● Novedades
● Programa
● Círculos
● Coloquios
● Amigos de la Fundación Descartes - Archivo
● e-texts
● Biblioteca
● Librería
● Publicaciones
● Invitados
● Trayectoria
● Consejo de Administración
● Enlaces

 
Centro
Descartes
● Agenda
● Jornadas
● Curso de Germán García
● Enseñanzas de la Clínica
● Lacan-Freud, idas y vueltas
● Lecturas Críticas
● Cursos Breves
● Conferencias y debates
● La demanda institucional. Ateneo
● Actividades anteriores
● Consejo de Gestión



 
 
 

Tres lecturas distintas

 

por Marcelo Izaguirre

 

El título está inspirado en aquella conferencia que dio Masotta en el Instituto Lucchelli Bonadeo en abril de 1969, que llamó “Leer a Freud”, y a la cual Germán García caracterizó en un artículo llamado “Nosotros los de entonces”, con los autores que ponía en juego Masotta para esa lectura. Intento aludir a las lecturas que se hicieron de la recepción del psicoanálisis en España, México y la Argentina. Esto con relación a un tema que trabajamos en algún momento en el Centro Descartes.

Ahora bien, con relación al tema de la lectura y de la importación y recepción del psicoanálisis, me distraje con la lectura de un libro reciente en el que se dice que quienes se han dedicado a estudiar y escribir sobre la historia del psicoanálisis, lo hacen como si hubiera surgido de la nada, sin tener en cuenta las condiciones sociales, culturales y filosóficas de un país. Allí se le atribuye al mismo Freud la responsabilidad de haber creado el psicoanálisis como surgiendo de un vacío: “Este mito de origen ha sido repetido hasta el cansancio por la mayoría de las historias producidas desde el seno de las instituciones psicoanalíticas, que han caracterizado al psicoanálisis como un saber único e irreductible, ubicado por fuera del campo social” (1). Las afirmaciones que se pueden hallar en diferentes libros, muestran que no vale para todos la caracterización de “los profesionales”. Así nominados para diferenciarlos de aquellos que ellos gustan mencionar como partisanos.

O sea que tenemos la lectura que se hizo en cada uno de los sitios y la lectura de cómo se habría leído. Ni para el caso de algunos que han estudiado y escrito sobre la historia del psicoanálisis en la Argentina, ni para el caso que Freud consideraría que el psicoanálisis surgió de la nada, la situación parece ser la que describen “los profesionales”; pero antes de cualquier aclaración al respecto, importa destacar que es inevitable que algunas cosas surjan de la nada. Es el caso de los conceptos, y quien se encarga de recordarlo es Hans Blumenberg en su libro Conceptos en historias; al comentar que de la actividad del padre, la fotografía, le fascinaba “el proceso de cómo algo surgía de la nada, algo que antes no existía en absoluto”. Y desde entonces pudo tener una idea de cómo nacían los conceptos. El concepto de psicoanálisis, precisamente, no deja de estar relacionado con aquella actividad del revelado fotográfico que le fascinaba a Blumenberg.

No obstante, para refutar la idea que Freud hace surgir el psicoanálisis de la nada o de un vacío, se puede leer su posición en la “Historia del movimiento psicoanalítico”, cuando destaca que en Estados Unidos le tocó hacer saber que no había sido él quien había dado vida al psicoanálisis sino Breuer. Y agregó que hubo tres personas que le habían transmitido un conocimiento: Breuer, Charcot y el ginecólogo vienés Chrobak. Los tres “me habían transmitido un conocimiento que, en rigor, no poseían”. Como se puede leer, Freud no entiende que el psicoanálisis haya surgido de la nada, sino que pone de manifiesto el método Jacotot que luego Ranciére destacaría en El maestro ignorante: que se puede enseñar lo que no se sabe. Y a falta de uno, tuvo tres Jacotot. A los que habría que agregar aquel Otro con el cual intercambió correspondencia desde el 24 de noviembre de 1887 hasta el 27 de julio de 1904.

En cuanto al comienzo de la lectura de Freud en España, como es sabido es importante la lectura de Ortega y Gasset aunque no fue el primero en mencionar a Freud sino un catalán Lluis Dolsa y Miguel Gayarre comentó el caso Dora en 1909 aunque fue para criticarlo. En 1911 Ortega escribió dos trabajos, uno en el diario La Prensa de la Argentina, titulados “Nueva medicina espiritual” y otro en una revista, “Psicoanálisis, ciencia problemática”. En el prólogo que escribió en 1922 para las obras de Biblioteca Nueva dice que todo el mundo puede entender a Freud y sino lo convence “puede recibir de sus libros fecundas sugestiones”. Otros dos autores pioneros fueron Gonzalo Rodríguez Láfora y José Miguel Sacristán (2). Lo sucedido por esos años en España y luego en México y la Argentina, dejaron las cosas del lado del interrogante que plantea Ortega en ese prólogo: “¿no deja su obra siempre la inquietud de que se nos invita a aceptar una hipótesis desmesurada?”

Por su parte Anne Cécile Druet, en una importante tesis destacó que la aceptación del psicoanálisis en España se dio como método de investigación y rechazado como práctica terapéutica. Y eso explica el fracaso de Garma en su intento de institucionalizar el psicoanálisis.

Alicia Alonso afirma, al comentar la presentación en el Centro Descartes del libro Psicoanálisis en España, de varios autores, que como mencionó Germán García “El psicoanálisis caía demasiado bien a la cultura española, –y no a la psiquiatría española– por eso se introduce la biología”. Y respecto al papel de Ortega se señala que utilizó al psicoanálisis para desviar la mirada hacia la lengua alemana en detrimento de sus vecinos franceses. En cuanto al papel de Garma, bastante conocido, me interesa recordar la ambivalencia que resalta García, al encontrarse entre el analizante laico de Theodor Reik y el discípulo de Santiago Ramón y Cajal y de Gregorio Marañon (3).

Respecto a México, Alfonso Herrera afirma que “el psicoanálisis no ha logrado asentar sus reales” (4). Sitúa el psicoanálisis en el ámbito académico. Así hace saber la llegada de Pierre Janet en 1925 y la instauración de la cátedra de psiquiatría a partir de entonces. Y en 1949 arriba Erich Fromm, quien cumpliría, como es sabido, un importante papel. Este artículo recibió una respuesta crítica de Helí Morales (5), quien afirma que la historia de Herrera está pensada con relación al ámbito universitario, dejando de lado la importancia que han tenido el pensamiento de Freud o Lacan en obras culturales como las de Octavio Paz, Carlos Fuentes y Remedios Varo. Le critica no mencionar a ningún mexicano interesado por Freud. Y en cuanto al campo universitario pone en duda que aquella cátedra de psiquiatría haya sido un lugar de transmisión del psicoanálisis.

Afirma que la diferencia entre México y otros lugares es que allí no hubo un maestro fundador sino que se transmitió por diferentes personas en distintos lugares, algunas ideas de Freud desde el año 1922. Meza Gutiérrez o Francisco Miranda en sus clases de psiquiatría, pero también en diferentes ámbitos culturales. Y finalmente expresa su diferencia con respecto a la idea de Herrera respecto al supuesto fracaso del psicoanálisis en México.

Guadalupe Rocha realizó una tesis sobre la historia del psicoanálisis en México y ubica a algunos de los autores mencionados en la década del 20 mencionando a Gustavo Oropeza como partidario de Janet y con crítica al pansexualismo de Freud. Y habla de la influencia de los psicoanalistas argentinos con posterioridad a la Segunda Guerra.

Guillermo Dávila, Raúl González Enríquez y Alfonso Millán, son tres autores que en la década del treinta daban conferencias sobre Freud y tuvieron influencias en la posterior fundación de las primeras instituciones psicoanalíticas en México (6).

Quizá el libro más importante sobre la recepción del psicoanálisis en México sea el de Rubén Gallo, quien realizó una tesis en el año 2010, que en inglés se llamaba el México de Freud en la selva del psicoanálisis o el psicoanálisis salvaje, pero al traducirse tres años más tarde al español en México (lengua del autor), se cambió el título, ya no era el México de Freud sino Freud en México y el subtítulo quedó como la historia de un delirio. En dicho libro Gallo cuestiona la versión canónica de la historia del psicoanálisis en México, que lo haría nacer con la institucionalización en los años 50 del siglo pasado. Para ello muestra, en términos de recepción, la lectura de Freud que realizaron en la década del 20 un poeta, Salvador Novo, y un filósofo, Samuel Ramos; un escritor como Octavio Paz en su trabajo de El laberinto en la soledad en 1950, la pintora Frida Kahlo y Gregorio Lemercier, monje benedictino. Dirá: “Los lectores de Freud en México fueron un dandi gay, un filósofo conservador, un poeta cosmopolita y un monje benedictino. A ello habría que agregar la incidencia de la teoría de Freud en la justicia, refiriendo al Juez que tuvo a su cargo el juicio de Mercader por el asesinato de Trotsky en la década del treinta (7).

Esa crítica de Gallo a la versión canónica, debería ser confrontada con el libro La entrada del psicoanálisis en la Argentina, que también puso de manifiesto que el psicoanálisis circuló en nuestro país bastante antes de su institucionalización en la década del cuarenta. Al mismo tiempo, con el psicoanálisis y los debates culturales para corregir alguna idea del historiador mexicano, quien entiende que en Argentina Freud fue leído “por médicos y psiquiatras que aplicaron las técnicas psicoanalíticas a su profesión”. Mientras en México fue leído por jueces, criminólogos y revolucionarios. También en nuestro país fue leído por esa serie, en todo caso con diferentes consecuencias, por las distintas convicciones. La lectura de Freud fue realizada por un criminólogo como Ingenieros, aunque para criticarlo, también Beltrán interesado en las pericias, y también entre los escritores fue objeto de lectura la obra de Freud más allá de la suerte dispar. A lo que se podría agregar la de un jurista como Jiménez de Asúa, por los avatares de lo sucedido en España. Y tampoco le faltaron “revolucionarios” o combatientes a esa recepción.

A diferencia de lo afirmado en el libro de “los profesionales” aludido al comienzo, en el mencionado libro de García se han destacado las cuestiones sociales y culturales reinantes para el tiempo de la recepción del psicoanálisis en Argentina y que se generaron algunas condiciones para la implantación del mismo a partir de cierta crítica al positivismo que realizó Alejandro Korn y luego algunos otros. Sólo desde cierta perspectiva de la pequeña borgesía, como afirmó alguien, se puede sostener esa conjunción entre el psiquiatra y filósofo argentino de ascendencia alemana, y el psicoanálisis. Pues las alusiones o referencias al psicoanálisis son casi inexistentes en la no escasa producción de Korn. La única mención de Freud en sus obras completas, es muy breve y para relativizar lo destacado por el vienés respecto al tema de la sexualidad (su importancia como descubrimiento de Freud) y criticar la importancia otorgada al papel del falo (8). Y en sus trabajos sobre la locura, por razones obvias, no hay mención alguna. Ello no impide aceptar una afirmación como la realizada por Germán García de que “El materialismo positivo retrocede: las ironías son ahora de Alejandro Korn, las burlas se dirigen a los aparatos de la experimentación psicológica, la autoridad de C. Jacob (el sabio alemán) se refugia en pequeños círculos” (9). El filósofo será uno de los primeros y luego vendrían otros que cuestionarían el positivismo reinante.

En tal sentido resulta más interesante que la afirmación de los “profesionales” aludidos, el interrogante de Horacio González, “sobre el psicoanálisis ausente en ese principio de siglo en la ciudad portuaria de la orilla occidental del Plata” dado que “siempre debe llamarnos la atención el enigma de cómo se presentan y perduran las ideas”. No deja de interrogar González, la manera en que las ideas se instalan en combinación con las tradiciones de cada lugar. Y destaca que en su reconstrucción de la presencia del psicoanálisis en la Argentina, Germán García intenta captar esa presencias que anteceden a propósito de la figura de Oscar Masotta, al que “le gustaban las fundaciones porque no fundamentaba su autoridad en el poder” (10). De allí las referencias a Agrelo, entre otras, como Ponce, Ingenieros, etc. Y he señalado las referencias a Alejandro Korn respondiendo con ironía al positivismo ambiente de su época. Entonces, ninguna ausencia a las condiciones culturales y científicas en la cual se ha instalado el psicoanálisis en la Argentina en los trabajos de quien ha estudiado la historia del psicoanálisis, aunque haya sido hecho desde la perspectiva denominada internalista, en rigor, aunque a uno de los “profesionales” le gusta denominar “partisano”.

En otro libro Germán García insiste en la importancia de la obra de Alejandro Korn. Que hay dos vertientes de la estrategia filosófica (para llevar agua a su molino): 1- la que va de Korn a Vicente Fatone, que prosigue una crítica del positivismo y 2- a la inversa, la línea que va de Carlos Octavio Bunge a Guillermo Macci que es una defensa del positivismo, empírico el primero, materialista el segundo (11). Y en aquella primera línea se podrían encontrar los antecedentes, culturales o filosóficos de los que se habla, para la instauración del psicoanálisis posteriormente, y con mejores fundamentos epistemológicos y culturales que los que presentarían los posteriores fundadores de la primera institución psicoanalítica de la Argentina.

De todas maneras, por lo expresado, es claro que el pensamiento de Freud no tuvo incidencia alguna en los trabajos de psiquiatría de Korn lo que no impidió que su posterior crítica a los diferentes positivismos, diera lugar a que se comenzaran a utilizar conceptos derivados del psicoanálisis. Es lo que afirma uno de los “profesionales” del libro mencionado al comienzo, que al explicar ese fenómeno termina coincidiendo con lo sostenido en la Entrada del psicoanálisis en la Argentina (aunque con más burla que ironía, atribuye al autor de ese libro relacionar el psicoanálisis con los comienzos de la patria): “En parte esto fue posible –el uso de conceptos derivados del psicoanálisis- por la emergencia de una “reacción antipositivista” entre círculos intelectuales que se desarrolló a partir de finales de la década de 1910 y que ponía en cuestión los modelos aceptados afectando también el desarrollo de la psiquiatría, abriendo camino para las ciencias del espíritu” (12). Esto que se afirma en el año 2006, ya había sido señalado en el año 1978, como hemos visto, en la aludida entrada del psicoanálisis en la Argentina, completamente ignorado por el “profesional” en el libro reciente sobre la historia cultural del psicoanálisis en América Latina.

Referencias

  1. Plotkin, Mariano Ben y Ruperhutz Honorato, Mariano: Estimado doctor Freud, una historia cultural del psicoanálisis en América Latina, Edhasa, Buenos Aires, 2017.

  2. Sanchez Barranco Ruiz, Antonio y otros: “El psicoanálisis en España”: su pasado y su presente, 2007 en www.psicoterapiarelacional.com

  3. García Germán: El psicoanálisis y los debates culturales, Paidós, Buenos Aires, 2005.

  4. Herrera, Alfonso: “Psicoanálisis en México” en Imago Agenda Nº 86, Buenos Aires, verano 2004/5.

  5. Morales, Helí: “Otra mirada del psicoanálisis en México, en http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=504

  6. Rocha Guadalupe: “Las instituciones psicoanalíticas en México, un análisis sobre la formación de analistas y sus mecanismos de regulación”. En, http://www.acheronta.org/acheronta14/rochatesis1.htm

  7. Gallo Rubén: Freud en México, Historia de un delirio, Fondo de Cultura Económica, México 2013.

  8. Alejandro Korn: “Filosofía en la Argentina”, en, Obras completas, Claridad 1949).

  9. García Germán: La entrada del psicoanálisis en la Argentina, Altazor, Buenos Aires, 1978.

  10. González Horacio: Restos pampeanos, Ciencia, ensayo y política en la cultura Argentina del siglo XX, Colihue, Buenos Aires 1999.

  11. García Germán: Oscar Masotta y el psicoanálisis del castellano, Argonauta, Madrid, 1980.

  12. Plotkin, Mariano Ben: “El psicoanálisis antes del boom”, en El pensamiento alternativo en la Argentina del Siglo XX , Tomo II, Obrerismo, vanguardia, justicia social (1930-1960) Hugo Biagini y Arturo Roig (directores), Biblos, 2006.

 

 

 
Billinghurst 901 (1174) Ciudad de Buenos Aires. Tel.: 4861-6152 / Fax: 48637574 / descartes@descartes.org.ar