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Versiones de la bisexualidad

Por Myriam Soae

La temática que aborda este trabajo es un cruce entre los dos módulo que integro, Referente/ Infancias y Cuerpo adverso – cuerpo cómplice, la clínica del cuerpo femenino ya que es nodal en lo que concierne al tratamiento de la sexualidad humana.

Los conceptos que se relacionan con la bisexualidad son tan diversos y con tanto peso referencial dentro de la teoría que han opacado su importancia y su valor de enigma freudiano. Precisamente un enigma que inquieta a Freud desde sus primeros trabajos y que continuara preocupándolo hasta el final. ¿Un límite teórico?, un agujero que como tal generó efectos de producción en los cimientos mismos de la teoría y que acompaña al autor a través de sus transformaciones. Un problema sin solución, como dice Graciela Musachi, cuya búsqueda de respuesta es la solución misma.

Al contrario de lo que pareciera la bisexualidad está lejos de haber perdido actualidad semántica ya que tiene una vigencia interesante entre los estudios de género y teóricos queer que se cuestionan acerca del proceso de adquisición del género.

Me ceñiré a las versiones freudianas de la bisexualidad sin dejar de mencionar que en Lacan el concepto también está sometido a distintas variaciones acordes a los tiempos teóricos, pero considero que el enigma cae decantado por la absorción de la anatomía que se produce a través de la teoría de los goces (el lenguaje como aparato de goce) y del axioma no hay relación sexual.

 

1.Un olvido freudiano

La correspondencia con Fliess da testimonio del comienzo de esta historia. Las curiosidades del médico berlinés lo llevan a postular su teoría de la bisexualidad humana argumentada a partir de la repetición de ciclos en la vida de dos números que ubica en serie 23/28, fórmula que considera encierra la respuesta al enigma acerca de la sustancia de lo femenino y lo masculino.

Fliess quiere saber la verdad del sexo, por qué uno es hombre y no mujer y viceversa y en qué consiste ser macho o hembra. Se podría pensar que Fliess parte del modelo unisexo, que plantea Thomas Laqueur en su investigación acerca de la construcción del sexo, ya que su apoyatura está en la simetría bilateral de los órganos sexuales presentes en todos los vivientes humanos. Es decir “en ambos sexos los propios órganos están colocados doblemente” aunque se produciría una atrofia de alguno de los dos, pero lo que persiste es la sustancia, la esencia de ese otro sexo.

La fantasmagoría de Fliess lo lleva incluso a plantear que “si un hombre es zurdo toda su apariencia será más femenina”. Esta doble sexualidad es la responsable de que haya enfermedades de esencia femenina y viceversa.

Se puede suponer que esta última idea le haya llamado la atención a Freud junto con la hipótesis de que el sexo somático atraviesa todo el cuerpo. Ya en la carta 52 (6/12/96) aparece la primera mención a la idea de una bisexualidad universal definida por la confluencia de sustancias femeninas y masculinas, responsable de la neurosis si es mayor la femenina y de la perversión si es masculina. Con respecto a la fórmula 23/28 será un punto álgido en la amistad entre ambos, Freud se excusa de que carece de todo talento cuantitativo y sigue adelante recortando este recurso, pero la curiosidad ya estaba instalada en él. En la carta 113 (1/8/99), tiempo de escritura de “La interpretación de los sueños” , confiesa “ ¡Si no fuera por la bisexualidad! Estoy seguro de que tienes plena razón al respecto. Yo mismo me estoy habituando a concebir todo acto sexual como un proceso entre cuatro individuos”. En el libro de los sueños la bisexualidad primitiva es la causa de la constitución sexual de la cual emanan impulsos sexuales que caerán bajo la represión generando síntomas psiconeuróticos, nuevamente aparece enlazada a la enfermedad.

Advertidos por Masotta sabemos que lo constitucional señala en Freud un obstáculo teórico que se le torna insobrepasable, constitucionalidad adherida a la bisexualidad que adquiere así el mismo adjetivo.

Lo insobrepasable le retorna a modo de olvido, en “Psicopatología de la vida cotidiana” (1901) ubica como ejemplo un comentario a un amigo con quien mantenía un fluido intercambio de ideas: “Estos problemas neuróticos no tienen solución posible sino aceptando ante todo y por completo una bisexualidad original en todo individuo”, el amigo le responde que ya se lo había planteado él hace dos años y que entonces no le quiso hacer el menor caso, Freud recuerda luego el suceso y aquella respuesta. Posibles causas de su olvido según Freud: amistad que se transforma en todo lo contrario, repulsas de colegas interesados en iguales cuestiones científicas, apropiación de ideas ajenas.

Carta 145 (7/8/01), Freud le anuncia a su amigo “ En la medida en que puedo preverlo, mi próximo trabajo se llamará la bisexualidad humana, abordará el problema en su raíz y dirá la última palabra que me sea dado decir sobre el tema: la última y la más profunda”. Anuncio de un deseo. Tiempo de reconocimiento: “tú me corregiste”, la solución a la psiconeurosis radica en la bisexualidad. Tiempo de distancias: Freud decide investigar el aspecto psíquico de la bisexualidad.

No escribirá el trabajo pero en sus trabajos este enigma comienza a desandarse y como si fuera un engranaje vacío, a poner en marcha un movimiento.

 

2.Cronología de un cambio

Aunque sabemos que ubicar una cronología restringe la visualización de las relaciones entre los conceptos, resulta apropiada para una primera aproximación.

Tanto en Dora como en los tres ensayos se pueden ubicar los efectos de aquel intercambio de ideas. La versión de la bisexualidad intenta ajustarse a una disposición que ejerce una influencia paralela a las de las zonas erógenas en relación a la intensidad de los impulsos sexuales. La represión es la productora de los síntomas. Esta disposición original en los tres ensayos no varía de las explicaciones de la época, (el hermafroditismo psíquico como en Kraft Ebing, Ulrich, H. Ellis) pero se va perfilando cierta caracterización de las diferencias y los nuevos conceptos van adquiriendo cualidades análogas, como la libido masculina que se podría pensar como un intento de recapturar la esencia.

“Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” (1908) perfila una primera respuesta acerca de la disposición psíquica de la bisexualidad: son fantasías, “el síntoma histérico es expresión, por un lado, de una fantasía masculina y, por otro, de otra femenina, ambas sexuales e inconscientes”, aunque no se sabe qué es aquello masculino o femenino ni por qué adquiriría aquel contenido ese rasgo.

En “El múltiple interés del psicoanálisis” (1913) en el apartado acerca del interés biológico, Freud explica de manera clara el concepto de pulsión como límite entre lo psíquico y lo somático y sostiene que “aquello que en la vida llamamos masculino o femenino se reduce, para la consideración psicológica, a los caracteres de actividad y pasividad”, cualidades no atribuibles a las pulsiones mismas, sino a sus fines. La bisexualidad refuerza su carácter de postulado clínico y como tal lo podemos encontrar en “El hombre de los lobo”, “La joven homosexual” y “Dostoievski y el parricidio”

A pesar que lo masculino y lo femenino caen en su propio peso, Freud continuara enredado en aquellas categorías un tiempo más.

Una indicación de Germán García en “ La otra Psicopatología” nos permite reubicar el término en cuestión en relación a la identificación y así la lectura de “El yo y el ello” (1923) nos abre otra configuración. La hipótesis teórica que abre este trabajo es el reemplazo de una investidura de objeto por una identificación. Siendo esta necesaria para resignar los objetos. “El carácter del yo es un sedimentación de las investiduras de objeto resignadas, contiene la historia de esas elecciones de objeto”. El ideal del yo esconde la identificación primaria con el padre, una nota al pie aclara que se trata de ambos progenitores ya que no se establece diferencia antes de que se anoticie acerca de la diferencia sexual. A partir de aquí se sucederán otras identificaciones en consonancia con las investiduras de objeto. La bisexualidad constitucional complica el proceso, ¿cuál?, el esperado, no todos los niños se identifican a su salida con el progenitor que le corresponde, no todos resignan al objeto, ni en ellos se refuerza la identificación con el progenitor del sexo contrario. La responsabilidad del cortocircuito recae en las disposiciones aunque aclarará “no importa en que estas consisten”.

La bisexualidad introduce una variación en la trama edípica que se viene sosteniendo en la teoría, la ambivalencia no es causada por la rivalidad sino por el amor a ambos progenitores. La disposición triunfante reforzará el género. Pero si seguimos la lógica la disposición pulsional tiene fines activos y pasivos que enlazan al sujeto al otro, tiempo de la primera identificación, eje del ideal del yo. El enlace al otro es una clave, activo - pasivo es la manera que se erogeniza ese enlace.

Precisamente esta clave está presente en la conferencia “La feminidad”, de las nuevas lecciones introductorias (1932), cuando describe que “el ansia de la niña por su primer alimento es inagotable” y que “el dolor que le causa la pérdida del seno materno no se apaciguará jamás”, aquí vemos actividad y pasividad en relación a un fin, investiduras de objeto, enlaces que imprimen disposiciones pulsionales, enlaces constitutivos.

Freud indica que habría que examinar la relación de la libido con la antítesis activo – pasivo. Podríamos pensar que esta antítesis es la forma que adquiere la inscripción de ese enlace contingente.

El pesimismo freudiano del 38, “Compendio del psicoanálisis”, lo lleva a sostener: “Este hecho de que la bisexualidad sea también psicológica pesa sobre todas nuestra indagaciones y dificulta su descripción”. Freud ha dividido las aguas, la dualidad biológica no es nuestro terreno. Pero por momentos parecería que desconociera como este engranaje vacío movilizó la teoría misma y a los resultados a los que ha llegado: el gran modelo pulsional, dirá Masotta.

 

 
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