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La promoción de los goces y el eclipse de la modernidad

por Patricia Gorocito

Para encontrar a Dios hay que ser dichoso, pues quienes por desamparo lo inventan van demasiado rápido y buscan demasiado poco la intimidad de su ardiente ausencia.

R.M. Rilke

 

Durante el último año empezamos a leer el seminario de Miller en colaboración con Eric Laurent de 1996 “El Otro que no existe y sus comites de ética”.

Esta lectura nos llevó a plantear ciertos interrogantes en torno a las identificaciones, los ideales, la política y el síntoma.

Hay un libro de Julia Kristeva (1993) titulado “Las nuevas enfermedades del Alma”: ese es uno de los temas que tratamos de pensar en el equipo.

¿Cómo nos enfermamos ahora?

¿De qué nos quejamos?

¿Qué nos pone tristes?

¿Qué es lo insoportable? ¿Cuál es el malestar en la cultura del siglo XXI?

Este año seguiremos con el seminario de Miller junto con el texto de Freud “El malestar en la cultura” de 1930.

Mientras leíamos surgió bibliografía complementaria donde encontramos una serie de frases hechas que intentamos interrogar, por ejemplo: la caída de los grandes relatos, el capitalismo tardío, la transformación de las instituciones antes sólidas y consistentes, ahora líquidas y evanescentes.

Nos preguntamos si vivimos en el ocaso de la modernidad o en el auge de la posmodernidad.

Estamos en un momento donde, según Miller, el Otro no existe y al parecer la solución no está en los comités de ética.

En el seminario también encontramos maneras novedosas de nombrar al poder en la época actual: como enjambre de significantes amos, como pluralización del nombre del padre y hasta pulverización del mismo.

Si hay muchos amos, nadie obedece.

En consecuencia se intenta llegar a un acuerdo mediante el comité de ética. Los encontramos por todos lados; en la televisión, en el gobierno, en la escuela, en la familia. Se opina, se ve y se comprende pero no se concluye ni se decide nada.

Por otro lado existen algunos peregrinos que tienen un Dios y otros que no lo tienen o dicen estar desorientados.

Los Estados son frágiles y los ciudadanos sólo consumidores.

En la Grecia de Platón los ciudadanos eran los varones pudientes, quedaban excluídos las mujeres, los niños y los esclavos.

Hoy quedan suprimidos los que no consumen.

Los ciudadanos son escasos (recordemos que la revolución francesa sólo llamaba ciudadanos a los propietarios).

Decimos que la relación sexual no existe pero como aclara Octave Mannoni en La Otra Escena (1973) acerca del repudio (Verleugnung) en el fetichismo y el origen de las creencias “. . .ya lo sé, pero aún así”

Con respecto al capitalismo Richard Sennett en “La cultura del nuevo capitalismo” (2006) dice “la fragmentación de las grandes instituciones ha dejado en estado fragmentario la vida de mucha gente: los lugares en los que trabajan se asemejan más a estaciones de ferrocarril que a pueblos, la vida familiar ha quedado perturbado por las exigencias de trabajo y la migración se ha convertido en el ícono de la era global, con más movimiento que asentamiento. El desmantelamiento de las instituciones no ha producido más comunidad (…)”solo un determinado tipo de seres humanos es capaz de prosperar en condiciones sociales de inestabilidad y fragmentariedad”.

Hay extensos tratados de sociología y filosofía que describen detalladamente el estado de situación. Nuestra idea es ocuparnos cómo impacta esta situación en cada sujeto.

La sociología por un lado y el psicoanálisis por el otro.

Habermas y los poskantianos piensan que hablando la gente se entiende.

Rorty, filósofo pragmático norteamericano, cree en la posibilidad de un capitalismo social y solidario.

Trataremos de estudiar como responde el sujeto hoy ante la caída de los ideales modernos.

Ya no hay grandes relatos y por eso los ideales y las instituciones dejaron de ser sólidas. ¿Qué sucede entonces con las identificaciones?

¿Pueden llegar a encandilarnos las luces del desencanto? ¿Cuál será el temple de nuestra época?

¿La angustia que apremia sin previo aviso?

¿El espectáculo de los semblantes, el cinismo de los poderosos o el dolor de los más débiles?

Leemos en el libro La cultura del riesgo (1): “Ulrike Beck habla de sociedad del riesgo, término que puso por título a su libro de 1987. Con ello quería poner de manifiesto la aporía: a mayor desarrollo tecnológico más incertidumbre e inseguridad (después del escape nuclear de la Central de Chernobil)”.

En verdad la sociedad del riesgo es la sociedad del miedo.

Intentamos pensar el síntoma hoy porque es lo que hay si el Otro no existe.

En el siglo XXI el último hombre con sus historias se pavonea por todos lados listo para gozar. ¿De que?

¿Acaso de lo que el mercado le propone o hay alguna otra forma de confrontarse con el goce de cada uno?

“…En el temprano desarrollo del capitalismo el impulso económico sin freno fue controlado por las restricciones puritanas y la ética protestante”, dice Daniel Bell en su libro “Las contradicciones culturales del capitalismo”

“…Se trabajaba para cumplir con las obligaciones que cada ciudadano tenía con su comunidad y su vocación.

Era necesario producir y trabajar, luego ahorrar para después finalmente consumir.

Ahora es exactamente al revés, con las tarjetas de crédito y el crédito inmediato primero se consume y después se paga.

Se crean necesidades y formas de satisfacerlas.

Pero los ciudadanos no compran lo que necesitan sino lo que desean, por lo tanto la demanda es infinita…”. (3)

En su libro “Teoría de los sentimientos morales” (1759) Adam Smith sostenía que si las personas fueran motivadas solamente por motivos económicos habría poco estímulo para aumentar la producción por encima de las necesidades.

También dice que el desarrollo económico empezó porque los hombres y las mujeres se sintieron arrastrados a lograr un estatus y la competencia y la envidia son motores esenciales para el funcionamiento del sistema capitalista.

¿Entonces qué sucede hoy, en este momento del capitalismo que ya no contamos con el rigor del deber ni las obligaciones de la moral puritana?

Solo quedó de esa época el consumo. Por eso decimos que el malestar en la cultura de hoy promueve otros síntomas en los sujetos.

Leemos en el seminario “las nuevas formas del síntoma o los síntomas de moda”.

Son síntomas más vinculados con pasar un límite y entonces llegamos a lo imposible.

No hay un más allá de la pulsión de muerte.

El goce es el goce de cada uno y lógicamente tiene un límite.

Siguiendo el seminario se describen allí casos de personalidades múltiples, como si cada sujeto fuera en sí mismo un comité de ética.

Anorexias que dicen basta, ya no quiero más.

Melancolías que se resisten a la imperiosa carrera de la novedad.

Adicciones que pretenden pasar un límite, en el caso de la heroína está muy claro.

Después de la caída del muro de Berlín la globalización es a escala planetaria.

La globalización y la homogeinización prescriben una forma de ser, un único estilo de vida que vale para todos.

Y los sujetos resisten como pueden, resisten desde su goce singular que es lo único propio que tienen.

Entonces la fragmentación, la violencia, los fundamentalismos.

Y la tolerancia a veces no es más que una utopía.

Pero nosotros no vamos a hablar del recorrido de la autoconciencia como Hegel.

Hablamos de la pulsión.

Y decimos que la pulsión es pulsión de muerte.

Y si no hablamos del recorrido de la autoconciencia es porque sabemos del goce y de lo imposible de pasar un límite.

Considero que es un buen momento para el psicoanálisis, el discurso del analista resulta ser una manera posible de subversión, de responder sin adecuarnos a la verdad del discurso capitalista con sus evaluaciones y sus implacables dispositivos de control siempre vigentes. Entonces, imperativo de goce puede querer decir también responder cada uno por su goce singular.

Responder al objeto causa de cada uno y hacer algo con esto es una ética que requiere de sujetos más originales y decididos que aquellos que responden a los ideales de la época.

Entendemos que orientar la clínica hacia lo real quiere decir lo real del síntoma, su goce.

El fin de análisis sería entonces “. . .aprenda de su síntoma, ya no hay Otro”.

Como analistas creemos que esta es la ética del psicoanálisis en la época del Otro que no existe.

Entonces tal vez se puede pensar una política sin ideales, una política del síntoma, donde cada uno responda por su goce.

Hay una responsabilidad, una decisión incluso, cuando elegimos un semblante de ser.

Sabemos que en el fondo buscamos en la civilización lo que nos hace gozar. No andamos por la vida buscando lo que nos hace bien.

Después de Más allá del principio del placer (1920) con Freud y luego con Lacan (Seminario 7 – 1960) empezamos a relativizar la ética aristotélica del supremo bien y de la mesura y aquel superyo freudiano-kantiano que sancionaba las transgresiones.

Ni los ideales, ni la deuda ni el sacrificio nos orientan.

Como dice Miller “nuestra brújula es que no se puede recurrir al amor al padre para orientarse”.

Lic. Patricia Gorocito

 

(1) “La cultura del riesgo” – Derecho, Filosofía y psicoanálisis. Juan Dobón e Iñaki Rivera Beiras- Editores del Puerto – Bs. As. 2006

(2) (3) “Las contradicciones culturales del capitalismo”Daniel Bell – Ed. Alianza Universidad - 1977

 

 

 

 
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