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EDITORIAL

PASAR REVISTA

La mejor imagen para resumir el inconsciente es Baltimore, temprano por la mañana (1)

Jacques Lacan, 1966.

En algunos de sus tantos reportajes Jorge Luis Borges afirma que Victoria Ocampo —contra cualquier evidencia— nunca pudo hacer una revista porque admiraba a demasiadas personas y le salían antologías de notables. Por su parte, dice que una revista supone ciertos amores y, por lo mismo, ciertas exclusiones. Más allá de lo certero de este juicio sobre Victoria Ocampo, vale detenerse en los términos que Jorge Luis Borges opone a la admiración: se ama algo, se excluye algo. Sigmund Freud afirma que supuestas tolerancias son el efecto del desgaste de los lazos que determinado grupo mantiene entre sus miembros.
“No debemos caer en el error de creer —escribe Eric Laurent—, como muchos racionalistas, que los hombres en general, o algún grupo particular, por ejemplo los científicos, están impulsados por la racionalidad en la dirección prescripta por las reglas. Galileo hacía propaganda, pero nosotros debemos más bien preguntarnos cuál era su deseo, no su política grupal”.(2)

Si las pasiones del yo —el amor, el odio, la ignorancia— se evocan en la ironía de Jorge Luis Borges, el deseo tiene otro lugar. El deseo se conoce por sus actos, incluso más por los efectos de esos actos.


¿Qué puedo conocer?

¿Qué puedo hacer?

¿Qué puedo esperar?


Estas tres preguntas de Kant dieron que hablar desde que fueron formuladas. Jacques Lácan, en su momento, también las respondió.
No habrá aquí resumen de esas respuestas, puesto que las tres preguntas se vuelven a formular cada vez que se realiza un acto cuya consecuencia será conocida por sus efectos. Entre el activismo y el fatalismo, es necesarió no olvidar la diferencia hecha por W. H. Walsh (3) entre significado en la historia y significado de la historia. En la historia el sufrimiento tiene una función ordinal que desafía cualquier “ingeniería social” —la expresión es de K. Popper—, por lo que es pertinente suponer que la articulación entre el saber y el deber incluye al deseo. La pregunta por el significado de la historia implica que la respuesta sea una decisión que se autoriza de por sí, mostrando la anterioridad de la respuesta.

Descartes es una decisión que en el mismo momento de preguntar responde a una contingencia: la actualidad del psicoanálisis en nuestro país y en nuestra lengua, su anudación con países de otras lenguas.

Traducimos y comentamos, mientras las producciones del inconsciente que logramos escuchar orientan las decisiones.

Jacques-Alain Miller ha subrayado que existe una táctica de la interpretación, una estrategia de la transferencia y una política del deseo.(4) No sabemos si Kant hubiese aceptado estos términos como un modo de respuesta a sus tres preguntas, pero sabemos que para el psicoanálisis la cuestión no puede ser eludida.

Cuando ésta se elude tiene consecuencias que ya fueron descriptas por Jacques Lacan: “Pretendemos demostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis, se reduce, como es corriente en la historia de los hombres,. al ejercicio de un poder”.(5) El ejercicio de un poder —que no el poder— es efecto de la impotencia de una praxis (palabra, ésta última, nada inocente en Jacques Lacan).

¿Por qué una revista, como pregunta y respuesta? El analista dice las consignas de la regla analítica, “lo cual no lo hace menos solidario de la enormidad de los prejuicios que en el paciente esperan en ese mismo lugar: según la idea que la difusión cultural le ha permitido formarse del procedimiento y de la finalidad de la empresa”.6 Se enuncia aquí la función dialéctica del análisis como un lazo social dinámico —en el sentido de Freud— que no puede solidificarse en un saber adquirido.
Descartes, entonces, supone que existen restos que se vuelven escorias, que existen juegos de lenguaje que deben descartarse en la ocasión: “Establezcamos únicamente que, de reducirlo a su verdad, ese tiempo consiste en hacer olvidar al paciente que se trata únicamente de palabras, pero esto no significa que el analista lo olvide a su vez”.7 ¿Qué hacer con el poder, el poder de sugestión del lenguaje, cuando se excluye la impotencia que conduce al ejercicio del poder? He aquí el trecho que va del dicho al hecho.

Descartes alude al discurso analítico, porque la transmisión de este discurso no va de por sí -—lo que puede constatarse en la desorientación de los encuentros entre analistas—.

Cuando una revista se llama “de psicoanálisis” y su índice incluye artículos sobre otras disciplinas, la imagen del predador surge y la metonimia del deseo se evidencia: “el ojalá sea —escribe Freud— se convierte en el ya es”. Pero su primera tópica es performativa —hace lo que dice—, la segunda tópica es imperativa —impone lo que escucha—.

Sobre este imperativo —cuando se lo llama categórico— es mucho lo que hay que demostrar. ¿No es lo que se impone, entre

los saberes mundanos, con la búsqueda de rigor que Jacques Lacan exigió para su enseñanza?

Descartes es también una pesadilla, ésa del ser como un conjunto vacío del pensamiento. Fue James Joyce quien exclamó “la historia es una pesadilla de la que quisiera despertar”

Despertar: esta palabra es el título de un artículo de Jacques-Alain Miller que muestra —para decirlo con palabras de Macedonio Fernández— que “no toda es vigilia la de los ojos abiertos”.


Las cuatro divisiones de la revista (Anudaciones, Saberes, Malestares, Imposiciones) aluden a los cuatro discursos formalizados por Jacques Lacan. Digamos, entonces, que este número es de intención, en tanto tiende a.

Descartes surge de otras experiencias —Los libros, Literal, Cuadernos S. Freud, Sinthoma, Otium Diagonal, Tyché— y se vectoriza en el Campo Freudiano donde otras publicaciones pasan revista al suceder del psicoanálisis en el mundo (Ornicar?, Analytica, Escansión, Wo es war, Razpol, Un altro Lacan, Lacan Study Notes, Annual, A Lacanian Orientation in Theoretical Studies, Falo, El analiticon, etcétera).(8)

Revistas de países y lenguas diferentes que se transmiten la enseñanza de Jacques Lacan en la red del Campo Freudiano que fundara en 1979 y que en la actualidad dirige Judith Miller.

La Fundación del Campo Freudiano es la eficacia de un significante, que impulsa mediante diferentes instancias un movimiento de contraexperiencia en una historia que había estado marcada por el “terror burocrático” (la expresión es de Eric Laurent) de la IPA.

Y, fuera de las políticas de los grupos que constituyen los nudos de esta red, ese significante tiene su gravedad: “Desde Newton —escribe Judith Miller—, hablamos de campo gravitacional, es decir, de un espacio regido por algo, en este caso por fuerzas que producen efectos indetenibles. Por estar en el campo gravitacional, estamos sometidos a la gravedad. Fuera de ese campo la gravedad no nos somete; dentro de él, caemos” (Analitica 6/7, Caracas, 1985).

“Lo gravísimo de nuestra época grave es que todavía no pensamos” —es la tesis de Martin Heidegger.

Falta saber cómo caerá Descartes en este campo de fuerzas vectoriales donde letter/litter, suspendiendo temores y esperanzas, está en el relámpago de la verdad.

Germán L. García
Buenos Aires, 27 de marzo de 1986

Referencias

1 “De la estructura como inmixing del prerrequisito de alteridad de cualquiera de los otros temas”. (En: Los lenguajes críticos y las ciencias del hombre. R. Macksey y E. Donato. Ed. Barral, 1972.)

2 Eric Laurent: “Grupo y discurso’, (En Concepciones de la cura en psicoanálisis, Ed. Manantial, 1984.)

3 Citado porB. Taylor Wilkins (¿Tiene la historia algún sentido?, Ed. FCE, 1983).

4 Curso de los miércoles en París.
5. 6. 7. “La dirección de la cura y los principios de su poder”
(En Escritos Ed. Siglo XXI)

8 Le champ freudien a travers le monde. (Textes recueillis par Judith Miller, Ed. Navarin,
1986.)

 

 
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