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Entre síntomas

por Myriam Soae

 

La práctica con niños se establece en un borde particular caracterizado por las variaciones entre distintos discursos, que van estableciendo, de acuerdo a la época, configuraciones respecto de la infancia.
El psicoanálisis está en diálogo con estos discursos que definen concepciones acerca del niño, de sus síntomas y de sus producciones.
En esta dialéctica discursiva, el psicoanálisis aportó formas de pensar al niño, que en ciertos momentos de la historia fueron del escándalo a la apropiación de las hipótesis, en algunos casos indiscriminada. Tanto en el campo educativo, el médico como en la Psicología evolutiva, se incorporaron ciertas formas de concebir al niño que fueron aplicadas incluso en los distintos tipos de abordajes.
La situación actual muestra variantes, hoy se priorizan en el campo social las perspectivas cognitivas que pugnan por la adaptación inmediata y eficaz del niño a sus circuitos, familia y escuela.
Un niño que llega hoy a consulta viene cruzado por otros lenguajes. Es producto de una trama que clasifica ya sus síntomas y lo deja detrás de una definición categórica, incluso con ecos mediáticos, como el abuso sexual, el trastorno por déficit de atención, la depresión, el fracaso escolar, etc.
La propuesta del trabajo es pensar ¿cómo responde el psicoanalista a los síntomas actuales de la infancia?.
“La ética es la óptica que rige una investigación y el pensamiento acerca de la infancia”. Esta frase que Ben Bradley destaca en la introducción de su libro Concepciones de la Infancia, me parece apropiada para pensar que hay detrás de la confusión de lenguas existente en la descripción de la sintomatología de los niños.

Actualidad de los tres ensayos para una teoría sexual
Escrito en 1905, los tres ensayos encierran la esencia de la sexualidad infantil y su importancia en la conformación de las neurosis. Revisar el texto permite reubicar los síntomas actuales de la infancia en la perspectiva freudiana. Esta enmarca al niño en un cuerpo tumultuoso, en el que vibran pulsiones que entran en cortocircuito con las posibilidades simbólicas del niño y con la moral familiar.
A partir del material pulsional, que el niño puede traducir en palabras, estructura su realidad. Aunque siempre queda un resto indecible. El trauma sexual implica la falta de recursos simbólicos para nombrar lo real del cuerpo, la falta de correspondencia entre la excitación de su cuerpo y su universo de palabras.
Este cruce cuerpo / lenguaje deja marcas de goce que pugnan, a través de la repetición, alcanzar lo imposible, el goce perdido. Esta búsqueda fallida encuentra a su paso formas particulares de realización en síntomas o en meros estallidos de angustia, que se transforman en manifestaciones corporales inclasificadas.
Freud traza un mapa del cuerpo del niño, zonas erógenas en las que se adhiere un plus de placer a la función fisiológica. Parte de la biología de un cuerpo para dar cuenta como se transforma en un ser sexual. Describe así como la epidermis y las mucosas se transforman en un terreno erótico a partir de los estímulos recibidos del Otro. Brinda especial atención al carácter rítmico del estímulo y pone énfasis en su cualidad.
“La madre atiende al niño con sentimiento procedente de su propia vida sexual, y le acaricia, besa, y mece, tomándole claramente como sustituto de un completo objeto sexual”. Advierte que la ternura sin medida genera en el niño una demanda insaciable, causante de “los más claros síntomas de futura nerviosidad”. Podemos pensar a esta nerviosidad como correlato de lo llamado actualmente hiperactividad.
En la descomposición de la pulsión que Freud realiza cobran relevancia el saber, la crueldad, el dominio, la compasión, la exhibición, la contemplación presentes en el niño, cuya intensidad o falta producen trastornos de diversa índole. Por ejemplo describe a la crueldad como un componente pulsional que en exceso ,cuando no está sublimado por la falta de compasión ante el dolor ajeno, provocaría la necesidad de ejercerla hacia sus pares y de generar la raíz erótica del masoquismo. Esta hipótesis la vuelve a sostener cuando expone una de las fuentes de la sexualidad, la actividad muscular, el contacto cuerpo a cuerpo que se produce en las luchas entre compañeros. Una buena traducción de la llamada actualmente violencia escolar.
El motor del saber es la necesidad del niño de dar respuesta al enigma presentado por el origen, que conlleva a la construcción de las teorías sexuales infantiles, cuya renuncia produce muchas veces una “interrupción duradera del instinto del saber”, explicación de los atrasos en el aprendizaje. En esta línea sostiene que “el estado de excitación sexual puede influir en nuestra disponibilidad sobre la atención susceptible de ser dirigida”, una explicación posible a los trastornos de la atención.
La organización pre-genital imprime en el cuerpo erógeno fijaciones libidinales, cuya variada intensidad en las diferentes zonas, proyectará trastornos diversos, de la alimentación, del orden intestinal, de la micción ,siendo estos correlativos a un intento fallido de satisfacción. Podemos pensar en esta línea la obesidad infantil, la enuresis, la incontinencia o estreñimiento.
Cuando en el niño se van construyendo los diques contra la intensidad pulsional, sea el pudor o la vergüenza, la repugnancia o el asco y la moral, el cuerpo encuentra nuevos enlaces, ya sean en objetos o en significaciones provenientes del Otro.
Para graficar al niño de los tres ensayos me parece pertinente remitirme a dos cuentos de Silvina Ocampo, El Pecado Mortal y Viaje Olvidado, quien describe puntillosamente, en varias de sus producciones, el torbellino pulsional de la infancia y la contradicción que surge en su encuentro con Otro simbólico.
La protagonista de El pecado Mortal es una niña próxima a tomar su primera comunión, quien narra adiciona a su observación, sus juicios y prejuicios.
“ Con una flor roja llamada plumerito, que traías del campo los domingos, con el libro de misa de tapas blancas (un cáliz estampado en el centro de la primera página y listas de pecados en otra), conociste en aquel tiempo el placer – diré- del amor, por no mencionarlo con su nombre técnico; tú tampoco podrías darle un nombre técnico, pues ni siquiera sabías donde colocarlo en la lista de pecados que tan aplicadamente estudiabas. Ni siquiera en el catecismo estaba todo tan previsto ni aclarado.
Al ver tu rostro inocente y melancólico, nadie sospechaba que la perversidad o más bien el vicio te apresaba ya en su tela pegajosa y compleja”.
El dique impuesto por la moral siempre deja un espacio de fuga pulsional. Los diques permiten la insistencia de los restos.
En el cuento Viaje Olvidado la protagonista es una niña que, no convencida por la explicación adulta de la cigüeña, se pregunta por el origen, “intentando recordar su nacimiento”. Va inventando soluciones que no le cierran y se atormenta al no poder tener respuesta a ese enigma. Cuando otra niña le confirma “con palabras atroces, llenas de sangre: los chicos que nacen no vienen de París”, su incredulidad se refuerza. La falta de crédito a las teorías oficiales la afectaban cuando llegaba la noche “una angustia mezclada con todos los ruidos de la calle subía por todo su cuerpo. No podía dormirse de noche aunque su madre la besara muchas veces antes de irse al teatro. Los besos se habían desvirtuado”. Podemos pensar que se había conmovido su universo.

De la angustia al síntoma
Las posiciones lógicas que ocupa un niño en el encuentro con el Otro primordial, (alineación – separación, sustitución fálica – completud imaginaria, entrada en el Edipo – castración), están cargadas de cierta ambigüedad constitutiva. Brindan una plataforma para su subjetivación dejándolo a la vez en un laberinto frente al deseo del Otro. Este laberinto no es transitado sin angustia.
La elaboración freudiana respecto de la angustia gira en torno a la perdida de objeto. La define como algo sentido, del orden de lo displacentero. Es una perturbación económica, un exceso de libido no ligado. En esta línea se pueden pensar ciertas manifestaciones corporales que no llegan a constituirse en síntomas para el niño.
En esta posibilidad de pérdida está conmovida la relación del sujeto con el Otro que implica, para el sujeto, adquirir una nueva posición desplegando la pregunta por el ser.
La angustia surge cuando está conmovida la existencia del sujeto, Lacan sostiene, en el seminario 4, La relación de objeto, que “es correlativa del momento de suspensión del sujeto, en un tiempo en el que ya no se sabe donde está, hacia un tiempo en el que va a ser algo en el que ya nunca podrá reconocerse” .
Por lo tanto la construcción del síntoma implica la posibilidad de elaborar simbólicamente una salida a la angustia. El síntoma permite un escape.
En la observación de la fobia de Juanito (seminario 4) se destaca al síntoma como una pregunta que habilita un nuevo campo de significación. Juanito construye su fobia como salida a la angustia suscitada por la falta de correspondencia entre su ser y el deseo del falo de su madre. La sustitución que lo tomaba por falo materno se rompe. Este tiempo es correlativo a: 1) un real corporal, la presencia de su pene real que no puede enlazarse a su universo de palabras, 2) el nacimiento de su hermana Ana que conmueve el narcisismo del niño y su ideal del yo 3) la castración materna 4) la pregunta por un padre 5) la pregunta por el deseo de la madre.
La angustia se liga así a significantes particulares que forman su fobia. Este síntoma permitirá una permutación fantasmática a partir del despliegue de los elementos presentes en el discurso del niño, derivados de su producción imaginaria (dibujos, juegos, ocurrencias). Lacan va más allá de la interpretación invasiva del padre de Juanito que, por momentos, tapona de significación el enigma presente en el significante (modelo de cierto psicoanálisis con niños, en el que se supone que el que conduce la cura sabe cabalmente lo que eso quiere decir). Por el contrario ubica el valor de significante, en su aspecto formal y destaca lo que este porta de goce.
Va corroborando como en las distintas fantasías que despliega el niño, estas “constelaciones significantes”, está operando un sistema de transformaciones que introduce variantes en las posiciones subjetivas de Juanito, a partir del análisis de los detalles.
Desde esta perspectiva el síntoma, aquí la fobia, deja de ser la tontería, como lo nombra el padre por consejo de Freud, para convertirse en representante del enigma del sujeto frente a su ser sexuado y a la no relación sexual.
Por analogía podemos pensar las distintas formas de concebir un síntoma en un niño, una molestia a erradicar lo más rápido posible (por lo general molestia para los otros, los que lo traen , los que lo derivan), algo a normatizar por los valores edípicos, o una pregunta a desplegar que atañe su ser.
Si la neurosis de un niño es una pregunta cerrada, organizada, sus síntomas, como sostiene Lacan, se pueden entender como “elementos vivos de esta pregunta articulada sin que el sujeto sepa lo que articula”. Precisamente en el tiempo de despliegue, que será el análisis, el sujeto menor de edad, tendrá en principio que apropiarse del síntoma o sea saber de que se trata. Esta apreciación viene a cuento de las diferentes posiciones de un niño con aquello que ocurre, puede venir queriendo saber, puede venir por que lo que le ocurre es disfuncional para otros. En este caso, aquello responde más una complicidad fantasmática del sujeto difícil de conmover.
El síntoma de Juanito está en posición de responder a “lo que hay de sintomático en la estructura familiar”, según las definiciones de Dos notas sobre el niño. Hay otras perturbaciones que no tienen estructura de síntoma y que son relativas a la posición del niño como correlato de objeto materno. En estos casos el análisis abriría la posibilidad de construir un síntoma propio, sería la plataforma para la creación de un nuevo campo de significación.
La relación del síntoma de un niño con la sexualidad femenina abre la sustitución niño = falo, presentando otros enigmas posibles ¿qué desea mi madre como mujer?, ¿qué desea más allá?. También incorpora la dimensión del niño como condensador de goce de la madre.

El Witz como salida del síntoma
El significante aporta la posibilidad de jugar constantemente con el sentido, abriendo la dimensión del sin sentido, del malentendido, que guía hacía las vías del lenguaje como aparato de goce.
En el juego que un niño establece con el lenguaje, es más palpable el cruce de la palabra con el goce. “El niño realiza directamente lo que nos lleva al colmo de lo absurdo”. Podemos pensar que de lo que se trata en el curso de la cura, como salida del síntoma, es que el niño pase de la ingenuidad al ingenio. La ingenuidad está definida como inocencia, sencillez, y establece una vía de relación llana con el lenguaje. Mientras que el ingenio es, según el diccionario, la facultad del espíritu que permite discurrir e inventar, una facultad poética y creadora. En este sentido se inscribe el Witz, la agudeza, que inaugura una relación distinta con el Otro, incorporando la terceridad.
El Witz establece una nueva relación con el lenguaje en la que el niño “es el amo del juego”. Ser el amo del juego es ganar una salida a la dualidad desconcertante.
Pero como el que sanciona y garantiza esa creación es el Otro, el analista, como su representante en un tiempo de la cura, tendrá que darle crédito, atribuirle a la ocurrencia carácter de “ingenuidad fingida”.
Esa es la diferencia que ubica al psicoanalista en otro plano. Mientras que la vertiente psicoterapéutica se duerme ingenuamente en la inocencia infantil, el psicoanálisis responde con el ingenio.

Para concluir... frente a la fascinación actual por la infancia, el psicoanalista responde, sosteniendo con su acto, que un niño es entre palabras, miradas, cuerpos, síntomas. En ese entre confuso se concibe, se humaniza, se desarrolla.

 

Bibliografía


• Bradley, Ben S., Concepciones de la infancia. Introducción crítica a la Psicología del niño, Alianza Editorial, Madrid, 1992.
• Freud, Sigmund, Tres ensayos para una teoría sexual, 1905, Obras Completas, López Ballesteros.
• Freud, S., Análisis de la fobia de un niño de cinco años, (el pequeño Hans) 1909, Tomo X, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1998.
• Lacan, Jacques, Seminario 4, La relación de objeto, Paidós, Buenos Aires, 1994.
• Lacan, J., Seminario 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1999.
• Lacan, J., Dos notas sobre el niño, Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1993.
• Ocampo Silvina, Cuentos Completos I, Emecé Editores, Buenos Aires, 1999.

 

 
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