jones la historia que creía resuelta

“Sé (ella no) que se proponía darle un hijo a su padre, acumulando el contenido del tubo digestivo con ese propósito y que se volvió con ira incontenible hacia la madre por hacerla “abortar”, por destruir ese hijo en formación con los enemas diarios. La repuslsión se produjo después de que hubo tomado un esposo (usted lo conoce) que llenaba dos condiciones paternas importantes (“ayudar al padre” es una; “mostrar su pene al hijo, la otra); ella se convirtió en su madre y desde entonces, ella y la madre pugnan en el interior de su alma”

Ahora bien, como plantea, Forrester “¿hasta qué punto consideraba Freud la adicción de Loe a la morfina como una repetición de los castigos materno, los enemas diarios?”. Sabemos que Loe no pudo abandonar la morfina mientras duró el tratamiento y concluido éste, en julio de 1914, aumentó sus dosis frente a la agudización de sus dolores.
Freud, nuevamente se siente cuestionado, ya que la paciente mantiene abierta la dehiscencia organismo – cuerpo, con dolores en diferentes partes del cuerpo. Pero en este caso no se queja, como lo hizo en el sueño de la inyección Irma, de que su paciente no aceptó su saber. Sino, que por el contrario parece que le otorga a Loe un saber sobre la feminidad, cuando le confía a su hija Anna para llevarla a Inglaterra, en momentos que sospecha intenciones amorosas por parte de Ernest Jones.
Para Freud, Loe era alguien “extraordinariamente anormal”, oximorón que habla de alguien excepcional, de “alguien que debe ser juzgada por si misma, y mediada por un rasero a su medida” (carta 192).
Como señala Graciela Musachi, todos conocemos, la frase “La mujer no existe”, que implica que nada dice qué es esa mujer, a excepción de su goce. ¿Podemos, considerar entonces , que fue el modo singular de gozar de Loe lo que sedujo a Freud y le planteó interrogantes sobre el querer de las mujeres que sólo pudo vislumbrar?

Notas


1) carta 99, carta 111, carta 115, carta 139, y carta 175
2) carta 123 (anormalidad profunda), carta 164, y carta 192 (una extraordinaria anormalidad).
3) Párrafo que fue destacado por Graciela Musachi, en un encuentro del módulo, “CUERPO ADVERSO- CUERPO COMPLICE, La clínica del cuerpo”, en marzo del año 2.003
4) Carta que Freud dirige Fliess en 1900.
5) P. Laurent Assoun Freud y la mujer Nueva Visión 1994 pag. 100
6) G. García Notas sobre la femenidad, en PSICOANÁLISIS Una política del síntoma
7) S. Freud Análisis terminable e interminable 1937
8) S. Freud Pulsión y destino de pulsión 1915. Amorrortu editores, pag. 123
9) S. Freud Contribuciones para un debate sobre el onanismo 1912
10) G. García La pequeña K. En D´ESCOLAR Atuel – Anáfora
11) S. Freud El tabú de la virginidad (contribuciones a la psicología del amor III) (1918-1917.
12) G. Musachi Otra satisfacción en Rev. El envés. Año 1. Nro 2. Diciembre de 1999
13) J. Alain Miller Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo Colección Diva
BIBLIOGRAFÍA
- Enrique Acuña y María Inés García Urcola. La Pulsión, en Cuadernos de Psicoanálisis Número 1. Conferencias de Introducción al psicoanálisis. La Plata 1997
- Sigmund Freud, Ernest Jones Correspondencia completa 1908 – 1939. Editorial Síntesis.
- G. Musachi MUJERES EN MOVIMIENTO, Eróticas de un siglo a otro. Fondo de Cultura Económica.Año 2.001.
- J. Lacan Las máscaras del síntoma en Seminario V (1957-1958)
- Forrester Sabina Spielrein y Loe Kann: dos triángulos analíticos en Las Mujeres de Freud.

 

 
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