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El Banquete, modulaciones de lo femenino.

por Esmeralda Miras


Simposio, convivium, banquete. Festejo. Juego. Los invito a un escenario. GracielaFabi en el papel de Apolodoro es interpelada por un miembro del Centro Descartes enel papel de hombre de la comunidad, Glaucón. Le pregunta qué es eso que hacen enlas reuniones, con las colegas del módulo, que le cuente. Que lo cuente Esmeralda,actuando de Aristodemo.

Entonces, aquí, intentaré contarles. Tarea honorífica pero difícil. Un grupo de colegasfuimos Alcibíades tras el agalma de Musachi . Lo fuimos en torno a una mesa bienservida. Literalmente, a una cuadra de aquí, nos reservaban la grande, la del rincón.Regada con suculentas sopas en invierno y deliciosas ensaladas en verano, porqueamigos…In vino véritas. Tengo en mente este texto de Kierkegaard pues su banquetetrata de las mujeres. El amor y las mujeres. Creo que las mujeres como trauma.Trauma que nos acompañó en casi quince años de investigaciones y producciones yque fue el fantasma de nuestro banquete y está conmigo hoy, cuando se me pide laimposible tarea de concluir. Es cierto que dijimos hasta aquí. Pero no se puede cerraralgo que sobra y falta. Al menos hoy, estamos de festejo. Entregamos la compilaciónde escritos y reseñas reelaboradas con distintos estilos a este querido CentroDescartes que nos alojó y nos estimuló al trabajo. A Germán García que como biendice Musachi sin él no hubiese sido posible. Compilación que es de modulaciones delo femenino, pensado, tanto en hombres como en mujeres y que llamamos “lapublicación”, excediéndonos, ya que es solamente un testimonio de lo realizado.Nos pusimos a la tarea, por iniciativa de Gisele Ringelet, que estuvo muy atenta quenada faltara al convite. Como mujeres del siglo pasado, las hacedoras, no confiamosen la caja de la nube que un viento tormentoso tipo Trump, se puede llevar, ypasamos los textos a papel y tinta. Objetivo, tener cada una su copia material yentregar en agradecimiento al Centro una para la Biblioteca. Justo en sus 30 años. Siseñores, los números cuentan. El Centro 30, más de quince años de trabajo delmódulo , 4 convocatorias, 16 colegas que participaron. Más de treinta y cincoescritos. Un prólogo de Musachi que agrega al marco tres de sus libros y finalmente elbroche de la delicada tarea de las invitadas al banquete, captar cada una a su modo,en las reseñas de reseñas, que es lo que ocurrió con todo esto, resultado, 1mamotreto. Asusta, pero hay que encararlo por partes.

Insisto que es interesante y curioso tener como referente el escrito de Kierkegaard, Invino Veritas. Un banquete en el que las mujeres no tienen lugar porque seríadesperdiciar la abundancia de placeres, aunque los integrantes se llaman a contentode ser en número más que las gracias y menos que las musas y no hablan de otra cosaque de las mujeres. Aquí un dato a señalar, la embriaguez es necesaria, a diferencia delo que ocurre en el de la casa de Agatón, todos ya pasados en copas del día anterior,que se cuidan muy bien de excederse para hablar sobrios salvo Alcibíades, que dice y hace. Estos señores, del siglo XIX, varios heterónomos, ya regados suficientemente,consideran a las mujeres como inexplicables o como una broma. Enigmáticas.Tentadoras a un imperativo categórico de goce. Imposibles. Novias igual rupturas.Capturadas por la moda. Cambiantes. Caprichosas. Sofisticadas. En fin, dirán,imposible relacionar mujeres con hombres unas tan relativas, otros tan absolutos.Seres tan disímiles… Allí el relator es el puro devenir y el relato se hace desde elrecuerdo, evocación, interpretación, subjetividad. No exactitud.Evocar… también fuimos menos que las musas y más que las gracias. Musachi,inspiradora, creadora. Dayan, traductora y proveedora de manjares. Faby, la rigurosa,la que encara los temas espinosos. Le pone garra. Monsalve, la clara y precisa. La granorganizadora y hábil en el mundo digital. Soae la poeta, la música. Ringuelet,impulsora de la “publicación”. Puso además, pasión hasta el final. Y heme aquírecordando, dando una versión.Algunas parrafadas. Dice Myriam Soae, sobre los primeros tiempos“Cuerpo adverso – cuerpo cómplice. Niñas malas, mujeres perversas” fue el enigmáticotítulo que inventó Graciela Musachi y que convocó a algunos que queríamos saber dequé se trataba tamaña propuesta. El objetivo era investigar el saber producido sobre elcuerpo en diferentes campos (literatura, feminismos, medicina) para cotejarlo con elpsicoanálisis a fin de “situar de un modo más matizado los problemas que la clínica delsujeto femenino plantea a nivel del síntoma como acontecimiento del cuerpo”.Fueron 10 años de lecturas diversas, desde los múltiples feminismos y las novedosas (enese entonces) teorías queer, los recién salidos paradigmas del goce de J.A. Miller, lasdificultades del seminario La identificación de Jacques Lacan hasta los casos olvidadosde Sigmund Freud. 10 años de lecturas minuciosas, inéditas, precisas y preciosas en elsentido del detalle. Lecturas que forjaron un modo de leer y de argumentar, y queenseñaron principalmente acerca de lo que llamamos, por estos lares, investigar enpsicoanálisis.La escritura acompañó los hallazgos y permitió compartirlos con otros. Hubo unejercicio de escritura continua, se trataba también de poder ir diciendo de un modotransmisible lo que se iba argumentando. Las preguntas, los desarrollos, las hipótesis ylas conclusiones, cuando las hubiese. (…)La orientación de Musachi marcaba el rumbo con una pregunta siempre vigente ¿Quéinterés tiene para el psicoanálisis? Así aprendimos a circunscribir un campo, entrandode lleno en otros saberes pero sabiendo salir a tiempo, sin caer en la fascinación ni en elembrollo. “Extraer el máximo de efectos de la utilización de los impasses” (Lacan,1961) bien podría ser una máxima lacaniana que condensa un estilo de enseñanza.”O la palabra de Graciela Faby y de Gisele Ringuelet, sobre otro período.

“En el año 2009 se inició un desplazamiento con respecto a años anteriores queGraciela Musachi llamó “Sofistiquería, entre sofisma y sofisticación”. Dicho título encuentra, en un hallazgo de Oscar Masotta (Sofistiquería), la ocasión de investigarciertas afirmaciones de Lacan (por ejemplo, que han sido las mujeres quienesinventaron el lenguaje) para situar otras (el discurso psicoanalítico sería du chiqué) enlas que la feminidad del blablabla se encuentra con el resorte del psicoanálisis. A partirde este desplazamiento se tratará la relación de las mujeres con el lenguaje y de lasconcepciones donde “feminidad” en el sentido psicoanalítico y lenguaje, se confunden.”Sigue, la parrafada de Karen Monsalve sobre el último período.

“Las pasiones, primordialmente los amores y odios, que se anudan al cuerpo(femenino), será el hilo conductor de la propuesta. (…) Cuando uno habla de amar,odiar, etc. está introduciendo en una cadena de lenguaje una cosa por fuera de ella.Este anudamiento entre la cadena significante y las diferentes pasiones es lo que Lacanubica como cuerpo. Pero, ¿qué decimos cuando hablamos de erotomanía del amor?Muy vasto es el tema de las pasiones y varias son las hilachas que nos interesadesentrañar teniendo en cuenta las transformaciones que las pasiones atravesaronen las diferentes épocas y culturas. Sin descuidar, las pasiones que se suscitan ennuestro siglo de las “comunicaciones” y en cada sujeto. La apuesta, es retomar la víaque Graciela Musachi trazó hace varios años, y que consiste en que cada uno de losparticipantes del módulo aborde investigaciones particulares, nutriéndose de otroscampos de saber (literatura, sociología, filosofía, etc.), sin abandonar el uso de lostextos de Freud y Lacan que servirán de brújula a la hora de intentar cernir losatolladeros que la clínica actual nos presenta.Se apagan las luces, se retiran platos y copas, hubo sobre el final algún derrame, algunacachadura de vajilla. Hay que admitirlo, parte de la cosa. Como fondo, bajo continuo,se escucha el martillar insistente de la pregunta que formula en el prólogo Musachi:“porqué mujeres”.

Me hubiese gustado tener esos pequeños papelitos con los que Graciela se apoya en susdisertaciones pues un banquete finalmente también es totémico y no elude lasidentificaciones. Pero bueno, esto es lo que he podido contarles del “banquete de lasanalistas”. Quizás ha tenido un tono exaltado, demasiado festivo pero “el recuerdo noha de ser solamente fiel, sino también dichoso. Como el buen vino, que al embotellarlodebe conservar el aroma de lo que realmente fue” S.K.

El relato tuvo como referentes “La publicación” a la que se alude”, El Texto deKiekegaard In vino Véritas. El banquete de los Analistas de J.A Miller y El Banquete dePlatón.



 
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