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Desmitificar las psicosis ordinarias

Emilio Vaschetto

  1. Argumento

Con la Conversación de Arcachon y la Convención de Antibes, y luego de la publicación en castellano del libro “Psicosis ordinarias”, se sucedió en el Campo Freudiano un furor inusitado por clasificar todos aquellos casos “raros”, “locos” o “enigmáticos” como psicosis ordinarias. Tan es así que el esfuerzo clínico se centró más en nominar esos estados que en investigar la intimidad de los fenómenos o la envoltura formal del síntoma. Todo tipo de argumentos se han escuchado en casi dos décadas: “las psicosis ordinarias no poseen fenómenos elementales”, “es una psicosis ordinaria hasta que se demuestre lo contrario”, “las psicosis ordinarias no son psicosis”, etc… Cierto efecto indeseado que empezó a hacerse evidente poco después de que Jacques-Alain Miller lanzara ese sintagma con el propósito de investigar, dentro de un campo borroso, formas que no son la psicosis clínica, aquellos estados de pobreza sintomática y modalidades originales de estabilización que apenas habían sido esbozadas por Jacques Lacan en la llamada “última enseñanza”.

En el Campo Freudiano, hemos venimos investigando desde hace varios años junto al grupo de Valladolid (José María Álvarez y cols.) y en Francia el profesor Jean Claude Maleval, ciertas categorías clásicas como la “esquizofrenia simple”, “esquizofrenia seudoneurótica” (Bleuler), “melancolía simple” (Séglas), “psicosis lúcida” (Trélat), “delirios sensitivos” (Wernicke, Kretschmer); para volverlas operativas en el contexto actual (efecto de reinvención). A su vez, otros términos nos han servido para su generalización hoy tales como: “el automatismo mental generalizado” (Álvarez y Colina) o “la era sensitiva”.

Ciertamente el desvío clínico no se ha debido a la mala fe de los analistas sino al modo en que el problema de las clasificaciones se mueve bajo una lógica oscilante, en donde el binarismo estructural neurosis/psicosis mientras se vuelve cada vez más sólido y riguroso, menos operativo resulta para resolver los problemas prácticos. Por el contrario la clínica llamada “continuista” que disuelve tal binomio y las variables ligadas a él (Nombre del Padre si o no, forclusión si o no, etc.), al mismo tiempo que se muestra sensible a las soluciones sinthomáticas halladas por los sujetos, se vuelve incierta y relativista a la hora de su formalización.

No se trata entonces, para nosotros, de promover una “nostalgia restauradora”, de creer que existe una totalidad mutilada que podría ser reparada, sino que más bien preferimos la posición, del llamado por Simons Reynolds, “nostálgico reflexivo”, quien sabe que la pérdida es irrecuperable pero lejos de querer volver al paraíso perdido “se complace en la neblinosa lejanía del pasado y cultiva las agridulces punzadas de lo conmovedor”. Evidentemente, cuando se conmueve, el pasado ya no es el mismo…el nostálgico reflexivo sabe que él tampoco.

  1. Puntualizaciones

Clase 1

  • Psicosis que no son locuras (antecedentes histórico-clínicos)
  • ¿A qué llamamos psicosis ordinarias?
  • Antecedentes psicoanalíticos de las psicosis ordinarias

Clase 2

  • Nuestras psicosis actuales
  • La errancia
  • Un nuevo orden

 

 
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