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Transmitir hasta el fracaso

por Emilio Vaschetto

Enseñanzas de la clínica se trata de una práctica sobre la práctica. Podemos decir, unapráctica en segundo grado, que tiene en perspectiva el detectar el interés analítico de loque se presenta. Mediante una periodicidad mensual de los encuentros, los practicantesdel psicoanálisis nos comprometemos a dar razones ante una porción reducida denuestra comunidad. Retirado el disfraz de la discreción y el pudor -puesto que el que seexpone no está en el lugar del analista sino del analizante-, el privilegio del relato tomasu relevo.

“Menos afectación de autoridad, más seguridad en evocar lo personal y en lo particularla Marca del caso”, decía Lacan en el reverso de la tapa de la Scilicet 1.

“Menos afectación de autoridad…”

A mi modo de ver, la actividad no configura la exposición de un ateneo clínico, ni laverificación de la teoría, ni una supervisión colectiva, ni el comentario de unapresentación de enfermos –aunque no desconcemos que éstas puediesen arrojar algúntipo de enseñanza. Efectos indeseados que, tarde o temprano, suelen emerger. Vicios delejercicio profesional y cotidiano de la formación de muchos de los que han/hemostransitado el ámbito de los servicios de salud mental en el marco de la salud pública oprivada (hospitales públicos, clínicas, sanatorios, sistemas prepagos de salud).

Lograr la objetividad del caso no es el objetivo del psicoanálisis. Todos sabemos que elcaso clínico no existe, es una ficción, una objetividad que es fingida, como señalaJacques-Alain Miller, puesto que estamos implicados en los efectos de la transferencia.Nuestra observación es una escucha, que para no ser la anamnesis psiquiátrica, seconstituye en discurso 1 . Intentamos buscar una marca particular que se encuentra en lajuntura existente entre un analista que suponemos se encuentra en función y su propiaestructura como analizante 2 .

Damos a conocer un material clínico armado con el resabio de las sesiones, bricolage denotas y recuerdos de lo dicho que toman un valor en tanto significante (eso quiere decir“material clínico”), la materia es lo significante. Así, la búsqueda de la novela neuróticasin dejar velar el rastro real dejado por la angustia como el único signo que no engaña ola búsqueda de la coyuntura dramática del desencadenamiento como la novelacondensada en un alef, se convierten en nuestra materia prima.

“…más seguridad en evocar lo personal…”



La inquietud de una comunidad analítica como la nuestra, seguimos hablando delDescartes, se calibra en dos frentes: un estado de situación de los analistas y un estadode situación del psicoanálisis en la ciudad.

Si es que damos crédito a la buena fe del que evoca las razones de su práctica (notenemos por qué dudar de ello), entramos en un tiempo donde se explicitan una serie defenómenos que resultan ser absolutamente prevalentes: la consistencia imaginaria de lossíntomas, las identificaciones conformistas, la escasa sensibilidad al malentendido; ensuma, manifestaciones del rechazo del inconsciente. La pregunta en los encuentrosinsiste una y otra vez ¿hubo implicación subjetiva? ¿qué se entiende porrectificación/implicación subjetiva? Importa menos su definición taxativa que lascondiciones en las que el enunciado colectivo contornea la subjetividad de una época.Destaco en particular este punto, puesto que será uno de los temas de investigación de lacomisión de Enseñanzas de la clínica.

Si el inconsciente no tiene un estatuto óntico sino ético 3 es porque las condicionesantropológicas que hacen al rasgo de humanidad y las formas en las que el Otro semanifiesta, van mutando. No es necesario abrazar la idea peregrina de un inconscientecolectivo para entender esto. El hombre moderno, dice Regnault, no es esencialmenteun enfermo sino el “portador de una cuestión”, un “inadaptado” a la civilización y eneso reside su malestar 4 . El discurso analítico demuestra su efectividad por no ser nuncael discurso oficial ni consigo mismo. Su diversión (tomo este significante de Lacan)reside en ir contra la insoportable inercia del discurso de uso corriente. De tal manera,advierte Jacques Lacan que “La hipótesis del inconsciente (…) solo puede sostenerse sise supone el Nombre del Padre. Suponer el Nombre del Padre, ciertamente, es Dios. Poreso si el psicoanálisis prospera, prueba además que se puede prescindir del Nombre delPadre. Se puede prescindir de él con la condición de utilizarlo.” 5

“…y en lo particular la Marca del caso”

¿Cómo enseñar lo que no se enseña? Es la gran aporía del psicoanálisis y la de nuestroespacio. Pese a todo en Enseñanzas de la clínica, se ha intentado llevar las exposicionesde casos, no al encuentro del psicoanálisis consigo mismo sino al hallazgo con su propioobstáculo. Esto no quiere decir que el psicoanálisis desestime las ventajas clínicas, sinoque cuando el piloto automático de sus preceptos se ajusta fácilmente a lo que se espera,solamente podemos asistir a los estigmas de su naufragio. Ciertamente, nos disponemosa sostener una aporía ya que el discurso analítico no tiene nada de universal y por eso,en el fondo, no es enseñable. Al tomar en cuenta lo singular de cada sujeto, se diferenciade los otros tres discursos (histérico, amo, universitario) que implican un “para todos”.El año transcurrido (2016) ha dejado la estela de los efectos sobre nuestra comunidad, laimplicación de los docentes encargados del seminario en la actividad de presentación decasos no ha sido un gesto burocrático sino que, en virtud de lo dicho, obedece al rigor del psicoanálisis. El valor del psicoanálisis (tomo el hermoso título de una Descartes) secotiza con el vigor de la sorpresa, que solo puede anidar en las invenciones sintomáticasde los que concurren con algún sufrimiento a cuestas. Transmitir esa Marca, que es enparte el analizante y en parte el analista (más precisamente su deseo) es el horizonte quenos desafía cada vez.

Transmitir hasta donde no se pueda transmitir más, transmitir hasta el fracaso, eso es losimbólico (l’insucces 6 ), transmitir hasta quedarse sin palabras, hasta llegar al borde delagujero. Así, vemos cómo una y otra vez, nos embarga una impresión de lo inacabado,un dejo de insatisfacción, que hace que cuando la presentación concluyó, aún habiendofluido su discusión con un gran despliegue de saberes y de teorías, sepamos en el fondoque no fue suficiente. Algo no funcionó, no se trató de eso, hemos arribado tímidamentea un límite de las palabras. Límite que, hoy por hoy, está dado en nuestra casuística porla forma muda que toma muchas veces la demanda, la cristalización que adquieren lossíntomas o la licuefacción del goce. Abyección del inconsciente que compete alpsicoanálisis mismo en su porvenir, siempre que pueda hacerse de esos fragmentos dereal para no ser la religión ni la psicología.

Ya desde su primer seminario Jacques Lacan habló del drama; de la búsqueda deFreud, que ha sido el aportar en cada caso su fracaso. Veremos hasta dónde podemosaportar el nuestro.



1 Cf. García Germán. La Otra psicopatología, Laumardi, 1978.

2 Cf. Dumézil Claude. La marca del caso, Buenos Aires, Nueva Visión, 1992.

3 Cf. Lacan Jacques. El seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, BuenosAires, Paidós, 1999.

4 Cf. Regnault Francois. El arte según Lacan, Buenos Aires, Atuel, 2000.

5 Lacan Jacques. El seminario, libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 133.

6 Extraído del título del seminario de Jacques Lacan del año 1976-77.



 
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